Abe se convierte en el amo de Japón
Cumpliendo todos los pronósticos, Abe, número dos del gobierno, fue proclamado presidente por un período de tres años del gran partido de derecha que gobierna Japón desde hace medio siglo.
Esta victoria lo convierte automáticamente en el próximo primer ministro en menos de una semana, en sustitución de su mentor Junichiro Koizumi, quien deja el poder tras dos mandatos en la jefatura del PLD.
Shinzo Abe, quien cumplirá el jueves 52 años, no conoció la Segunda Guerra Mundial.
«Como primer líder nacido después de la guerra, me comprometo a llevar la antorcha de las reformas y a acelerar la velocidad», afirmó después de su elección triunfal en el cuartel general del PLD.
«Me voy a dedicar con todas mis fuerzas y toda mi alma a la construcción de una bella nación y un nuevo Japón», aseguró.
Como manda la tradición, el futuro primer ministro se inclinó ante su predecesor, el populista Koizumi, quien felicitó efusivamente a su sucesor.
Ganada de antemano, la elección de Abe fue exitosa al obtener los dos tercios de los votos de los 403 parlamentarios liberales demócratas y de 300 federaciones locales del PLD.
Sus dos rivales, los ministros de Relaciones Exteriores, Taro Aso, y de Finanzas, Sadakazu Tanigaki, fueron derrotados por amplio margen.
Shinzo Abe será investido como primer ministro el próximo 26 de septiembre en el Parlamento, donde su partido cuenta con una holgada mayoría. Ese mismo día anunciará la composición de su gobierno.
Su triunfo pone la guinda a una carrera política orquestada hace tiempo, pues es el heredero de una ilustre dinastía de dirigentes conservadores, entre los que destaca el ex primer ministro Nobusuke Kishi (1957-1960), encarcelado por los norteamericanos como criminal de guerra.
Bastante popular, Shinzo Abe pertenece a la nueva generación de políticos japoneses que quiere revisar la Constitución pacifista de 1947 porque a su entender impide que Japón tenga un verdadero ejército y limita sus ambiciones internacionales.
Abe se ha fijado como objetivo prioritario la «reforma de la educación», lo que agradaría a una derecha deseosa de rehabilitar la noción de patriotismo en las escuelas.
Y recientemente dio a entender que seguirá visitando el santuario de Yasukuni en Tokio, que para los chinos y coreanos simboliza los desafueros del militarismo nipón, aunque lo hará a título privado, a diferencia de Koizumi.
Según fuentes diplomáticas, Abe hará un gesto conciliador hacia China, primer socio comercial de Japón, para reabrir el diálogo. Nadie espera, sin embargo, que haya una reconciliación rápida.
En cambio no cabe duda de que Abe asumirá la elección de una alianza con Estados Unidos en nombre de la seguridad de Japón, como ya hizo su predecesor.
Amigo de Washington, el nuevo dirigente de Japón debe su popularidad a la línea dura que defiende contra la dictadura norcoreana.
Pese a que se beneficiará de la aceleración económica que le lega el liberal Koizumi, la oposición critica su «inexperiencia» y su programa «muy impreciso». *
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