Manifestaciones en Buenos Aires ayer y hoy, reclamando su "aparición con vida"

Hace dos meses que no se sabe nada del albañil Julio López

Hace justamente dos meses, López era esperado para oír los fundamentos de la condena a su represor en los años del terror. El hoy anciano había estado secuestrado en uno de los campos de concentración de la provincia de Buenos Aires que mandaba el general Ramón Canps, un auténtico carnicero y su mano derecha era Etchecolatz. Allí el comisario torturó a López, militante peronista.

López salió de su casa pero no llegó a la sede del tribunal donde lo aguardaban compañeros de cautiverio. La búsqueda inmediata fue inútil. Poco ayudó la actitud de la familia del damnificado que supuso que pudo haberse extraviado o buscado refugio en lo de un amigo. El rastrillaje por todos los lugares incluso en un paraje de la provincia de La Pampa donde además se abrieron fosas en busca de su cuerpo, no dieron resultado alguno.

Se escucharon en aquel día de la lectura de los fundamentos de la condena del ex comisario, palabras amenazantes por parte de Etchecolatz. Compañeros de cautiverio denunciaron la existencia de un comunicado de un comando desconocido anunciando que a López se lo había fusilado. Pero la existencia del documento no fue confirmada.

Sin embargo la hipótesis de un secuestro seguido inmediatamente de muerte y ocultamiento del cadáver en algún sitio inaccesible o bajo capas de cemento, está en la creencia de algunos pesquisas. Sería el mensaje más cruel sobre la sociedad, las autoridades y sobre todo, esa fila de testigos que deberían dar testimonio en pocos meses cuando se inicien los juicios orales y públicos en causas donde están encartadas figuras como la de Jorge Videla, y de ahí para abajo, acaso un millar, incluidos personajes del recuerdo horrible como el ex capital naval Alfredo Astiz.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, puso precio a la información que actualmente es de unos 130 mil dólares. Solá sospechó que López era «el primer desaparecido en democracia», una definición que no agradó a Néstor Kirchner. «Desaparecido» supone un Estado terrorista que, obviamente, no es el actual. Pero el testigo está desaparecido, con cualquiera de las implicancias que cada sector quiera darle.

La izquierda extraparlamentaria ha acusado al gobierno nacional, que debe ser el guardián de la libertad de todos los ciudadanos. Esa actitud de fuerte contenido opositor que es el de los partidos de prosapia leninista que componen ese espacio, los ha llevado a enfrentamientos con organizaciones de derechos humanos, sobre todo con Abuelas de Plaza de Mayo, que apoyan la política de Derechos Humanos de Kirchner.

Ayer en La Plata, la ciudad del juicio, que es donde vive la familia López, conoció otra jornada de manifestaciones de protesta a pesar de los problemas climáticos. Hoy se hará una nueva marcha hacia Plaza de Mayo con la vieja consiga «aparición con vida».

Se escucharon en las últimas horas manifestaciones de altos funcionarios como el ministro del Interior, Aníbal Fernández, de redoblar los esfuerzos, de juramento de que no habrá descanso alguno en la búsqueda. Todo aquel con responsabilidad oficial repitió lo mismo. ¿Qué poder puede impedir la voluntad de un pueblo en encontrar a uno de los suyos? ¿Desde dónde se siguen amenazando a jueces, fiscales, ex detenidos? *

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