Un banquero de izquierda quiere ser alcalde porteño

Scioli en el esquema de Cristina

Ese fue el peor momento político para Kirchner y el pico del aura opositora que no consiguió sacar provecho de lo ocurrido. Vayamos por partes.

Scioli no es un hombre con historia en el progresismo y sin ningún vínculo con el «setentismo», o sea, ese barniz que cubre al kirchnerismo con la épica y la utopía que el Presidente reivindica. Además, siempre fue sospechado de ser canal de las posturas de los empresarios fuertes, y por ello fue retado en más de una ocasión. Al elegirlo Kirchner para la gran tarea de ganar el primer estado argentino que cobija al 38% de electores del país, muestra que es tan pragmático como su vicepresidente que pasó sin solución de continuidad por los gobiernos de Carlos Menem y Eduardo Duhalde. Este último lo colocó en el sidecar de Kirchner para las presidenciales de 2003.

El territorio que Scioli anhelaba era la Capital Federal donde tiene, como en la provincia de Buenos Aires una imagen positiva elevada. Como no es bonaerense ni nacido ni residente (lo fue en su adolescencia), cuando deba inscribirse como candidato a gobernador, recibirá, recibe ya, chicanas de la oposición. El distrito porteño sigue siendo una incógnita y Kirchner momentáneamente no tiene con quien conquiste la jefatura del gobierno. En todos los distritos para fortalecer a Cristina, el Presidente requiere de candidatos fuertes.

Scioli vendría a cubrir esa necesidad. No tenía candidato fuerte para enfrentar sin sustos a Mauricio Macri el líder del centro-derecha con aliados del mismo color pero inestables. En el horizonte está el referente de la inseguridad que postula «tolerancia cero», aunque ello implique violar la carta magna, Juan Carlos Blumberg, Los dos «miden bien» y el territorio en disputa está sacudido por el delito. No por casualidad que Kirchner, en un caso reciente de la excarcelación de un delincuente famoso, creyó prudente pedir por el cumplimiento de las penas de los delincuentes. Pero al beneficiado lo cubre la ley.

Dicen que Kirchner repite que no lo molesten con su reelección. Es que todavía lo de la senadora y ese futuro para el Presidente son visto como un globo de ensayo.

 

Desorientar al adversario

Las variantes puestas en circulación provocaron desorientación entre los armadores de coaliciones opositoras, sobre todo la de centro-derecha. En esa veta, todo sigue en veremos, con muchos movimientos, ruidos y escasas nueces. Macri y Roberto Lavagna que no definen que harán el año que viene, chillan porque el oficialismo no da a conocer ahora sus candidatos, esperando que se ratifique lo de la senadora nacional. Uno y otro supone que la dama atrae menos que el señor para presidente de los argentinos, un enigma con los datos de ahora. A la desorientación se sumó el lanzamiento de Scioli para la provincia que puede definir todo.

El ex ministro de economía dio un paso más en dirección a su candidatura presidencial al difundir urbi et orbi su programa de gobierno, muy similar, en economía, a la que se aplica ahora y del que Lavagna fue en gran parte su mentor. Otro paso ha sido la elección del nuevo titular de la Unión Cívica Radical, Gerardo Morales, un lavagnista. En rigor, Morales reemplaza a Roberto Iglesias que había sido el elegido por la Convención Nacional del partido. Iglesias no quiso atar a la UCR a Lavagna. Su salida desorientó al ex ministro, pero su programa define, en principio, alianzas, y ello facilitó la elección de Morales.

Pero a la vez, mantiene latente la crisis dentro del partido. Amén del sector que quiere acompañar a Kirchner, son la mayoría de los gobernadores, un ala, que encabeza la secretaria general, Margarita Stolbizer, no acepta a Lavagna y quiere que se lo avale con una votación. Ella insiste que la UCR busque una alianza con los socialistas, si es posible el ARI, de Elisa Carrió y movimientos sociales.

Lavagna está avisado que con solo la UCR no alcanza. Tiene al duhaldismo residual que es una fila de fantasmas. Y sabe que el socialismo, como se lo prometió Raúl Alfonsín, no lo desea como aliado: los debe buscar en el espacio de centro-derecha. Pero para los radicales, Macri no es digerible; el mismo Lavagna tiene en lo personal, escaso respeto intelectual por el presidente de Boca Juniors. Es un puzzle, difícil de armar, una ventaja más para Kirchner.

 

Un enigma porteño

Y hay más. Ricardo López Murphy, el inestable aliado de Macri en la coalición Pro, ni quiere a Lavagna que para él es como Kirchner, ni al gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, que se ve como candidato presidencial. Blumberg, por ahora un enigma (hay quien le llena la cabeza que en Washington y en el Vaticano lo quisieran como presidente), pero está claro que no será candidato del radicalismo y por ahora Lavagna lo tiene lejos.

Regresemos a Kirchner. No tiene como ganarle en Santa Fe al socialista Hermes Binner más ahora que el ARI le dio su respaldo incondicional y que la UCR «bajó» a su hombre para la vicegobernación por no llenar las condiciones que pide el ex alcalde. Los dos pretendientes kirchneristas en ese distrito, el ex canciller Rafael Bielsa y el titular del bloque de diputados nacionales no parecen ser rivales. En el kirchnerismo hay quien sueña con un acuerdo con Binner, hoy detestado por la dirección nacional del PS.

El presidente tampoco tiene candidato en la Capital Federal. La salida de Scioli deja un vacío difícil de llenar en términos electorales. Kirchner no quiere que siga en el gobierno Jorge Telerman, quien está dispuesto a ir con una propia coalición donde tiene como ladero importante al socialismo local y socios que vienen de varios sectores. El nombre del ministro de educación, Daniel Filmus, ya rueda como el hombre del Presidente, pero puede haber sorpresas..

Es interesante que el banquero cooperativista, Carlos Heller se haya lanzado con fuerza por dirigir la Ciudad con una coalición progresista. Él sería el ideal para los socialistas, por caso, pero ya se ve que los porteños de esa cepa están en otra cosa. El secretario general del comunismo, Patricio Etchegaray, ha negado que Heller reviste en sus filas, lo que más parece una manera de no jugarse por una estrategia que, mirando bien, quien acompaña muy de cerca al banquero puede tener un vínculo con la Rosada. O, al menos, es lo que quisieran el diputado nacional Miguel Bonasso o el ex jefe de gobierno Aníbal Ibarra del espacio kirchnerista y los más cercanos en estos días al referente del cooperativismo. Heller, que ahora se define como de izquierda independiente, busca ser autónomo, ni pro Kirchner ni anti. Busca aliados que compensen a Bonasso e Ibarra. *

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