Lula puede ganar la elección, la cuestión es cómo gobernará
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva puede ganar un segundo mandato pero las urnas no le asegurarán un amplio apoyo del Congreso y los Estados para sustentar la gobernabilidad y aprobar las reformas que requiere Brasil, explicaron analistas.
Las elecciones del domingo renovarán la presidencia así como los 513 asientos de la Cámara de Diputados, un tercio (27) de los 81 del Senado y las gobernaciones de los 27 estados. Lula llega como favorito, pero si no alcanza la mayoría de los votos más uno se realizará una segunda vuelta el día 29.
«Ninguno de los candidatos a la Presidencia conseguirá mayoría en el Congreso con los partidos que los apoyan, lo que obligará al próximo gobierno a hacer una coalición», explicó Fabiano Santos, coordinador del Núcleo de Estudios del Congreso, del Instituto Universitario de Investigación de Rio de Janeiro (IUPERJ), a la AFP.
Los cuatro «mayores partidos en el Congreso continuarán teniendo aproximadamente la misma presencia» que en 2002, dice un estudio de la IUPERJ.
Lula concurre apoyado por una sola de esas grandes fuerzas, su emblemático Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), que en 2002 consiguió 13 senadores y 91 diputados y que ahora -tras una serie de escándalos y denuncias que minaron su imagen en el último año- se espera que caiga a 10 senadores y entre 80 y 91 diputados. Con ello, si resulta reelecto, Lula tendrá que buscar apoyos firmes para sustentar, no solo la gobernabilidad, sino también los embates de las crisis, ya que muchas denuncias que empañaron su actual mandato continuarán siendo investigadas.
Lula ya maneja desde hace semanas la idea de negociar un acuerdo con la oposición para aprobar asuntos clave, entre ellos el presupuesto.
La gran fuerza política disponible para una eventual coalición es el Partido de Movimiento Democrático Brasileña (PMDB), a la que han recurrido todos los gobiernos desde la restauración democrática en 1985, y que se estima puede conseguir 17 senadores, 75 diputados y 9 gobernadores. Lula ya ha indicado que quiere aliarse con el PMDB. El problema es que «es un partido históricamente dividido, por lo que no existe un apoyo 100% del mismo», recordó el analista Carlos Lopes, de SantaFe Ideias, a la AFP.
Las otras dos grandes fuerzas del país son el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) del ex presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002); y el Partido de Frente Liberal (PFL, conservador). Ambas apoyan la candidatura de Geraldo Alckmin, principal adversario de Lula.
Estos dos partidos podrán sumar, se estima, 34 senadores, 160 diputados y 10 gobernadores, incluyendo el de Sao Paulo, el más rico e influyente del país.
Para algunos analistas una victoria en primera vuelta el domingo le otorgaría al actual presidente un respaldo para gobernar, porque lo transformaría «en el representante incuestionable de la voluntad popular», indica el IBEP. Hace dos semanas esa victoria el domingo era incuestionable, pero un reciente escándalo de presunta compra de información contra la oposición redujo su ventaja y alentó las esperanzas de Alckmin de alcanzar una segunda vuelta.
El Congreso que será electo el domingo surge de un desgastante proceso de desprestigio, tras un año y medio de escándalos. Primero fueron las denuncias contra el PT, y luego un escándalo de sobrefacturación de ambulancias por el cual están siendo investigados parlamentarios de todo el espectro político.
El apoyo del Congreso es primordial para la aprobación de reformas consideradas clave para el país, como la de la seguridad social, la impositiva y la reforma política que reordene el funcionamiento del sistema partidario y opera de barrera contra la corrupción. Los sectores financieros temen que si Lula tuviera que enfrentar un segundo turno «iniciará su segundo mandato debilitado, lo que le dificultará aprobar las medidas esperadas por el mercado», dijo el economista jefe de Austing Rating, Alex Agostini, a la AFP. Lula indicó recientemente que «simpatiza» con la idea de convocar una Constituyente para la reforma política, un método utilizado por Chávez y Evo Morales.*
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