Las diferentes visiones de Lula y Alckmin

Política externa en campaña electoral

La agenda diplomática es uno de los pocos asuntos en los que Lula, del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), y su adversario socialdemócrata Geraldo Alckmin exponen divergencias tangibles, de cara a la elección del próximo domingo.

La izquierda, desorientada por la política económica ortodoxa de Lula, recuperó banderas con iniciativas como el G-20 de países emergentes que luchan contra los subsidios agrícolas de los países ricos. También se identificó con la búsqueda de una integración sudamericana, contrapuesta al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsada por Estados Unidos.

Ese activismo internacional, que sacó a la diplomacia brasileña de su tradicional reserva, la llevó también a las trincheras electorales.

El canciller Celso Amorim acompaña a Lula a mítines, en tanto que el asesor de política exterior de Lula, Marco Aurelio Garcia, se convirtió en jefe de su campaña y en presidente interino del PT, que el mes pasado fue decapitado a causa de denuncias de corrupción.

«Apoyo un proyecto nacional con el cual me identifico, y con el cual se identifican muchas personas de mi generación que vieron sus ideales amputados por la dictadura (1964-85) y después por un exceso de neoliberalismo», dijo el martes Amorim, que ya había sido canciller de Itamar Franco (1993-94).

En los debates televisivos, Alckmin acusó a Lula de haber sido «sumiso» cuando el Ejército boliviano ocupó las instalaciones de Petrobras, en mayo pasado, tras la nacionalización decretada por el presidente Evo Morales.

Lula instó a Alckmin a «valorizar la política exterior, para no ser como los que piensan que deberíamos pegarle a Bolivia, pegarle a Venezuela, pegarle a Argentina, y que sólo podemos aceptar lo que Estados Unidos quiera».

Morales ratificó el lunes que el plazo dado a las petroleras extranjeras para negociar su permanencia en Bolivia vencía el próximo sábado, es decir, la víspera de la elección presidencial brasileña.

Marco Aurelio Garcia dijo que Brasil «no acepta ultimatos» y que «si no se llega a un acuerdo, Petrobras se retirará de Bolivia» y recurrirá a tribunales internacionales si no obtiene indemnización.

Amorim advirtió que «Brasil no quiere radicalizar el asunto, lo cual sólo serviría a los radicales de uno y otro lado».

El ministro criticó a quienes preconizan endurecer la posición ante Bolivia. «Siempre es fácil ser truculento con los débiles y sumiso con los fuertes», señaló.

Alckmin sostiene que con Lula la diplomacia brasileña «perdió en todos los terrenos», en referencia a las frustradas tentativas de ocupar las directorías de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de obtener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad, en el marco de una reforma de la ONU.

Lula afirma que el G-20 transmutó la dinámica de la OMC y reivindica la expansión de las exportaciones brasileñas, que se duplicaron desde que llegó al poder en 2003.

Alckmin afirma que Brasil se está quedando aislado de la dinámica de acuerdos comerciales firmados por Estados Unidos con otros países de la región, ante el estancamiento del ALCA.

«Perdimos dos veces: perdimos el mercado norteamericano, que es el más abierto del mundo y al cual le vendemos productos manufacturados, que son de valor agregado (…), y perdimos con nuestros vecinos», sostuvo. *

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