El llamado de Michael Moore
MICHAEL MOORE es un formidable cineasta norteamericano que ha venido desarrollando una intensísima campaña de concientización contra el gobierno de Bush y en particular contra la guerra de Irak. Ha empleado para ello todos los recursos: sus películas, notablemente agudas y que apuntan al corazón del tema, una movilización sostenida llevando su palabra a todo el país y escritos removedores difundidos por las vías modernas. A esta última categoría pertenece un breve escrito que está recorriendo Estados Unidos y se dirige de modo específico a quienes hicieron posible con su voto la victoria demócrata en las elecciones del 7 de noviembre.
La primero que destaca en ese texto que conocimos gracias a Bitácora es la magnitud de la derrota que una clara mayoría de ciudadanos norteamericanos le infligió al gobierno de Bush y a los sostenedores de la guerra de Irak. Lo señala enfáticamente desde el comienzo: «Â¡Lo hicieron! ¡Lo hicimos! Lo imposible sucedió. Una mayoría de norteamericanos ha removido sólida y convincentemente al partido de Bush del control de la Cámara de Representantes, y los republicanos también han sido expulsados, milagrosamente, de la dirección del Senado de Estados Unidos. Esto sucedió porque el pueblo estadounidense quería dejar dos cosas claras como el agua: terminar esta guerra y evitar que Bush haga más daño a este país que amamos. De eso se trató en esta elección. De nada más. Sólo eso. Y es un mensaje que ha conmocionado a Washington, y ha enviado un mensaje de esperanza alrededor de este mundo aquejado de problemas».
Llama sobre esa base a tomarse por lo menos un día para festejar la victoria, y dice sentirse orgulloso de la gran corriente de norteamericanos que se ha ido estructurando en torno a convicciones comunes y se unificaron en las urnas. Recuerda en ese sentido las grandes manifestaciones que se desplegaron en febrero de 2003, tratando de impedir la guerra antes de que se desencadenara (la invasión, violando la resolución de la ONU y todas las normas internacionales, se descerrajó en marzo de ese año). A esa altura poco más del 10% de la población, a lo sumo el 20%, comprendía la justeza de esa causa. «¿Se acuerdan lo solitario que fue eso?», pregunta Moore. Muchos de los manifestantes eran abucheados por la gente. En esa campaña hay que incluir las acciones del propio cineasta, entrevistando a los legisladores en las puertas del Congreso y por otras vías. Pasaron tres años de esfuerzos sin tregua. ¿Y ahora? «Ahora el 60% del país está de acuerdo con nuestra posición. Ellos son nosotros y nosotros somos ellos. Qué sentimiento agradable, extraño y esperanzador».
Moore anota una serie de elementos nuevos y sumamente positivos en esta elección. Por primera vez en la historia de Estados Unidos una mujer, demócrata, será la presidenta de la Cámara de Representantes. El intento de prohibir todo intento de aborto en el estado conservador de Dakota del Sur fracasó. Se aprobaron leyes para aumentar el salario mínimo en una serie de estados. Pero destaca además que la elección fue una victoria contra la corrupción. En ese sentido es paradigmático que se eligieran demócratas para ocupar las bancas de Tom DeLay y Mark DeLay, afectados por escándalos de corrupción en vasta escala.
Este fue uno de los temas que más golpeó al gobierno de Bush a lo largo de la campaña electoral. Tom DeLay debió renunciar a su banca cuando se probaron sus negociados con la industria farmacéutica, al haber impulsado la votación de leyes que aseguraban altos precios a los medicamentos. Estaba confabulado con Jack Abramoff, desenmascarado a su vez por maniobras financieras para la adquisición de cruceros en Miami. Y a propósito: en esas manipulaciones estaba implicada la mafia anticubana de Miami, integrada por los congresistas Ileana Ros-Lehtinen y los hermanos Lincoln y Mario Díaz-Balart, quienes se forraban los bolsillos y a la vez apoyaban la guerra y clamaban por la invasión a Cuba. Todo se junta.
Ahora bien: el mensaje de Moore no es en modo alguno conformista. Llama a mantener en alto la movilización y a reclamar en alta voz a los demócratas y en particular a sus congresistas electos, que batallen por hacer realidad las promesas electorales. «Díganles, de forma clara escribe- qué significó la elección: el fin de la guerra y no dejar que George W. Bush se salga con la suya». Esto es absolutamente imprescindible porque el presidente (que ahora está en Vietnam, lo que también es un símbolo de las derrotas del imperio) maniobra en todas direcciones para evitar que se cumpla el claro mandato de las urnas. Ya lo veremos. *
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