Cruces entre Kirchner y el cardenal
El caso es acertar si se trata de choques entre dos personalidades muy fuertes o si están confrontando proyectos políticos distintos.
La persistencia con que el Presidente fustiga la actuación de los obispos en los años de plomo no responde solo a ese estilo de confrontación que caracteriza a Kirchner. El Presidente piensa que a Bergoglio no le apetece su política sobre derechos humanos, particularmente que la menee con frecuencia en sus discursos donde casi siempre fustiga a los obispos del pasado.
De hecho la insistencia presidencial impulsa los procesos contra sus violadores. Este proceso ha llegado a un punto crucial tanto por la condena a reclusión perpetua contra el represor Miguel Etchecolatz, la desaparición hace casi tres semanas de uno de los testigos claves, Jorge Julio López, como el recrudecimiento de la actividad ultra derechista.
Los mensajes del cardenal a favor de la reconciliación no son inocentes. Tienen una lectura a favor del olvido, que preferiría eludir los juicios orales. No es casual que un mensaje de Bergoglio haya sido leído, y ovacionado, en el mitin que el pasado jueves concretaron organizaciones motorizadas por militares retirados bajo la consigna por una «generosa amnistía».
Esa es la meta de los jurásicos rechazada por el gobierno o por la multitud que el viernes último cubrió Plaza de Mayo para reclamar por López. Pero entronca con la mirada de muchos obispos y también de sectores de la dirigencia política de centro-derecha que hoy no dirán nada de nada.
El gran forcejeo tiene lugar estas semanas en la provincia de Misiones donde el obispo Joaquín Piña, con el abierto respaldo de Bergoglio, construyó una coalición que quiere impedir que la elección de constituyentes del próximo 29, le otorgue la mayoría al kirchnerista Carlos Rovira que busca la modificación de la carta magna que le permita poder competir por su reelección, que la actual no avala.
Y que pueda repetir el intento cuantas veces quiera.
Kirchner de hecho ha nacionalizado esa elección con su apoyo abierto a Rovira y Bergoglio en cierto modo surge como el rival a derrotar por su respaldo a Piña y a las declaraciones muy duras de otros obispos contra el Presidente.
Bergoglio, ¿sin apoyo del Vaticano?
Hay señales de disgusto del Vaticano que habría transmitido el Nuncio donde temen que la Iglesia pueda ser vencida en una puja electoral. A Piña le aceptaron su pedido de jubilación y Benedicto XVI lo reemplazó por un ultraconservador, sin que sus superiores conocieran la jugada, Bergoglio incluido. Su relación con Roma parece que pasa un momento confuso y ello, paradójicamente favorece a Kirchner que con el Vaticano sigue con litigios pendientes.
Conviene destacar que la reelección indefinida no es ilegal si se reforma la carta magna provincial, pero tiene tufillo a inmoral.
¿Por qué Bergoglio asume esa postura política que podría convertir a la Iglesia en el eje de una articulación de una oposición que no tiene fibra hoy día para presentarse como alternativa? El cardenal y sus obispos o parte de ellos, parecen convencidos que Kirchner va camino a quedarse largo tiempo en el poder, y Misiones es un test, y que llevará en algún momento al debate la cuestión del aborto. Esto es hoy dudoso, aunque el gobierno desanduvo los compromisos de Carlos Menem de apoyar al Vaticano en los foros internacionales.
La aprobación parlamentaria, abrumadora, de una ley obligando a la educación sexual desde la niñez ha sido reprobada por los religiosos. Quedó sola la Iglesia como hace pocas semanas cuando perdió una batalla ante la opinión pública al motorizar sabotear el aborto para dos jóvenes discapacitadas que habían sido violadas.
Eran casos previsto por el Código Penal.
En este sentido, el desafío de Bergoglio al Presidente no encuentra a la Iglesia en su mejor momento. Es probable que Kirchner haya captado esa distancia y por ello crea que no es impopular recordarle a los religiosos cual ha sido su papel en el pasado.
Puede que el Presidente este pecando de autosuficiencia. No se observa una política para desarmar, sin confrontación, esa posible articulación opositora que desde Gobierno creen ver como centro al cardenal que pudo ser Papa.
Kirchner tiene siempre un blanco en su mira. Una semana es algún periodista, otra puede ser algún empresario con el que de todos modos, negociará. O los radicales. Son demasiados frentes a la vez. Algunos analistas creen que de esta manera el Presidente a pesar de su popularidad, puede quedar aislado de sectores de la sociedad que hoy están fracturados, pero en el futuro, quien sabe.
Como influye Brasil en Argentina
No es improbable que quienes han puesto en movimiento la campaña para amnistiar a los represores, crean que en algún momento la consigna ganará espacio si Kirchner se debilita. En esta materia, el Presidente debería articular una política de Estado que cierre cualquier posibilidad de retroceso. Y eso obliga a hacer política de otro estilo. Hay que ser justo: los partidos opositores han tomado el caso López como algo ajeno, salvo excepciones.
El balotaje en Brasil es un tema que se instaló en el gobierno y oposición. Kirchner está convencido que Lula ganará el segundo turno pero es consciente que una derrota, le modifica lo sustancial del contexto externo. Brasil con un gobierno de derechas más un México en esa misma dirección dañará la construcción del espacio sudamericano de autonomía..
En la oposición creen que Brasil demuestra que los errores de un Presidente pudieron forzar un segundo turno y tanto los de Pro (la entente entre Mauricio Macri y Ricardo López Murphy) como los radicales imaginan que el caso puede repetirse aquí.
A pesar que no hay buenas las noticias. Por lo pronto el titular del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, Roberto Iglesias, ha dado un paso a favor de una candidatura autónoma y distanciándose del ex ministro de economía, Roberto Lavagna. Si lo ha hecho para presionarlo al presunto pretendiente que si tiene el fervoroso apoyo de Raúl Alfonsín o efectivamente se desligan, se verá. «La candidatura agoniza», dice un fino analista de lo que ocurre en el radicalismo.
Hoy esta rezagado en encuestas respecto de Mauricio Macri si es que este se decide por pelear por la presidencia. El titular de Boca duda si ir por el gran trofeo o por la jefatura del gobierno porteño, donde tendría chance.
Significativamente, Macri mide bien, según el gobierno, en la provincia de Buenos Aires, así como su socio López Murphy tiene buena imagen en la Capital Federal. Si los dos se tientan por esos distritos, carecerían de un buen pretendiente para la Rosada. Eso quiere ser el gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, aliado de Macri, enemigo de López Murphy. ¿Podría ser Lavagna, entonces? ¿Es esa la articulación que en oficialismo sospechan está en manos del cardenal Bergoglio? ¿Es una obsesión con base? Veremos. *
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