Por qué decidió no matar a Fidel
Berlín, DPA
El caso Lorenz ha vuelto a la actualidad en Alemania a raíz de un documental del periodista germano Wilfried Huismann, que lo investigó durante dos años. La cinta «Lieber Fidel – Maritas Leben» (Querido Fidel – La vida de Marita) será estrenada el 13 de octubre en los cines alemanes y podría llegar en noviembre a España.
Según adelanta la revista «Der Spiegel» en su edición de ayer, Huismann tiende a admitir como cierta la versión de Lorenz, que afirma haber tratado de envenenar a Castro por encargo de la CIA.
Sin embargo, otras fuentes indicarían que la orden de asesinar al líder cubano fue dictada por la mafia estadounidense, que no perdonaba al comandante que «mandara a parar» y le retirara las licencias para los casinos que controlaba en Cuba. Unos documentos del FBI recogen las declaraciones de Sam Giancana, uno de los jefes de la mafia, que se habría vanagloriado de tener a «una chica» que envenenaría a Castro.
La historia de Lorenz, que hoy tiene 61 años y reside en Nueva York, no es del todo nueva y ha ocupado no sólo a la prensa, sino también a tribunales y comisiones de investigación parlamentaria.
Nacida en Bremen, conoció a Castro el 29 de febrero de 1959, a bordo del «Berlin», un barco de pasajeros que comandaba su padre, Heinrich Lorenz, y que había echado ancla en la bahía de La Habana.
Según Jesús Yáñez Pelletier, escolta de Fidel, la simpatía mutua fue tan evidente como inmediata. Lorenz ha ofrecido versiones diversas sobre el primer encuentro, que van desde caricias en la rodilla hasta una seducción en toda regla en el camarote de la alemana. Ahora dice que «sólo» se tomaron de la mano. «Tenía miedo que lo viera papá», explicó.
Fidel intentó reclutar a Lorenz como secretaria personal y mandó a Yáñez Pelletier a Nueva York. Lorenz se lo pensó una noche, viajó a La Habana y se quedó «por siete meses calientes» en la capital cubana.
Lorenz afirma haber sido obligada por los escoltas de Fidel a abortar en otoño de 1959, cuando estaba embarazada de cinco meses, lo que Yáñez niega tajantemente. Regresó a Nueva York, donde entró en órbita de la CIA y la mafia.
Según recuerda «Der Spiegel», «las fronteras entre la mafia y la CIA eran difusas». Lorenz asegura haber sido reclutada por Frak Sturgis, que servía a ambas organizaciones y luego adquirió gran protagonismo en el caso «Watergate», para el complot contra Fidel, y dice haber accedido por despecho: Sturgis le habría mostrado fotos del feto abortado.
Un ex «enlace» de la CIA y la mafia, Robert Maheu, aseguró que entregó unas cápsulas de veneno al mafioso John Roselli. Lorenz, a su vez, afirma haber recibido las cápsulas de Roselli y haberlas tirado en el último momento al bidet del cuarto del Hotel Habana Libre. En lugar del magnicidio hubo un último acto de amor, afirma.
Este, sin embargo, declaró al Congreso en 1975 que pasó las cápsulas a un cubano, y que la CIA recuperó el veneno después de suspender el atentado. Según «Der Spiegel», «habla a favor de la credibilidad de Roselli que, luego de la declaración, su cadáver fue encontrado en el mar, en un barril de petróleo, con las piernas fracturadas».
Marita Lorenz, a su vez, se adhirió al movimiento anticastrista de Miami. Entre sus socios estaba, supuestamente, Lee Harvey Oswald, el asesino de John F. Kennedy.
Lorenz ha declarado bajo juramento que, poco antes del atentado que acabaría con la vida de Kennedy, viajó con Oswald, Sturgis, otro agente de la CIA y algunos cubanos exiliados a Dallas, lo que desbarataría la teoría de una acción individual de Oswald. Marita Lorenz asegura que no tenía conocimientos de un plan para asesinar a Kennedy.
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