Una cultura de la violencia

A comienzos de esta semana, choques armados entre las dos principales organizaciones palestinas, Hamas y Al Fatah, provocaron 12 muertos y más de cien heridos. La escalada prosiguió con amenazas de las Brigadas de los mártires de Al Aksa, vinculadas a Al Fatah, contra tres líderes de Hamas, mientras la Liga Arabe denunciaba la «locura palestina» e instaba a ambas facciones a deponer las armas y negociar.

Este brote de violencia causó consternación pero no sorpresa en el mundo. Después de todo, el mundo contempla a diario espectáculos como los asesinatos cotidianos de sunnitas por chiítas y de chiítas por sunnitas en Irak, o las masacres de negros musulmanes por parte de árabes musulmanes en Sudán y las organizaciones militantes palestinas no se caracterizan precisamente por su repudio a la violencia. Si hay algo que ha caracterizado a estos grupos es su absoluta dedicación a una cultura de la violencia por sobre toda opción de paz. Cuando Yasser Arafat rechazó en el año 2000 la oferta del entonces Primer Ministro israelí Ehud Barak que hubiera posibilitado la creación de un estado en el 95% del territorio reclamado por los palestinos, no fue criticado sino exaltado por su intransigencia. Cuando en agosto de 2005, el Primer Ministro israelí Ariel Sharon decidió el traumático retiro unilateral de los colonos israelíes de la Franja de Gaza, lo que casi llevó a una guerra civil en Israel, el pueblo palestino, libre de la ocupación israelí, tuvo la posibilidad de cesar la violencia y dedicarse a una acción constructiva en Gaza destinada a probar al mundo que son perfectamente capaces de crear sólidas bases para un estado estable y organizado. Pero los militantes frustraron esa posibilidad. Por el contrario, continuaron con los ataques con cohetes contra Israel, sabiendo que tarde o temprano vendrían las previsibles represalias con todas sus consecuencias negativas.

En la franja de Gaza, se ha creado todo un culto a la muerte, enseñado desde la más tierna infancia, que hace parecer como casi inofensivo el slogan fascista durante la guerra de España de 1936 «Viva la muerte».

Fue un hecho particularmente simbólico lo que sucedió con los invernaderos ultra-modernos creados por colonos judíos en Gaza. Un grupo de filántropos, en su mayoría judíos norteamericanos, resolvieron comprar por 14 millones de dólares los invernaderos de flores y dárselos como regalo a los palestinos, evitando que los colonos judíos que iban a ser desalojados los destruyeran. Pero las autoridades palestinas no pudieron detener a revoltosos palestinos que vinieron a destruirlos poco después de la evacuación. Si bien no lograron destruirlos por completo les causaron un considerable daño

Por otra parte, ningún otro grupo humano ha recibido durante tanto tiempo ayuda de la comunidad internacional. Tan solo desde la creación de la Autoridad Palestina en 1994, distintas organizaciones internacionales entregaron a los palestinos 10 mil millones de dólares. Lamentablemente la mayor parte del dinero ingresado a las arcas fue manejado arbitrariamente por Yasser Arafat sin ningún control de nadie.

Hoy se conocen perfectamente los detalles de los arreglos de la Autoridad Palestina con la viuda de Arafat, Suha, para que revelara detalles de dónde está el dinero de Arafat, a quien la revista económica «Forbes» colocó en sexto lugar entre los «Reyes, reinas y déspotas» más ricos del mundo. Suha (que ya alcanzó a casarse de vuelta) recibe U$S 100.000 mensuales para sus gastos y aparentemente Arafat en su lecho de muerte ordenó girarle 11 millones de dólares como asignación para medio año de vida.

Las estimaciones acerca de la fortuna dejada por Arafat, fallecido en setiembre de 2004, varían. Según un informe de la CBS el total de los bienes y los valores del desaparecido líder palestino oscilan entre uno y tres mil millones de dólares. Según una estimación de la Inteligencia Militar israelí de 2002 no pasaría de 1.300 millones. Significativamente la estimación más alta es la del canal de televisión árabe Al-Jazira según la cual el dinero de Arafat estaría entre 4.200 millones y 6.500 millones de dólares.

Pero aún si fueran ciertas las estimaciones más bajas se trata de mucho dinero. Por ejemplo, la periodista Tal Muscal de «The Jerusalem Post» calculó el 14 de agosto de 2002 lo que los palestinos podrían hacer con la modesta suma de 1.300 millones. Podrían construir 40.625 viviendas familiares a $ 32.000 por unidad; podrían alimentar a 3 millones de palestinos durante un año y dejar $ 892 millones para ser gastados en unidades móviles de cuidados intensivos; podrían financiar el funcionamiento de 10 hospitales del tipo del Hospital Ahli Arab en Gaza durante 10 años dejando $ 585 millones para otros fines sociales. Podrían computarizar 10 hospitales; pagar los salarios anuales de 10.000 trabajadores de la salud; podrían comprar vacunas contra la hepatitis para 3 millones de residentes en la Autoridad Palestina.

Pero lamentablemente ni el dinero ni el destino del pueblo palestino están en sus manos sino en las manos más largas y ávidas de sus dirigentes.

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