El periodista Bob Woodward, en State of Denial, sostiene que Donald Rumsfeld tiene enemigos en la Casa Blanca y revela los entretelones de la administración Bush

"No me retiraré (de Irak) ni aunque Laura y Barney (su esposa y su perro) sean los únicos que me apoyen"

Woodward, uno de los dos periodistas que con la investigación del caso Watergate derribaran a un presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, apunta claramente al secretario de Defensa, Rumsfeld, de 74 años, como el máximo responsable de la guerra en Irak, y subraya que todos los intentos de sacarlo del Pentágono han sido infructuosos.

El libro sale a luz, cuando la oposición demócrata ha incrementado los pedidos de dimisión de Rumsfeld, el hombre que condujo a Estados Unidos a dos guerras y la polémica ocupación en Irak.

 

Demócratas y republicanos

«No podemos reorganizar las Fuerzas Armadas si no se le quita del puesto», dijo el representante demócrata Neil Abercrombie. Incluso para el representante republicano Chris Shays, Rumsfeld, se «ha extralimitado».

«Creo que debe renunciar», dijo el moderado Shays. A estas voces se le suman la de algunos generales, que también han criticado la política militar de su país tras la invasión al país árabe.

Ya en 2004 el entorno del presidente Bush, reclamaba la dimisión de uno de los hombres de más confianza de la administración republicana, sostiene el polémico libro.

«Había una gran diferencia entre lo que la Casa Blanca y el Pentágono sabían de la situación en Irak y lo que decían públicamente», afirma Woodward.

Los optimistas discursos de Bush sobre la marcha de la sangrienta posguerra iraquí, y las posibilidades de la instalación de una democracia en el país árabe para su estabilización, son el centro de la crítica del reconocido periodista del Washington Post.

 

Divergencias entre la Casa Blanca y el Pentágono

En 576 páginas, Woodward, sostiene que el presidente Bush selecciona los mensajes sobre Irak, ignorando los que son negativos.

Revela el libro que el secretario de Defensa, está al margen del día a día de la violenta posguerra, y tan enfrentado a Condoleezza Rice, que no le devuelve las llamadas de teléfono hasta que no le obliga Bush.

Entre los que intentaron sin éxito que Bush cesara a Rumsfeld está la secretaria de Estado Rice, quien al parecer se lo pidió al presidente en varias ocasiones desde 2004.

«Eso es ridículo», se defendió Rice luego de la salida a la venta de los 750.000 ejemplares, que ya alcanzaron el primer lugar en las listas de ventas.

El ex jefe del gabinete presidencial, Andrew Card, quien intentó dos veces que Bush relevara a Rumsfeld y pusiera al frente del Pentágono al moderado James Baker, ex secretario de Estado bajo el mandato de Bush padre, tampoco tuvo éxito.

Según el libro, recogido por The Washington Post, «Card tuvo el apoyo del entonces secretario de Estado, Colin Powell, la sucesora de éste, Rice quien se desempeñaba como asesora de seguridad nacional y de Stephen Hadley -quien ahora ocupa el cargo de Rice- y del asesor presidencial Michael Gerson», precisó.

Hasta la propia Laura Bush intentó influir en su esposo, diciéndole que Rumsfeld era «un lastre» para su gobierno.
Pero, según Woodward, el presidente le respondió a todos con esta contundente respuesta: «No me retiraré (de Irak) ni aunque Laura y Barney (su esposa y su perro) sean los únicos que me apoyen».

El vicepresidente Dick Cheney y el asesor de Bush Karl Rove intercedieron en todo momento por Rumsfeld y el presidente estadounidense decidió no separarlo del puesto, dijo Woodward.

 

Los consejos de Kissinger

El libro también revela que el otrora poderoso Henry Kissinger estuvo en la Casa Blanca para aconsejarle a Bush que su experiencia en la guerra de Vietnam, donde Estados Unidos acabó retirándose, le aconsejaba «aguantar hasta el final».

«Una influencia muy poderosa e invisible –revela el periodista en el libro– en la política de Bush sobre Irak fue la del ex secretario de Estado Kissinger. Kissinger veía en Irak una situación inestable que le recordaba cada vez más a la guerra de Vietnam. Y la principal lección tenía que ser la victoria, no ceder ni un milímetro».

En todo momento tras conocerse el contenido del ensayo, Rumsfeld rechazó las críticas en su contra y subrayó una y otra vez que no piensa renunciar y que cuenta con el apoyo del presidente.

El asesor presidencial Dan Bartlett confirmó que el presidente tenía «plena confianza» en su secretario de Defensa.

Bartlett rechazó también la versión de Woodward de que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) advirtió dos meses antes de los ataques del 11 de setiembre de 2001 a la entonces asesora de seguridad nacional, Rice, la necesidad de actuar contra Osama Bin Laden, porque éste podría estar preparando un ataque contra Estados Unidos.

 

Bush confía en Rumsfeld

El secretario de Defensa estadounidense, Rumsfeld, tiene un sentido muy marcado de la burocracia, y posee una larga experiencia en el gobierno y los negocios.

Precoz en política, colaborador del presidente Gerald Ford (1974-1977), este rico industrial fue convocado en enero del 2001 por George W. Bush para instalar un sistema de defensa antimisiles.

«Don y yo hemos establecido tres metas claras para guiar la política norteamericana de defensa. Primero, fortalecer el lazo de confianza entre el pueblo norteamericano y quienes llevan el uniforme de la nación. Les daremos las herramientas que necesitan y el respeto que se merecen. Segundo, trabajaremos en la defensa de nuestro pueblo y de nuestros aliados contra las crecientes amenazas, las amenazas con misiles, guerra con información, las amenazas con las armas biológicas, químicas y nucleares. Hemos de confrontar las nuevas amenazas del nuevo siglo. Tercero, comenzar a crear la fuerza militar del futuro, una que aproveche plenamente las nuevas tecnologías revolucionarias. Hemos de promover la paz redefiniendo la manera en que se combatirá en las guerras», dijo el jefe de la Casa Blanca.

Para Bush, «se trata de un hombre con enorme criterio, con una visión poderosas, y un gran secretario de Defensa».

«Nadie ha tratado de engañar a nadie sobre Irak», recalcó el portavoz de Bush, Tony Snow.

Dan Bartlett, consejero de la Casa Blanca, arremetió y acusó a Woodward de vengarse del presidente porque Bush no le concedió una entrevista.

State of Denial, se trata de la tercera obra de Woodward -el reportero que con Carl Bernstein reveló la trama de Watergate- sobre la presidencia de Bush y la más hostil al presidente, que ni siquiera habló con el autor para este libro, a diferencia de los dos anteriores, La Guerra de Bush y Plan de Ataque.

El libro puso a la defensiva a la Casa Blanca, la peor posición ante las próximas elecciones legislativas, mientras los demócratas ya utilizan el libro como arma electoral.

Republicanos y demócratas se apresuran a reforzar sus posiciones en torno de una guerra que provoca hastío y rencor crecientes en el electorado, según indican los sondeos.

Las elecciones, en las que están en juego las 435 bancas de la Cámara de Representantes y 33 de los 100 escaños del Senado, podrían arrebatar a los republicanos el control del Congreso. *

 

Sondeo

La revista Time publica un sondeo según el cual, entre los votantes registrados, 54% dijo que era más probable que sufragara por los demócratas y 39% por los republicanos. Time señaló que el voto probable por los demócratas había subido 11 puntos desde una encuesta similar en junio.

Un sondeo de USA Today/Gallup en seis estados clave indica que los demócratas podrían asumir el control del Senado en la elección, debido a que había crecido el número de bancas republicanas que los demócratas podían arrebatar.

 

Guerra

A un mes de las elecciones legislativ
as en Estados Unidos, la guerra en Irak es la preocupación número uno de los electores norteamericanos.

«Irak pasó a ser el tema central de las elecciones de mitad de mandato (presidencial)», indicaron los investigadores del Pew Research Center, que realizó el estudio.

Al pedírseles que mencionaran los temas que consideraban más importantes de cara a las elecciones, 51% de las personas consultadas respondió el deterioro de la situación en Irak. La amenaza terrorista obtuvo el segundo lugar (37%) y la situación económica el tercer puesto (35%).

Hasta el momento, el escándalo sexual que implica a un ex legislador republicano parece tener poco impacto entre los electores. Antes de que estallara el caso, el 51% de los encuestados apoyaba a los demócratas y el 38% a los republicanos. Luego de la dimisión el viernes del legislador implicado, la diferencia se mantiene casi igual en el sondeo del Pew Center.

El estudio indica igualmente que el 58% de los estadounidenses estima que la situación empeora en Irak, mientras que el 47% afirma que la guerra perjudicó más que ayudó al combate contra el terrorismo. Sólo el 37% de los estadounidenses dice aprobar la política de su presidente mientras que el 63% se declara insatisfecho de la gestión de George W. Bush. Un 39% de personas interrogadas dice que su sufragio en noviembre será un voto «contra» Bush. *

Rumsfeld

Donald Henry Rumsfeld, hijo de un piloto de la Armada, nació en Chicago en 1932.

En su juventud fue campeón de lucha libre además de capitán de un equipo de fútbol americano y se licenció en ciencias políticas en la Universidad de Princeton.

Terminados sus estudios se alistó en la US Navy en 1954 y allí sería piloto de cazas durante tres años.

En 1957 llegó por primera vez a Washington como asistente administrativo de un congresista y en 1962, a la edad de treinta años, él mismo fue elegido congresista republicano por el distrito de la zona de North Shore, en Illinois.

Sería la primera de cuatro legislaturas en el Congreso, siendo reelegido en 1964, 1966 y 1968.

En 1973 fue nombrado por el presidente Richard Nixon como embajador de Estados Unidos ante la OTAN. En 1975 fue nombrado secretario de Defensa hasta 1977. Colaboró con la administración de Ronald Reagan y con la de Bill Clinton, que lo nombró para formar parte de la Comisión de control de desarme de los misiles balísticos con la Unión Soviética.

Fue el estratega militar y máximo defensor de la guerra de 2001 en Afganistán y de la invasión de Irak de 2003.

El secretario de Estado, es un férreo defensor de la guerra antiterrorista que lleva adelante el gobierno de Washington, tras los ataques del 9/11. *

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