El bravo pueblo venezolano

Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire, de toda nuestra extensa latitud silenciosa,todo eleva tu nombre, padre, en nuestra morada: tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.¿Y cómo es la semilla de tu corazón muerto? Es roja la semilla de tu corazón vivo. Y mirando el Cuartel de la Montaña dijo: «Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo».

Pablo Neruda

 

Un canto para Bolívar

ESOS VERSOS recitados por Chávez desde el balcón de Miraflores en la medianoche del domingo bajo la lluvia que empapaba a la multitud, están junto al Nuevo canto de amor a Stalingrado al final de España en el corazón, que precede a su vez a esa gesta de América titulada Canto General. Las evocó no por azar en esa celebración desbordante de la victoria que significó su reelección como presidente por más de 61% de los votos.

 

Progresión constante de Chávez

Son cuatro las elecciones a las que se ha sometido Chávez desde 1998; cada una marca una progresión (en votos y en porcentaje) sobre la anterior, y culmina con una ventaja y una suma de votos inéditas en la historia de Venezuela. En la primera ocasión venció con 56,24% y 3.6 millones de votos. En la elección de 2000 renovó su mandato con 58% de los votos. En el referéndum revocatorio de 2004, que resultó confirmatorio, puso en juego su investidura y triunfó con 59% y 6 millones de votos. Ahora, según las últimas cifras conocidas, correspondientes al 78, 31% de los votos escrutados, gana por 61,35% contra 38,39% de Manuel Rosales, y con casi 6 millones de votos, por lo cual su votación total sobrepasará todas las anteriores y con una ventaja de 3 millones de votos sobre su contendor. El porcentaje se asemeja al de Lula contra Alckmin en la segunda vuelta (60,83% a 39,17%).

Cifras semejantes nunca se habían visto en las anteriores pugnas entre adecos y copeyanos, ambos desaparecidos virtualmente del escenario político, que se ha remodelado totalmente. Con dos particularidades adicionales: que Chávez ganó en los 23 estados, incluido el petrolero estado de Zulia donde Rosales era gobernador; y que en algunos sobrepasó el 75% de los votos.

 

Tranquilidad, convivencia, derrota de la abstención

Tampoco se vio nunca una elección con tal cantidad de observadores de todo el mundo, y todos sin excepción certificaron que la misma se desarrolló con la más absoluta calma, respeto de todas las normas y decidida voluntad de participación del pueblo, que llevó a la abstención más baja conocida (inferior a 24%). La gente hizo cola desde las 3 de la madrugada para sufragar, y se prorrogó el horario de determinados circuitos para que se expresaran quienes guardaban fila. El observador de la Unión Europea Willy Meyer definió la elección por los rasgos de paz, tranquilidad, convivencia y participación. Para la vicepresidenta del Parlamento español Isaura Navarro fue un ejemplo de ciudadanía y conducta cívica. Los mecanismos electrónicos funcionaron a la perfección, la auditoría en caliente de más de la mitad de las mesas, según la norma establecida, se cumplió con cero error. O sea: se dieron todas las garantías, con un sistema automatizado del que muchos, incluso del primer mundo, podrían aprender.

 

Integración, programas sociales, lucha contra la corrupción

La elección fue a la vez una victoria contra los poderosos medios y las desenfrenadas campañas mediáticas contra el presidente. También fue «una nueva derrota del Diablo», como designó Chávez a Bush, diciendo que «le dimos una lección de dignidad al imperialismo norteamericano» y que Venezuela se ha independizado para siempre, nunca será colonia. Esto aludía a las múltiples formas de intromisión del gobierno de Washington en Venezuela y su aliento a las fuerzas de la oposición.

Con nuestro continente, el mayor compromiso de Chávez es por la integración total de América Latina, lo que se proyecta a la II Cumbre Sudamericana de presidentes de estos días en Cochabamba, acompañada por la correlativa Cumbre social de los pueblos de América. En el plano interno las metas consisten en dotar de renovado impulso a los planes y a las misiones de educación y salud, por una educación gratuita y de calidad, planes de vivienda, lucha por la seguridad en las calles, por el respeto pleno a los derechos humanos, por la igualdad, la libertad, la justicia. Con un subrayado especial se planteó la lucha contra el burocratismo y la corrupción. Todo ello en un plano de afirmación de la democracia, del republicanismo bolivariano democrático, en el cual invitó a participar a todos los sectores de la vida nacional, y en la perspectiva de lo que denominó el socialismo del siglo XXI: bolivariano, cristiano e indigenista. En síntesis: un mundo mejor es posible, pluripolar y con respeto a los DDHH, y en su seno una América Latina mejor, con soberanía de los pueblos e independencia de las naciones.

 

Una feliz coincidencia

En momentos en que el pueblo gente festejaba, con las puertas del Palacio de Miraflores abiertas de par en par, en el país que lleva el nombre de Bolívar el presidente Evo Morales (que días pasados puso el cúmplase a la ley agraria) promulgaba la ley que consolida la nacionalización de la riqueza hidrocarburífica, en el último eslabón de la nacionalización de mayo que permitió recuperar el gas de manos de las transnacionales. Quedaron así legalizados y constitucionalizados por primera vez, subrayó Evo, 44 contratos con empresas extranjeras, que antes se regían por contratos «chutos», como se dice en Bolivia. Anticipó que se continuará con la nacionalización de otros recursos naturales. El proceso sigue adelante.

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