Los escándalos sexuales sacuden a Washington
El más célebre se remonta al ex presidente demócrata Bill Clinton, sometido a un proceso de destitución constitucional entre fines de 1998 y durante 1999, por haber minimizado la relación con la pasante de la Casa Blanca, Monica Lewinsky, que en ese entonces tenía 22 años.
La derecha conservadora estadounidense no quiso dejar escapar la infidelidad del popular mandatario e hizo todo lo posible para lograr que fuera expulsado de la Casa Blanca.
Pero los escándalos sexuales en Estados Unidos comienzan casi con la fundación del país: expertos científicos han divulgado en estos últimos años que el padre de la Constitución de Estados Unidos, Thomas Jefferson, tenía al menos un hijo bastardo con una de sus esclavas negras, Sally Hemigs.
«Lo que es fascinante, es que continuamos viendo que siguen los escándalos sexuales, teniendo en cuenta la celebridad de esas personas», opinó Stephen Hess, experto en política de la prestigiosa Brookings Institution.
Los políticos norteamericanos sufren el acoso de la prensa y sus adversarios sobre su vida privada, sobre todo en períodos electorales.
A casi un mes de unas elecciones parlamentarias que se vaticinaban como muy reñidas, las filas republicanas se vieron sacudidas por el escándalo protagonizado por Mark Foley, un parlamentario que debió dimitir el viernes pasado luego de que saliera a la luz pública una serie de mensajes electrónicos de contenido sexual explícito que dirigió a becarios adolescentes en el Congreso.
El escándalo también puede arrastrar al presidente de la Cámara de Representantes, Dennis Hastert, ya que varios políticos le cuestionan el manejo de la crisis que sacude a su partido.
Lo que sí parece claro es que la carrera política de Mark Foley, de 52 años, quien representaba a un distrito del sur de Florida, quedó definitivamente arruinada.
Sobre todo después de que el escándalo se aderezara con las declaraciones de su abogado, en las que dijo que el ex legislador había sufrido abusos sexuales de un religioso cuando tenía entre 13 y 15 años y que había hecho del combate a la pedofilia un caballito de batalla.
De todas maneras, los expertos coinciden en que las consecuencias políticas de los escándalos son más fuertes cuando son protagonizados por un republicano.
«Si son republicanos, más dura es la caída», subrayó el periódico Washington Post.
Además de Bill Clinton, varios demócratas han sobrevivido sin grandes daños sus propias historias sexuales.
Es el caso del representante de Massachussetts Barney Frank quien, en 1990, tan sólo sufrió una reprimenda por haber albergado a un prostituto que utilizó la casa del legislador demócrata para dirigir un servicio de escoltas masculinos.
En 1983, dos legisladores, uno demócrata y el otro republicano, recibieron una reprensión oficial por haber mantenido relaciones sexuales con pasantes en el Congreso.
El legislador republicano Dan Crane, quien mantuvo un romance con una joven de 17 años, pidió perdón con lágrimas en los ojos, con tal de que sus electores no le privaran de su mandato.
Pero el demócrata Gerry Studds, quien se negó a pedir perdón por sus relaciones con un pasante de 17 años que según él fueron «consensuadas», fue reelecto a su cargo, en el que continuó hasta 1996.
«Estas cosas siempre son más dañinas para los republicanos que para los demócratas, ya que los primeros están más atentos a los asuntos que atañen a la moral», subrayó Hess.
«Y algo así como esto, parece una hipocresía», añadió.
Sobre todo, después de que Foley creara un grupo parlamentario en defensa de los menores que sufren explotación o abuso.
En lo que parece una paradoja, aun si no tuvo relaciones sexuales con los adolescentes con los que flirteó, el ex legislador podría ser víctima de una ley que él presentó, que condena la utilización de Internet para la pornografía infantil o pedofilia. *
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