Los muertos no necesitan dólares
Los libaneses la llaman irónicamente «inundación verde». Se refieren al impresionante flujo de dinero repartido por Hezbolá a los damnificados por la guerra con Israel. Todos aquellos cuyas casas fueron dañadas reciben 12.000 dólares. La corresponsal de «La Nación» de Buenos Aires en el Líbano, Silvia Pisani, cuenta desde una localidad en el Sur, que Hezbolá reparte unos 10 millones de dólares diarios, en efectivo, con bolsas de plástico marrones llenas de fajos de billetes flamantes. Pisani cuenta que uno de los responsables de Hezbolá le dijo: «La plata nos llega sin problemas». Y agrega: «Es vano pedirle detalles sobre los mecanismos financieros por los que semejante pila de billetes puede juntarse cada 24 horas».
Si bien nadie sabe exactamente de qué manera llega el dinero, su lugar de procedencia no es un secreto para nadie: Irán, cuyos legendarios ingresos petroleros parecen haber subido a la cabeza de sus dirigentes. Hezbolá no disimula demasiado su procedencia.
El objetivo de la «inundación verde» es clarísimo: compensar a las víctimas de una guerra que jamás habría estallado si Hezbolá no hubiera convertido el Sur del Líbano en una plataforma de ataques no provocados contra Israel. Muchos chiitas aceptaron con agradecimiento y entusiasmo los dólares de Hezbolá, pero no todos. Hay algunos a quienes Hezbolá nunca podrá conformar, ya que los muertos no necesitan dólares. Y hay casi 1.200 muertos libaneses en esta guerra inútil.
Por otra parte, es claro que esta fue una guerra impuesta por Hezbolá al pueblo del Líbano. Hassan M. Fattah informa desde Marwaheen, en el Sur del Líbani, para el «New York Times» acerca de un funeral de 23 personas muertas por la aviación israelí mientras trataron de huir de la aviación israelí. La mayoría de la población predominantemente sunnita culpa al Hezbolá, al que rogaron en vano que no traiga sus armas a la aldea. Uno de los informantes del periodista que perdió a varios familiares en el ataque y que pidió mantener el anonimato por temor a represalias dijo: «No hay forma de pararlos. Esta no es gente a la que pueda decírsele NO».
Poco después del cese del fuego Hezbolá trató de presentar la guerra como un gran triunfo. Hubo una «marcha de la victoria» en el Sur de Beirut con reparto de frutas y de dulces pero solo acudieron unos pocos centenares de personas. La mayoría de los libaneses consideró que el hecho de que Hezbolá haya podido resistir al ejército israelí durante 34 días sin haber sido totalmente derrotado no es un logro suficiente como para justificar la destrucción del Líbano. Entonces vino la sorprendente marcha atrás de Hassan Nasrallah: si hubiera sabido que el secuestro de los dos soldados israelíes habría de provocar una respuesta israelí tan contundente, él no habría ordenado el secuestro. Pero Nasrallah olvidó un detalle que no olvidaron ni los libaneses ni los israelíes. El secuestro fue sólo un síntoma: la enfermedad era y sigue siendo el estado dentro del estado de Hezbolá en el Sur del Líbano, cuyo objetivo único y declarado es la guerra contra Israel. Por lo demás, el secuestro no fue la única sino tan solo la última de las provocaciones. El hecho de que Hezbolá sabía que en algún momento Israel habría de reaccionar está plenamente confirmado por las casamatas, redes de túneles y construcciones militares construidas por la organización que sorprendieron al ejército israelí por sus dimensiones y su sofisticación.
Ahora, después de la guerra, está claro para los libaneses que su futuro no depende de Israel, ni de las Naciones Unidas, ni de los Estados Unidos, ni siquiera de Siria. Depende de Hezbolá.
En un artículo en el «The Daily Star» de Beirut escribe el respetado columnista libanés Rami G.Khouri: «La principal prueba para Hezbolá recién empieza; debe disipar las brumas de su inescrutabilidad, terminar con la ambigüedad en sus relaciones con Siria e Irán, y eliminar los demonios de desconfianza que empañan sus relaciones con numerosos factores principales, especialmente dentro del Líbano.»
Lo que Khouri sugiere sin decirlo es que Hezbolá solo será parte legítima de la nación libanesa si acepta desarmarse. Después de la guerra es clarísimo que el estado libanés solo podrá subsistir si el gobierno recupera el monopolio de la fuerza, dejando de ser un juguete de las ambiciones de una potencia regional como Irán que busca imponer en el Medio Oriente la supremacía persa chiita sobre el mundo árabe sunnita, eliminando de paso al estado infiel judío de territorios que desde su punto de vista deben ser del Islam por la eternidad.
Irónicamente, luego de la dura confrontación bélica entre el Líbano e Israel, los intereses vitales de ambos países se asemejan como dos gotas de agua. El Líbano necesita del desarme de Hezbolá para recuperar su libertad y soberanía. Israel necesita del desarme de Hezbolá para alejar de sus fronteras una amenaza existencial. *
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