El ex dictador sigue hospitalizado y aún corre riesgo de vida

Pinochet sigue internado, muy grave pero estable

«El general sigue con riesgo vital», dijo Vergara, al comentar el cuarto y último boletín médico entregado a las 10H00 locales (13H00 GMT) de este lunes.

En cuatro puntos, el parte describe que «la evolución del paciente ha sido satisfactoria, dentro de su condición de gravedad, que aún se mantiene», mientras que Vergara precisó que la salud del ex dictador era «estable» aunque no era posible «cambiar la condición de crítico antes de 48 horas».

Tras llegar de urgencia la madrugada del domingo al Hospital Militar, afectado por un infarto al corazón y un edema pulmonar agudo, Pinochet fue sometido a un procedimiento de angioplastia para revascularizar el miocardio y despejar la irrigación sanguínea.

La preocupación que se deriva del tema de salud de Pinochet fue mitigada este lunes por una buena noticia para él: la Corte de Apelaciones de Santiago lo liberó bajo fianza del arresto domiciliario que hace una semana ordenó el juez Víctor Montiglio, por dos víctimas de la «Caravana de la muerte».

El tribunal confirmó una decisión anterior del magistrado y fijó una caución de unos 1.800 dólares.

Según relató el doctor Vergara, en su primera noche en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Militar Pinochet durmió bien, aunque se le notaba «agotado» y «cansado».

«Pasó la noche bien, durmió y estuvo controlado por los médicos y las enfermeras», dijo el médico.

Ningún familiar lo acompañó durante la noche, aunque una decena de partidarios instaló carpas en las afueras del recinto para acompañarlo en su peor crisis de salud de los últimos años.

«Fuerza general», rezaba un enorme cartel que los simpatizantes instalaron en el frontis del hospital, ubicado en la comuna de Providencia, en el este de Santiago, junto a un improvisado altar con una figura de la Virgen María.

En el lugar se mantenían también apostados una veintena de periodistas, fotógrafos y camarógrafos, que montaron guardia durante toda la noche.

El primero en llegar al hospital a visitar a Pinochet fue el general retirado Luis Cortes Villa, presidente de la fundación que lleva el nombre del ex dictador.

También aparecieron por el lugar algunos políticos de la derecha opositora, como los diputados Maximiano Erráruriz e Iván Moreira, unos de los pocos que en estos últimos años no le han dado la espalda al ex dictador, y el arzobispo de Santiago, cardenal Francisco Javier Errázuriz.

El actual jefe del Ejército, general Oscar Izurieta, visitó el domingo al anciano militar y este lunes se reunió en el palacio presidencial de La Moneda con la presidenta Michelle Bachelet, quien aparece complicada por el tipo de ceremonia fúnebre que se le organizaría a Pinochet en caso de que no supere su crisis de salud.

La complicación surge frente a la alternativa de realizar o no un funeral de Estado, que implicaría decretar tres días de duelo oficial, izar la bandera nacional a media asta en edificios públicos y suspender los espectáculos y actividades masivas. Cuando era candidata, Bachelet confesó que le «violentaría» encabezar una ceremonia de Estado en honor a Pinochet y en agosto pasado reafirmó sus dichos.

«Desde el punto de vista de ceremonias oficiales, francamente a mí me violentaría tremendamente hacer una cosa de esa naturaleza», dijo Bachelet, que sufrió en carne propia los rigores de la dictadura que por 17 años encabezó Pinochet, cuando en enero de 1975 fue detenida junto a su madre, Angela Jeria, en el centro de reclusión clandestino de Villa Grimaldi en Santiago.

Meses antes su padre, el general de aviación Alberto Bachelet, murió en prisión víctima de las torturas a las que fue sometido por sus compañeros de armas, que lo acusaron de traición a la patria por mantener su lealtad al derrocado mandatario socialista Salvador Allende. *

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