Ecuador y Colombia, narcotráfico y paramilitares
RAFAEL CORREA, que de hecho está actuando como presidente de Ecuador aunque recién asumirá el 15 de enero, asistió a las dos Cumbres de Cochabamba, Bolivia, se entrevistó durante dos días con Hugo Chávez en Venezuela. A esto, seguirá una reunión con Alvaro Uribe en Bogotá, para discutir el tema de la fumigación con glifosato en la frontera común. Al mismo tiempo el jefe de los paramilitares colombianos Salvatore Mancuso declara ante el fiscal Mario Iguarán sobre las masacres, secuestros y operaciones de narcotráfico acometidas por las Autode- fensas Unidas de Colombia (AUC). Veamos cómo se unen estas moscas por el rabo.
El glifosato y el Plan Colombia
El gobierno de Uribe ha reanudado la aspersión o fumigación con ese producto fabricado por la multinacional Monsanto, mediante aviones de combate proporcionados por Estados Unidos en los marcos del Plan Colombia, afectando vastas zonas del territorio colombiano plantadas con coca, que incluyen la región fronteriza con Ecuador y cuyos efectos se hacen sentir dentro de su territorio. Está comprobado que este compuesto, a la vez que destruye los plantíos de coca, afecta a otros cultivos lícitos de la región circundante, así como la salud de los seres humanos y de los animales. La base del planteo ecuatoriano es que su país no sea contaminado.
Las fumigaciones integran el plan de lucha antidrogas concertado por el gobierno colombiano con la Agencia Antidrogas norteamericana (Dea), en los marcos del Plan Colombia, que es mucho más vasto, con implicancias estratégicas en toda la región andina y por el cual el gobierno de Bush ha entregado ya a Colombia 3.700 millones de dólares desde el 2000. Claro está que los cultivos aumentan porque en el principal destino de la cocaína, que es Estados Unidos, existe un elevadísimo número de consumidores sin que el gobierno haga absolutamente nada por impedirlo. A la vez, las implicaciones militares del Plan Colombia han llevado a integrantes del ejército norteamericano (y a mercenarios contratados por sus agencias) a intervenir directamente en el conflicto interno de Colombia y en la lucha contra las Farc, teniendo como centro en la gran base de Tres Esquinas. Al mismo objetivo está consagrada la base norteamericana de Manta, ubicada en territorio ecuatoriano sobre el Pacífico, y desde allí parten aviones que sobrevuelan Ecuador e irrumpen en Colombia. Justamente, Correa se ha comprometido en su programa electoral (compromiso que reiteró posteriormente) a no renovar el contrato sobre la base de Manta, por razones de defensa de la soberanía nacional.
Los paramilitares y el gobierno colombiano
Pero hay más. El gobierno de Alvaro Uribe (reelecto) promue- ve desde el año pasado una ley llamada de Justicia y Paz cuyo objetivo declarado es el desarme de las bandas paramilitares AUC. Sobre el tema se ha hecho un enorme despliegue publicitario, nacional e internacional. Pero ahora estallan con tremenda contundencia las evidencias de los estrechos vínculos de estas bandas con el negociado gigantesco del narcotráfico, por una parte, y con las fuerzas que sostienen al gobierno de Uribe, sus senadores y los financiadores de la campaña electoral reeleccionista, por otra. Este escándalo ha conmovido a la sociedad colombiana. Bandas paramilitares, narcotráfico y buena parte del gobierno uribista conforman un amasijo único. En particular, ha quedado al desnudo el vínculo estrecho y directo de un grupo de senadores con las mafias de los narcotraficantes y los paramilitares, que además intervinieron directamente en la campaña electoral a favor de Uribe y de los parlamentarios que lo apoyan en determinadas regiones, al punto de que los «paracos» se jactaban de tener su propia bancada de legisladores. Directamente involucrado en estos menesteres estuvo un senador hermano de la canciller María Consuelo Araújo. La renuncia de ésta fue reclamada desde diversos ámbitos, pero Uribe la mantuvo en su cargo. Tuvieron una participación destacadísima en las denuncias una senadora liberal y el senador Gustavo Petro, del Polo Democrático Alternativo (PDA), que se perfila como el relevo de izquierda del corrupto régimen uribista.
Las declaraciones de Mancuso
Es en este cuadro que se produce las declaraciones de Salvatore Mancuso (que es jefe de las AUC desde que hicieron desaparecer a Carlos Castaño sin dejar huellas) ante el fiscal Mario Iguarán. Aclaremos que lo hace para salvar el pellejo y evitar la extradición a Estados Unidos. Allí va desfilando una larga lista de homicidios, masacres, secuestros y operativos de narcotráfico que, dicho sea de paso, muchas veces fueron atribuidos falsamente a las Farc. Hay mucho paño que cortar al respecto. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad