Opinion internacional

La ley terrorista

BUSH acaba de reconocer que la guerra en Irak se está pareciendo a la de Vietnam, pero agregó que sus fuerzas militares no se retirarán del país, donde tienen por lo menos 140 mil hombres, y el jefe del Estado Mayor en el terreno Peter Schoomaker dijo que están preparados para conservar el mismo número de combatientes hasta 2010. Nada menos, cuando el clamor general en Estados Unidos es que las tropas vuelvan a casa de inmediato, sobre todo porque el número de soldados muertos está alcanzando niveles máximos.

 

Como en Vietnam

El reconocimiento de Bush, al que hasta ahora se había negado, retrotrae el fantasma de Vietnam en varios aspectos. Uno, por las bajas de las tropas norteamericanas, que en 18 días de octubre se contabilizaron en 67 y van camino de superar el récord mensual de abril (76). El martes fue particularmente sangriento, al perecer diez soldados en distintos frentes. Se ha sacado la cuenta, ateniéndose a las cifras del Pentágono, que el número de soldados norteamericanos muertos (2.776 hasta el miércoles 18) equivale prácticamente a los caídos en el desplome de las Torres Gemelas el 11 de setiembre de 2001. En segundo lugar, al igual que durante la guerra de Vietnam ahora se extiende y amplifica el movimiento de resistencia a la guerra en los mismos Estados Unidos, en muy variadas formas, y ello le puede costar caro a los republicanos en las elecciones legislativas de mitad de mandato, el 7 de noviembre.

La declaración del presidente se produce pocas horas después de que promulgara un paquete de leyes que, bajo el marbete de la lucha antiterrorista, fueron sancionadas por el Senado en su última sesión antes del receso, el viernes 29 de setiembre. En esa misma sesión se aprobó además, después de meses de discusiones pour la galerie, la construcción de un muro y de vallas (que en parte ya están erigidos) a lo largo de más de 1.200 kilómetros de la frontera con México. La American Civil Liberties Union (ACLU), una organización defensora de derechos civiles, declaró en un comunicado que «la nueva ley es una de las peores medidas en materia de libertades civiles promulgadas en la historia estadounidense» y lo explicita en estos términos: «El presidente puede ahora retener indefinidamente gente sin cargos, elimina protecciones contra abusos horribles, lleva a juicio a personas en base a rumores, autoriza juicios que pueden llevar a gente sentenciada a la pena de muerte en base a testimonios de testigos extraídos por la fuerza y cierra las puertas de los tribunales a los pedidos de hábeas corpus». En efecto: la ley faculta a la CIA a continuar con los interrogatorios secretos y el uso del recurso de la tortura.

 

De terror

Esto es lo que ha venido haciendo, por otra parte, como se ha demostrado hasta la saciedad, en Abu Ghraib y en Guantánamo, así como en la prisiones secretas de distintos países en varios continentes, cuya existencia fue ocultada  con la complicidad de los países de la Unión Europea  y ahora está plenamente documentado. El texto concede a Bush el poder de interpretación de las convenciones de Ginebra y demás normas internacionales sobre los presos. Hasta ahora lo hacía al margen de la ley, y ahora se pretende que estas actitudes están legalizadas.

Pero hay más. La propia Corte Suprema de los EEUU estableció que Bush había sobrepasado sus facultades e infringido las mencionadas Convenciones de Ginebra al establecer tribunales de guerra para los sospechosos. La ley promulgada es una respuesta directa a la Corte, ya que autoriza dichos tribunales militares contra su opinión. Esto demuestra a los extremos a que se ha llegado. Sobre esa base se podrá enviar a juicio ante tribunales militares a cientos de reclusos mantenidos en Guantánamo desde hace años, ninguno de los cuales ha sido sometido a juicio alguno y, por el contrario, ha sido víctima de torturas aberrantes. De más está decir que los presos carecen de defensor y están privados de todo recurso legal para protestar por las condiciones de su reclusión.

El día señalado Bush visitó el Senado para urgir la aprobación de la ley que fue votada por los republicanos y varios demócratas (65 contra 34). Un periodista especializado dice que «la ley otorga un tipo de amnistía para posibles crímenes de guerra cometidos por el personal norteamericano mediante torturas, encarcelamiento clandestino, desapariciones y otros». Con esta precisión: en adelante, «qué es o no tortura lo define el presidente, y además es secreto».

 

Terrorismo potenciado

The New York Times escribió que «nuestra democracia es la gran perdedora» con esta «ley tiránica». Le Monde Diplomatique titula su última edición: «La guerra antiterrorista potencia el terrorismo». *

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