Carrera de cocaleros

Metido entre sus cultivos cocaleros, a orillas del río que divide a Colombia y Ecuador, Javier repasa el plan para salvar la cosecha antes de que las avionetas de la Policía crucen envenenando las siembras, en una prueba contrarreloj con todas las apuestas en su contra.

«Debo apurarme, contratar obreros y sacar la segunda cosecha porque en una semana pasa la ‘fumiga», dice a la AFP este hombre de 45 años quien, sereno, calcula la pérdida que asoma tras el anuncio de Colombia de reanudar las aspersiones de plantíos ilegales en la frontera.

«Invertí nueve millones de pesos (unos 4.500 dólares) entre tierra y semillas, para ganar dos o tres veces más, pero por lo menos ahora espero recuperar una parte», agrega Javier Marroquín.

Este agricultor recuerda que un año atrás llegó a Teteye, en las riberas del río San Miguel, huyendo de las fumigaciones en Villa Garzón, en el departamento de Putumayo, donde su familia erradicó la coca y sembró pimienta persuadido por el gobierno.

«Pero luego, en otro arranque (del presidente Alvaro) Uribe, pasaron las avionetas envenenando con glifosato y acabaron con la pimienta que el mismo gobierno nos ayudó a sembrar», denuncia sin dejar de reparar en la incongruencia oficial.

Javier y su familia se trasladaron a las orillas del río San Miguel estimulados por el aviso de Uribe de que no fumigaría una franja de 10 km fronteriza con Ecuador y, aunque cree que el límite no se cumplió estrictamente, asegura haber sentido menos presión.

«Puede que las avionetas hayan pasado, pero no arrasaron. Nunca la fumigación daña todo los cultivos.

De cuatro hectáreas fumigadas con coca se salvan una, máximo dos», agrega. *

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