Quedó probado que Hussein es inocente de dos cargos: conexión con Al Qaeda y armas ilegales

El 21 de agosto de 2006 el presidente Bush volvió a repetir que Saddam Hussein tenía relaciones terroristas de Al-Qaeda. Olvidaba el informe de la CIA que publicó que no existía esa relación. Antes, oficialmente, después de invadir Irak con el pretexto de la existencia de armas masivas de destrucción, debió admitirse su inexistencia.

Impresiona que la primera potencia del mundo mantenga ese doble discurso. Años antes de la invasión los servicios de inteligencia europea (sobremanera los que habían sido poderes coloniales en la región) habían advertido ya que ese tema era muy menor. En 1986 el conde de Marenches -que ocupara, por años, la Dirección de Contraespionaje francés (nombre de código Avemaría; seudónimo, Porthos) publicó sus memorias (Dans le secret des Princes, Edit. Stock) y, obviamente, dedica varias páginas (de la 235 a la 245) al análisis del gobierno de Saddam. Dice que Sadun Chaker -jefe de sus servicios secretos de Saddam- entregaba algunas cantidades a grupos terroristas. En conversación directa con él Marenches le mostró, ante el rubor de su interlocutor, las transferencias de dinero dedicadas a ese fin. Posteriormente -añade- cesaron y hablando, directamente, con Saddam, Marenches le dijo que ningún pueblo importante podía serlo subvencionando al «terrorismo de base». Afirma que, posteriormente esos recursos, con ese fin, desaparecieron. Fundamentalmente porque en 1980, en razón de la guerra de Irak contra los chiítas de Jomeini, Saddam se convirtió en un aliado implícito de Estados Unidos.

Lo prueba la histórica visita a Saddam, el 17 de diciembre de 1983, de Rumsfeld, como embajador extraordinario del presidente Reagan (secretario hoy del Pentágono y el principal instigador de la invasión a Irak) que entregó a Saddam una carta personal de Reagan. La carta decía «que se respetaba mucho a Saddam y que EU estaba dispuesto a ayudarle». Textualmente: «¿Cómo podemos ayudarle? Permítanos hacerlo», página 28 del impresionante libro The Secret History of How the White House Illegally Armed Iraq, La historia secreta de cómo la Casa Blanca armó ilegalmente a Irak, Alan Friedman (Edit. Bantam Books).

El armamento más importante de Irak procedió de EU, la URSS y Francia. Por si ello fuera poco, Jacques Chirac, siendo jefe de gobierno del presidente Giscard, firmó con Saddam, el 18 de noviembre de 1975 (para Inri cuando Saddam todavía no era el presidente sino el hombre de las fuerzas represivas), un tratado para construir, por mil 500 millones de francos, una central nuclear en Irak. Se transformaba, así, la correlación de fuerzas en la región. Se anticipaba el actual problema, ahora, con Irán sobre el átomo «pacífico». El Estado de Israel, en 1981, 7 de junio, a las 4:40, envió ocho bombarderos F-16, escoltados por seis cazas F-15 que destruyeron la central nuclear iraquí. Respecto a la ayuda económica ofrecida a Saddam a través de Rumsfeld como embajador extraordinario -¡qué ironía!- cabe añadir que existen los documentos que revelan que el vicepresidente Bush (con Reagan) intervino, ásperamente, ante el Eximbank (que se negaba a conceder un crédito a Saddam bajo la tesis de que era dinero público que el líder iraquí no devolvería nunca), para que se concediese.

Todo ello invita al rubor. Ni armas masivas (que no fuesen las de origen occidental o soviético) ni conexiones con Al-Qaeda. Esa historia real coincide, en EU, con el rechazo creciente a Rumsfeld como secretario de Defensa. Ese tema es uno de los más serios que tienen, ante sí, los republicanos, también ya en oposición a Rumsfeld, para las elecciones de noviembre que renovarán el Congreso.

Asombra que, todavía, el 21 de agosto, Bush repitiera un tema que la propia CIA le había dicho que es falso. ¿Qué decir? *

* Periodista mexicano.

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