Piden desde una radio a millones de dólares como rescate

Colombia: industria del secuestro florece

Unos 50 rebeldes del pro cubano Ejército de Liberación Nacional (ELN), armados con fusiles y en trajes de combate, tomaron a los rehenes tras irrumpir en restaurantes y fincas de recreo en una carretera en el suroeste de Colombia, frecuentada por familias los fines de semana.

Para el martes, 25 de esas personas, incluida una estadounidense, habían sido liberadas. Se trata, sin embargo, del plagio masivo más espectacular desde que el ELN secuestró en mayo de 1999 a 160 feligreses en una iglesia de la ciudad de Cali.

Según la Defensoría del Pueblo, 2.945 personas fueron secuestrados en 1999 –un promedio de ocho al día– en este país andino de 40 millones de habitantes, azotado por un largo y sangriento conflicto armado. En el primer semestre de 2000, el número de secuestrados fue de 1.559, incluidos 127 niños. Sin embargo, las cifras reales podrían ser muy superiores, ya que según fuentes de seguridad y de organismos que luchan contra el secuestro, muchos plagios no son denunciados por temor de los familiares de los rehenes a que éstos sean ejecutados.

Fuentes del grupo de elite de la policía antisecuestro, Gaula, atribuyen más del 85 por ciento de los secuestros a grupos rebeldes como el ELN y al más numeroso, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que utilizan el cobro de rescates millonarios para financiar su campaña militar contra el Estado. El resto es atribuido a grupos de criminales comunes. El Departamento de Estado de Estados Unidos advirtió a sus ciudadanos, en un comunicado difundido el año pasado, que «el riesgo de ser secuestrado en Colombia es mayor que en cualquier otro país del mundo».

«Colombia es un país secuestrado», dijo a Reuters Alfonso Manrique, director de la fundación País Libre, basado en Bogotá. Manrique estuvo secuestrado durante 18 meses por las FARC antes de unirse a País Libre. Según cifras de la fundación, en los años de 1960 y 1970, el número de secuestros en Colombia no pasaba de los 50. Pero con el recrudecimiento del conflicto armado interno y la aparición del narcotráfico a gran escala a finales de los años 80 la cifra se disparó hasta los 3.000 actuales como promedio, dijo Manrique.

Hoy en día, aseguró Manrique, los captores piden como rescate desde una radio o unas pilas hasta 48 millones de dólares, por la liberación de un empresario. La expresión «pesca milagrosa» –o retenes que la guerrilla establece sorpresivamente en las carreteras del país para sus secuestros– ha entrado a formar parte del vocabulario popular en Colombia. Un 10 por ciento de los secuestrados, afirmó Manrique, muere durante el cautiverio, la mayoría en condiciones infrahumanas, en campamentos ocultos en las agrestes montañas andinas o en las selvas de Colombia.

Expertos en la lucha antisecuestros afirman que los rebeldes han trasladado recientemente su campaña de extorsión desde apartadas zonas rurales hasta los barrios más lujosos de la capital, en un intento por traer «la guerra a la ciudad».

Muchos bogotanos de clase media y alta han dejado de ir a sus fincas de provincia durante el fin de semana, por miedo a ser secuestrados.

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