OPINION INTERNACIONAL

La victoria del FSLN

CON LOS DATOS (aún parciales) de que disponemos al escribir estas líneas, la ventaja del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) para consagrar presidente a Daniel Ortega en la primera vuelta parece indescontable. Se sitúa por encima del 40% y sobrepasa a Eduardo Montealegre, de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN, separado del oficialismo) por más del cinco por ciento. Detrás viene el gubernista Partido Liberal Constitucionalista, con José Rizo, seguido por el Movimiento Renovador Sandinista con Edmundo Jarquín (que nuclea numerosos disidentes con el actual giro del sandinismo), con un porcentaje menor al que aparecía en las en cuestas previas. Por último Edén Pastora, el reciclado ex Comandante Cero, tiene una votación mínima. Los sandinistas festejan en toda Nicaragua.

 

El retorno del sandinismo

El FSLN triunfó con la revolución del 19 de julio de 1979 derribando la sangrienta tiranía de Somoza, del clan de los asesinos del héroe de la lucha antiimperialista y liberadora de América Latina, Augusto César Sandino. Dos días antes el tirano se había tomado los vientos, como Batista en vísperas del huracán purificador del 1º de enero de 1959 en Cuba. En marzo se habían unificado las tres corrientes internas del sandinismo. La ofensiva final combinó la huelga general, la insurrección popular, la lucha armada y una intensa actividad diplomática en el exterior. Se constituyó una Junta de Gobierno y se nacionalizaron las tierras y las empresas industriales de la familia Somoza. Un lúcido dirigente político escribía entonces: «Nicaragua hace pensar que el triunfo sobre las dictaduras fascistas y las tiranías más sangrientas, aparentemente sólidas e inconmovibles, depende cada vez más, en nuestra época, de la decisión de combatirlas por todos los medios , y que el arma primordial de la victoria es la unidad y convergencia de todos sus adversarios, unidad capaz de desplegar en amplitud y profundidad las inconmensurables energías del gigante popular» (Rodney Arismendi, Primavera popular en Nicaragua). Decía además que se estaban viviendo en América Latina «horas de tormenta e impulso» (Sturm und Drang en la expresión alemana). Revivía desde Nicaragua el espíritu de Sandino, aquél que había cantado Pablo Neruda en el Canto General: «Después Sandino atravesó la selva/ y despeñó su pólvora sagrada/ contra marinerías bandoleras/ en Nueva York crecidas y pagadas/ ardió la tierra, resonó el follaje/ el yanqui no esperó lo que pasaba».

Reagan anunció desde comienzos de los 80 su propósito de destruir a la revolución sandinista y de armar a la contra, e impuso un embargo contra Nicaragua. En toda América Latina se expresó entonces por múltiples vías la solidaridad con Nicaragua, como antes con Cuba. Fue uno de los hechos más notables de ese período, a nivel continental. En esas condiciones se llega a las elecciones de noviembre de 1984, con pluralidad de partidos (7). EL FSLN gana con 67% de los votos, con la fórmula de Daniel Ortega y de Sergio Ramírez como vicepresidente. Pero en las elecciones de febrero 1990 la situación se revierte. Vence Violeta Barrios viuda de Pedro Joaquín Chamorro, al frente de la oposición agrupada en la Unión Nacional Opositora (UNO), con una promesa de pacificación del país, en un cuadro de tensión agudizada por una virtual guerra civil. El sandinismo es derrotado en la elección siguiente por Arnoldo Alemán (1996) y en la última por Enrique Bolaños. Ahora retorna al gobierno.

 

La derrota del imperio

El resultado electoral consagra una derrota del imperio en toda la línea. El gobierno de Bush se jugó entero y por los métodos más agresivos a la derrota del sandinismo. Movió todas sus fichas en esa dirección a lo largo de la campaña electoral. Apareció en escena el teniente coronel Oliver North, que fuera consejero de seguridad nacional de Reagan y artífice del operativo Irán-contras por el cual EEUU le vendía subrepticiamente armas a Irán, pero parte del producido de las ventas iba a parar a la contra nicaragüense, en guerra abierta contra el gobierno sandinista. En ese operativo intervino directamente John D. Negroponte, a la sazón embajador de EEUU en Honduras y desde ese territorio operaba para armar y organizar los destacamentos de la contra. Tras haber sido embajador de EEUU en la ONU, hoy es el jefe de el gigantesco aparato de espionaje del gobierno de Bush, que opera en EEUU y en el mundo. Oliver North llegó a Managua para llamar ostensiblemente a votar contra Daniel Ortega, y lo mismo hizo sin rubores, hablando un español pedregoso, el embajador USA en Managua, Paul Trivelli.

Una de las cartas jugadas desde el gobierno de Washington consistió en amenazar públicamente, por parte de senadores y voceros del gobierno, de que EEUU impediría el envío de remesas a Nicaragua por parte de sus nacionales en el exterior en caso de que triunfara Ortega. Era un elemento de presión sumamente importante, por el peso que han adquirido dichas remesas en la economía de los países y las familias receptoras. De paso sea dicho, el tema obtuvo atención preferente en la Cumbre Iberoamericana que acaba de efectuarse en Montevideo.

 

El giro a la izquierda

La victoria sandinista confirma el giro a la izquierda en América Latina. Se suma a la resonante votación que consagró la reelección de Lula. Por otra parte, en el entorno de la Cumbre de nuestra capital pudimos calibrar la significación del triunfo de Evo Morales en Bolivia. Y como culminación de un año caracterizado por avances de los pueblos nos aguarda la victoria de Chávez en Venezuela. *

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