El futuro de la política externa
Dentro del gobierno, en rigor, no lo amaban. El estilo confrontativo de D’Elía y sus posiciones radicalizadas lo hacían un funcionario molesto. Pero, a través de él Kirchner desató algunas tormentas, como su enfrentamiento con Eduardo Duhalde. Ahora el ex subsecretario salió al ruedo a denunciar que Washington y Tel Aviv están detrás del fiscal de la causa AMIA, que ha pedido extradiciones a Irán de un ex presidente y varios funcionarios. En esto, no fue el avanzado del Presidente.
Pareciera que D’Elía ha querido decir que teme un giro pro norteamericano con el aval presidencial al fiscal Alberto Nisman. Veremos. Lo cierto es que Kirchner y su esposa habían dado garantías a norteamericanos y a la comunidad judía de allí y de acá, que no pondría trabas al trabajo de Nisman, quien acusó a Irán por la voladura de la mutual AMIA en 1994, que dejó 85 muertos.
No solo D’Elía sino muchos que conocen el expediente como el diputado radical Federico Storani sostienen que éste se armó sobre la base de informaciones del Mossad y de la CIA y que la verdad está tan lejos como en el primer día de la tragedia.
Pero Kirchner había decidido un curso de acción y a quien no le gustaba, se iría. Así son las cosas en cualquier administración no caótica.
Sin embargo, los amigos de D’Elía juran que un documento del Movimiento de Tierra y Vivienda (MTV), que lidera, y acotado a ese sector, tenía luz verde de la Rosada. Y dicen además que no es verdad que en un almuerzo con el embajador de Venezuela se haya decidido que D’Elía en persona fuera a la Embajada de Irán a entregar ese documento de la discordia. ¿Por qué el funcionario fue igual a ver a los persas a su morada conociendo que eso desafiaba al Presidente?
En la oposición están convencidos de que ha sido por consejo de Hugo Chávez, su aliado. Con todo, en la Cancillería aseguran que Caracas no estaba últimamente en buenas migas con el ex piquetero, pero por aquello que hoja con verde parra, quedó instalada la idea que el coronel del Caribe operó en la circunstancia.
Kirchner, Lula y Chávez
Antes aún se comentaba que Kirchner, a diferencia de su principal aliado regional, Lula, no había dicho ni una palabra a favor de la reelección del coronel, como lo había sí hecho con el brasileño y antes con Evo Morales, Michelle Bachelet o Tabaré Vázquez. ¿Lo hará para frenar los comentarios ya que el silencio se interpreta como gesto hacia Washington? Lo real es que Cristina Fernández en setiembre estuvo en Nueva York y no solamente dio seguridades a la comunidad judía que se apoyaba al fiscal Nisman sino que explicó que las relaciones con Venezuela son las de un Estado con otro, y que por ello se lo respalda para que ingrese al Mercosur y se hacen grandes negocios de común beneficio. Pero en política externa, no debería computarse como aprobatorias las que Caracas tiene con Teherán. Lo mismo le dijo el influyente ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, el nexo oficial con Chávez, al flamante embajador de EEUU, Earl Anthony Wyne.
Haciendo su trabajo, Wyne estuvo en las primeras planas de los diarios en un raíd de visitas a los ministros claves. Trajo mensajes por inversiones, de recuperación de influencia norteamericana, de restablecimiento del clima tras la cumbre de Mar del Plata pero sobre todo reforzar «la lucha contra el terrorismo» como si la administración Bush no fuera vista por cualquier hombre sensato como el mayor peligro para la paz internacional. Aunque las formas diplomáticas prohíban utilizar esa crudeza. Y avaló la actitud judicial-gubernamental ante Irán.
A Lula no parece importarle lo que hace Chávez, o sabe que Irán es parte de la propia controversia venezolana con EEUU, amén de buen socio comercial. Capitales iraníes instalaron una fábrica de maquinaria agrícola en Venezuela, que no quisieron negociar empresarios argentinos.
En la Cancillería aseguran que las relaciones bilaterales con Venezuela siguen óptimas como lo exhibe el nuevo bono que Argentina colocó en Caracas, los avances en los trámites para el ingreso al Mercosur y la agenda económica bilateral. Pero que hay matices en política externa los hay, y se supone que es el mayor peso en las definiciones por parte de la burocracia del Palacio San Martín.
Con todo, las posiciones que tenía el MTV en el gobierno se conservarán y a D’Elía lo reemplazará uno de los suyos en ese movimiento. Kirchner no lo quiere perder como aliado. Y no quiere nuevos enojos en Sudamérica.
Avanza el frente de la derecha
Hay otra lectura a lo ocurrido: sería otra secuela del efecto Misiones, donde Kirchner sintió la fruta amarga de la derrota por eso de la reelección del gobernador, su ex amigo. Desde entonces busca evitar que contradicciones internas con ruido molesten a sectores medios. O todo lo que huela a reelección no va más. Incluso vetó a su hombre en el Consejo de la Magistratura, Miguel Picheto; deseaba nuevo turno para la titularidad del cuerpo que decide qué jueces se designan, quiénes se van.
Kirchner leyó bien el mensaje de las urnas misioneras y busca recuperar la iniciativa. Pero no hay demasiada consecuencia en exhibir voluntad para mejorar la calidad institucional. Por lo pronto, sus leales hundieron en el Parlamento todo viso de retomar la reforma política: se anuló la obligatoriedad de que los candidatos se eligieran en internas abiertas simultáneas, nada se hace por darle luz al gasto de las campañas electorales.
En sectores de la oposición comienzan a ocurrir novedades. Tanto el ex ministro Roberto Lavagna como el empresario Mauricio Macri, están dando pasos para un acuerdo «programático», que debería concluir en otro electoral.
Si este curso no se derrumba, Lavagna iría como pretendiente a la presidencia a pelear con Cristina o Néstor Kirchner y el titular de Boca Juniors por el gobierno porteño ¿o en la provincia de Buenos Aires?
De hecho la Unión Cívica Radical queda a merced de esos eventuales convenios y ya hizo crisis: su titular, Roberto Iglesias renunció dejando al partido sumido en otro debate interno, interminable.
Raúl Alfonsín, que pergeño la candidatura de Lavagna, había descartado a Macri; ahora no puede, son los suyos los que quedarán deslucidos. Más aún, a pesar de sus problemas internos, Macri aparece como el bastonero de una coalición anti Kirchner.
Lavagna no ha dado el sí de candidato pero actúa como tal. Sabe que si no tiene una basa de respaldo como la del radicalismo, puede quedar a merced de la derecha.
Es que con Macri pueden venir personas como Juan Carlos Blumberg, el emergente social de «tolerancia cero».
El ex ministro necesita contrapesos.
No lo encontrará como pensó en el socialismo y hay una UCR deteriorada y fracturada. A ver si el sueño que tenía de liderar el «centro-democrático» no acaba en otra variante conservadora. *
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