Sin novendad en el frente… de Darfur

El escritor alemán Erich María Remarque escribió en 1929 su famosa novela antibélica «Sin novedad en el frente», en la que describía las miserias y el horror cotidiano de la guerra de trincheras durante la Primera Guerra Mundial. Su título aludía a los días de rutina, en los que no había grandes batallas ni acontecimientos trascendentes que pudieran tener gravitación sobre el resultado de las hostilidades, pero que eran desastrosos y trágicos para la gente común.

Un escritor africano podría escribir hoy una nueva novela inspirada en Remarque pero centrada en los horrores de Dafur. Conviene dar algunos detalles acerca del conflicto en esa región africana.

Darfur es una provincia en el oeste de Sudán. Es un territorio semiárido, de las dimensiones de Francia, en el que se plantea desde hace años un conflicto entre agricultores negros africanos y pastores árabes. En 2003, rebeldes negros ansiosos de obtener una mayor autonomía del poder central atacaron posiciones gubernamentales. El gobierno central de Khartum, dominado por árabes fundamentalistas islámicos, respondió con una ofensiva brutal, que dejó más de 200.000 muertos, obligó a exilarse en Chad a otros 200.000 y desplazó a dos millones de personas de sus hogares. Las tropas del gobierno actuaron en connivencia con grupos irregulares llamados los «Janjaweed», a quienes se responsabiliza de las mayores barbaridades : ejecuciones sumarias de aldeanos, violaciones sistemáticas de mujeres, y el cautiverio de niños y niñas, separados de su familia y enviados como esclavos domésticos o sexuales al norte.

Actualmente la Unión Africana tiene en Sudán una fuerza de paz de 7.000 hombres, pero ésta ha demostrado ser ineficaz y no ha podido detener la violencia ni solucionar el problema de la manutención de los refugiados. A comienzos de este año se celebró un precario acuerdo de paz, que solo fue aceptado por uno de los grupos rebeldes. El gobierno se comprometió a desarmar a las guerrillas del Janjaweed, pero en los hechos esta promesa no se ha cumplido. Las Naciones Unidas resolvieron enviar una fuerza de 20.000 para tratar de detener las hostilidades, pero esta resolución no pudo cumplirse por la oposición del gobierno de Sudán.

Por otra parte, las relaciones entre las organizaciones de ayuda humanitaria con el gobierno sudanés se han tensado y el funcionario jefe de la ayuda humanitaria de las Naciones Unidas, Jan Egeland, denunció ante el Consejo de Seguridad que las autoridades de Khartum obstaculizan el envío de ayuda a Khartum, atacan a las aldeas y arman a las milicias que siguen con sus ataques brutales contra los civiles. Según Egeland ahora son cuatro millones de personas las que necesitan ayuda de emergencia en comparación con un millón hace un año.

La guerra amenaza con extenderse a Tchad. En una correspondencia desde Dakar, Lydia Polgreen del «New York Times» informó el 14 de noviembre que al menos 220 personas fueron muertas y decenas fueron heridas por grupos de árabes armados, venidos del otro lado de la frontera sudanesa. Otras barbaridades de las milicias apoyadas por el gobierno de Sudán ha sido minuciosamente documentadas en los medios de comunicación internacionales. Por ejemplo, en un programa de la BBC de Londres el 17 de octubre pasado, un ex miliciano Janjaweed reveló con lujo de detalles la complicidad de las milicias con el gobierno sudanés y la colaboración con la aviación que arrasaba las aldeas antes de que entraran los grupos armados montados en caballos y en camellos y tiraban a matar a hombres, mujeres y niños.

El diario argentino «Clarín» anunció el 26 de noviembre que el fiscal argentino Luis Moreno Ocampo se apresta a presentar una acusación de crímenes contra la humanidad contra el gobierno de Sudán ante el Tribunal de La Haya el próximo 12 de diciembre.

Pero las reacciones de las organizaciones internacionales no parecen preocupar demasiado al gobierno de Khartum. Según informó el corresponsal de la BBC de Londres en Khartum, Jonah Fisher, el 28 de noviembre, el jefe de gobierno sudanés Omar al-Bashir volvió a rechazar la presencia de tropas de las Naciones Unidas, argumentando que significa ni más ni menos que el «retorno del colonialismo» a Sudán. Bashir minimizó la crisis, aunque admitió que hay un problema y que existen refugiados y desplazados. Asimismó criticó la amplia operación de ayuda alimentaria a los refugiados, calificándola de «industria».

Pero la más indignante de sus declaraciones se refiere al número de víctimas. Para él nunca hubo más de 9.000 muertos.

Es decir, los otros 190.000 cadáveres son fantasmas, nunca existieron. Por lo demás, sus escandalosas declaraciones no despertaron mayores reacciones, ni en Occidente ni en el mundo musulmán. En un mundo regido por indignaciones selectivas, unas inofensivas caricaturas del profeta Mahoma pueden provocar una crisis mundial, pero el asesinato de miles de africanos étnicos musulmanes por parte de árabes musulmanes, no parece molestar a nadie. *

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