Guantánamo: muertos en vida
«Guantánamo trae imágenes de un hombre en overol anaranjado, de cabeza gacha y un soldado sosteniéndolo por la nuca, como un perro atado. A los animales se los trata mejor», dijo Zahra a IPS.
«¿Qué sentido tiene que hable con usted?», pregunta, mientras sus ojos se nublan. «Estoy cansada de decirle a los periodistas que mi padre es inocente. Hace tres años, en la primera conferencia de prensa, abrí mi corazón, pero eso no trajo a mi padre de regreso».
«Pienso que nadie nos puede ayudar, ni el gobierno ni el presidente Pervez Musharraf», volvió a lamentarse.
«Cuando los pakistaníes vendimos el alma y nos convertimos en aliados de Estados Unidos, perdimos todo poder de negociación», agregó Farhat Paracha, esposa de Saifullah Paracha y madre de Uzair Paracha. Ambos están presos en la base naval estadounidense en la bahía de Guantánamo, Cuba.
Pero Muneeza Paracha, su hija mayor, una graduada en administración de empresas de 24 años que mantuvo a flote el negocio familiar, se muestra más tranquila. «La situación, de algún modo, es diferente que en 2003″, evaluó.
«Creo que el gobierno de Bush está bajo inmensa presión para clausurar Guantánamo. Los medios hicieron mucho y todavía son sensibles a la difícil situación de los prisioneros, lo cual me genera muchas esperanzas», añadió.
Pero Muneeza no niega que la vida sin su padre ha sido dura.
Saifullah Paracha, exitoso empresario y filántropo de 60 años que residía en esta meridional ciudad portuaria pakistaní, está preso en la cárcel de Guantánamo desde setiembre de 2004.
Mientras se dirigía a una reunión empresarial en julio de 2003, fue capturado en el aeropuerto de Bangkok y conducido al celdario de la base aérea estadounidense en la localidad afgana de Bagram. Pasó 15 meses allí hasta que lo llevaron a Guantánamo.
Cuatro meses antes, Uzair Paracha, de 23 años, había sido arrestado por agentes de inteligencia cuando viajaba a Estados Unidos por negocios. Se le acusó de conspiración terrorista y presuntos vínculos con la red terrorista Al Qaeda.
Esta organización islamista, liderada por el magnate saudita Osama Bin Laden, es responsabilizada de los atentados que dejaron 3.000 muertos en Nueva York y Washington el 11 de setiembre de 2001.
«Mi esposo era una persona muy fuerte, pero el secuestro de Uzair lo quebró. Fue entonces que lo vi llorar por primera vez. Se sintió impotente por no poder ayudar a su hijo», relató Farhat.
«No sé si viviré para ver a mi hijo. Ésa es mi peor pesadilla. Lo condenaron a 30 años de cárcel», dijo Farhat, de 56, que sobrevive con antidepresivos y la llamada mensual de 15 minutos que le hace su hijo.
«Él era como cualquier joven de más de 20 años, con el mundo a sus pies y una novia. Ellos estaban desesperadamente enamorados y solamente aguardaban a que él terminara sus estudios. Ella se casó hace poco y no la culpo, porque no podía esperar eternamente», agregó, con la voz temblorosa.
Según ella, él engordó porque evita salir a hacer ejercicio, porque para eso se les exige desnudarse para un registro corporal. «Pasa mucho tiempo leyendo y también reza regularmente».
El único contacto de Farhat con su esposo desde julio de 2003 fue a través de su abogado o de correos electrónicos de algunas organizaciones de derechos humanos, además de cartas que son «breves garabatos apurados en el dorso de documentos de la Cruz Roja». *
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