Un "papable" celebró misa en tierra de Mao

El francés Roger Etchegaray, un cardenal católico que para muchos es «papable», celebró ayer por primera vez en 51 años de régimen comunista una misa en una iglesia china y en presencia de unos pocos invitados.

El cardenal Etchegaray, de 78 años, presidente del organismo pontificio Cor Unum (la caridad del Papa) celebró ayer una misa en Shangai.

Al rito, que se ofició en latín, asistieron pocos invitados: algunos sacerdotes y el obispo de Shangai, Aloisio Jin Luxian, de la Asociación Católica Patriótica, controlada por el Partido Comunista, informaron a ANSA funcionarios locales. Etchegaray, a quien en algunos ambientes periodísticos se menciona como «papable», llegó a Pekín el 13 de setiembre en visita privada para participar en un simposio organizado junto a la Academia de Ciencias Sociales, pero desde el sábado es huésped de la Asociación Católica.

El purpurado celebró la misa en la basílica mariana Nuestra Madre Misericordiosa de Seshan, antiguo lugar de peregrinación, unos 40 kilómetros al sudoeste de la ciudad.

Después de oficiar la celebración, el cardenal pronunció un discurso ante los 87 seminaristas del cercano seminario, abierto en 1982.

Si bien en el pasado algunos sacerdotes enviados por el Vaticano habían celebrado misas ésta es la primera vez que un purpurado oficia el rito en China.

Etchegaray se entrevistó el sábado en Pekín con el obispo Michele Fu Tieshan y, antes de partir el lunes hacia Shangai, con el director de la Oficina de asuntos religiosos del Consejo de estado Ye Xiaowen.

Antes de que el cardenal partiera desde Roma el vocero vaticano Joaquín Navarro Valls afirmó que la visita no tenía carácter diplomático y que los eventuales contactos «no deben ser interpretados como un reconocimiento de las estructuras eclesiásticas existentes».

China y el Vaticano no mantienen relaciones diplomáticas y la Iglesia china (la «patriótica», ya que la otra es clandestina) ordena en forma autónoma su clero.

El diálogo entre la Santa Sede y China quedó suspendido tras la ordenación de cinco obispos el 6 de enero en Pekín, en forma simultánea a la consagración de obispos en Roma.

El Vaticano reaccionó con dureza y, ante el estupor del Partido comunista, la ordenación desencadenó por primera vez en 50 años una verdadera rebelión dentro de la Iglesia oficial.

Algunos sacerdotes rechazaron la consagración porque no estaba aprobada por el Papa y los seminaristas de Pekín en señal de protesta no asistieron a la ceremonia.

La Iglesia oficial parece haber aprovechado al vuelo la ocasión ofrecida por Etchegaray para pretender una especie de reconocimiento.

Por otra parte el gobierno manifestó su irritación por la proclamación de 120 mártires de China que el Papa anunciará el 1 de octubre, en coincidencia con el 51 aniversario de la fundación de la República Popular China.

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