Entre cánticos y champaña, miles celebraron la muerte ayer de Augusto Pinochet
Los cánticos variaban entre los más de 3.000 chilenos munidos de globos de colores y pancartas, que a la vez lanzaban al aire trozos de papel picado, mientras agitaban cientos de banderas.
El ánimo se encendía más aún al paso de caravanas de vehículos que hacían sonar las bocinas, en escenas que recordaban a las manifestaciones durante la dictadura que Pinochet encabezó entre 1973 y 1990, avivadas con el popular cántico: «Y va a caer… y va a caer». Ahora tras conocer el deceso, los manifestantes entonaban abrazados: «Y ya cayó… y ya cayó».
Pinochet, murió ayer a los 91 años a una semana de sufrir un infarto al miocardio y un edema pulmonar.
«¡Se murió el tirano!», «¡murió el dictador!», «¡el que no salta es Pinochet!», cantaban, gritaban y brincaban los chilenos, que también lanzaban gruesos epítetos contra Lucía Hiriart, la viuda de Pinochet, que coincidentemente ayer cumplió 84 años de edad.
Desbordando el perímetro de la plaza, histórico epicentro de celebraciones deportivas y políticas, los jubilosos opositores al fallecido dictador se extendieron en una marcha hacia el poniente, al centro de la ciudad, a través de la Alameda, la principal arteria capitalina.
Otros grupos se congregaron frente a los jardines del palacio presidencial de La Moneda, en pleno centro de la ciudad.
«Esperé por años este momento. Para mí esto es muy importante», dijo emocionada a la AFP una de las manifestantes, que se declaró «hija de un comunista que estuvo preso durante la dictadura» iniciada tras el golpe de Estado que derrocó al presidente socialista Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973. Cerca de ella, dos holandesas fotografiaban profusamente a una mujer de unos 60 años que portaba una pancarta donde se leía «Directo al infierno por asesino y ladrón». «Acá mismo estuve bailando cuando ganó el ‘No'», explicó a la AFP la dueña del letrero, al recordar ese 5 de octubre de 1988 cuando esa opción se impuso sobre el ‘sí’ en el plebiscito que lanzó Pinochet con la intención de permanecer en el poder hasta 1997.
«Es como cuando ganó el No…¡Pero mejor!», comentó un hombre que se paseaba solo haciendo sonar un cascabel.
Sobre el tumulto – donde se confundían niños, jóvenes y adultos por igual – sobresalían banderas con el rostro de Allende, del guerrillero argentino Ernesto ‘Che’ Guevara, y también de Cuba, Brasil y Venezuela.
«A mí me da pena que el viejo se haya muerto», aseguró Adriana, una entusiasta mujer de poco más de 60 años que daba brincos y agitaba una bandera con frenesí, pese a su minerva en el cuello.
«Yo no quería que se muriera nunca, para que pagara», agregó la mujer, explicando que le hubiera gustado ser testigo de una condena por las más de 3.000 víctimas que dejó su régimen.
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