La primera dama de Estados Unidos se presenta por Nueva York

Hillary candidata al senado

El presidente Bill Clinton y su hija Chelsea acompanaron a Hillary en el acto de presenteación de su candidatura, que tuvo lugar en la Universidad de Nueva York.

Es la primera vez en la historia de Estados Unidos que la mujer de un presidente se presenta para un cargo de esta índole. «La batalla será ruda, pero eso no me preocupa sobremanera», confesó la primera dama al anunciar su candidatura.

Una afirmación muy fundada para esta neoyorkina de adopción, nacida en Chicago, arraigada en Arkansas y residente en Washington desde hace siete anos, visto que es superada en los sondeos de opinión por el alcalde de Nueva York, el republicano Rudolph Giuliani.

A los 52 anos de edad, la mitad de ellos pasados junto a un esposo con fama de mujeriego, Hillary vio otros problemas. Conoció el oprobio y la humillación, y aprendió a fortalecer su espíritu.

A tal punto que impresionó a una buena parte de los estadounidenses y fue promovida por el célebre comentarista neoyorkino Art Buchwald al rango de «personalidad política más excitante del ano».

«Tiene un encanto loco (…) Es capaz de cautivar a todo el mundo», senaló recientemente Buchwald.

Sin embargo, los judíos republicanos de Nueva York no le perdonan su silencio ante Suha Arafat, esposa del presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, que acusó a Israel de utilizar gases envenenados contra los palestinos.

Más allá de la notoriedad inherente a su estatuto de primera dama de Estados Unidos, Hillary Clinton, cuya madre, Dorothy, sostenía que «nació adulta», logró crear un personaje que genera curiosidad.

No menos de cinco libros sobre ella fueron publicados recientemente en Estados Unidos, uno de ellos escrito por Carl Berstein, enemigo acérrimo de Richard Nixon.

«Ella se transformó en una fuente de inspiración para todo tipo de personas», explica el editor Calvert Morgan, quien va a publicar el libro de Peggy Noonan «The Case against Hillary Clinton» («El caso contra Hillary Clinton»).

Tras el apoyo casi ciego que brindó a su marido en lo más álgido de la tormenta levantada por el caso Monica Lewinski –una ex becaria de la Casa Blanca con la cual el presidente norteamericano tuvo un lance amoroso–, muchos se preguntan si representa el arquetipo de la mujer moderna, o el ejemplo a no seguir.

Para unos, la «verdadera» Hillary está muda por una sed de poder que sobrepasa largamente a la de su marido.

Para otros, es una mujer valiente que supo enfrentar la adversidad.

Su ‘chic’ discreto, sus pantalones amplios, que prefiere cada vez más al clásico vestido, sus peinados menos vistosos de su peluquera francesa, sus discursos apasionados aprendidos de memoria, hicieron desaparecer su imagen de intelectual feminista, que había asustado a la opinión pública.

La abogada de honorarios exorbitantes, madre de una joven de 19 anos, Chelsea, metodista practicante, impone los temas de educación y protección social, muy importantes para los estadounidenses, y al mismo tiempo hace olvidar el fracaso de su reforma del sistema médico y el escándalo inmobiliario Whitewater.

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