El presidente Kirchner genera reagrupamientos y traumas

El radicalismo se fractura

Hay bastante campo para arar hasta más o menos abril cuando las coaliciones, estas que ya están en camino, acaben por definirse y, sobre todo, quienes serán sus pretendientes.

La semana pasada, la candidatura «alternativa» de Roberto Lavagna avanzó algunos pasos con la realización en Rosario de la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical que de hecho consumó una fractura entre opositores a Kirchner y los que desde hace rato se encaminan a incorporarse al espacio del oficialismo. Son estos, la mayoría de los gobernadores de origen radical que gobiernan provincias (5), mas 135 intendentes, ese espacio que sus protagonistas bautizan como «radicales que gobiernan» y que la estructura del partido que ayer terminó dos días de conciliábulos, estigmatiza con el sambenito de se atraídos por la abultada chequera del poder.

Lavagna no se siente cómodo solo con los radicales donde Raúl Alfonsín, pese a no tener cargo partidario alguno, es el que pone el sello. Por eso días antes, el ex ministro de Economía se encontró en una comida de organización casi clandestina «para evitar provocaciones del kirchnerismo» con lo que queda del peronismo de la provincia de Buenos Aires en tiempos de reinado de Eduardo Duhalde. Con esa tribu en decadencia cantó la «Marcha Peronista», para hacer saber que no es títere del radicalismo que subsiste.

La Convención Nacional, no selló formalmente la ruptura, pero emitió un duro documento antigubernamental, donde la acusación de hegemonismo campea por todo el escrito, y dispuso la creación de una comisión de notables que hará gestiones para conformar una alternativa electoral y proponer en su momento el pretendiente para la Rosada. Es decir Lavagna, cuando este oficialice sus pretensiones aunque aún hay dudas.

Loa radicales K oscilaron entre ir o no a Rosario con sus convencionales. Decidieron no participar, acaso temerosos de incidentes, algo no ajeno a la tradición de estos cónclaves. Optaron por no concurrir, algunos dicen que a pedido del propio Presidente, pero esto último puede ser una maldad de sus ex correligionarios.

La ausencia fue prudente porque la suerte ya estaba echada. Nunca se reúne el más importante de los cuerpos deliberativos de la UCR sin saberse antes como termina y que documento aprueba. El resto, los discursos, encendidos o no, es para la barra y los diarios.

A esta reunión concurrió una delegación del máximo nivel del Partido Socialista. ¿Se prepara el viejo partido a ingresar a esa coalición que tendría a Lavagna como referente?. Sus dirigentes juran que no, pero el PS tiene una alianza con el radicalismo de Santa Fe que es clave para que Hermes Binner el dos veces alcalde de Rosario pueda ganar el año próximo la gobernación. Es uno de los distritos electorales claves y que desde 1983 ha sido gobernado por el peronismo. De todas maneras, la foto de los socialistas en ese mitin instaló la sospecha aunque ellos preferirían que la UCR hubiera acompañara la minoritaria postura de la secretaria del Comité Nacional, Margarita Stolbizer, para que se impulse un frente opositor pero de centro izquierda y sin Lavagna. La postura electoral socialista se definirá el año que viene.

Ni el kirchnerismo ni el centro-derecha han permanecido impasibles frente a estas novedades. El oficialismo convocó a referentes políticos y sociales, personas de prestigio en algunos casos, a una «Mesa de Concertación» que pretende que sea el esquema del frente programático, político y electoral de 2007. Allí estuvo el radical Julio Cobos, el gobernador de Mendoza que se menea como integrante del binomio presidencial del futuro, Luis Juez el intendente de Córdoba, un libero de centro-izquierda que pretende ser gobernador de la provincia, Graciela Ocaña, ex mano derecha de Elisa Carrió, furiosa siempre por el paso que dio hace rato hacia Kirchner para dirigir la obra social de los jubilados con suceso casi sin precedentes y otros referentes de alas descontentas del ARI, el radicalismo pero sin una pata socialista que el Presidente quisiera engarzar. A su manera de ver, él, el Presidente, claro, es el límite de izquierda en su espacio.

La «concertación» no se basa en partidos, lo que irrita sobre todo al radicalismo y solo tiene de similar con la que gobierna en Chile, el nombre. El acuerdo programático gira alrededor del Sol kirchnerista, que si atrae a otros sectores no es solo por el poder sino por sus políticas que en muchos temas compartidas por sectores progresistas. El núcleo central es el peronismo, y cuando de ese movimiento se habla, hay que recordar que hay alas muy contradictorias que no sacan ahora el pie del plato dado el suceso presidencial. Las alianzas vienen a reforzar al kirchnerismo más puro, si así puede ser calificado, que tiene, además, su sector jacobino conformado por movimientos sociales alineados y que en ocasiones, sus referentes, hacen punta contra la oposición sobre todo de derecha y que dan argumentos a algunos sectores para denunciar el avance del autoritarismo.

El centro-derecha de Mauricio Macri mira con atención los movimientos de Lavagna para definirse definitivamente. Por ahora, la idea es que el presidente de Boca Juniors aproveche la popularidad del club para ir a pelear por la presidencial. Suponen que así presionan para que Lavagna desista de su intento, porque una oposición fragmentada, le asegura la victoria al oficialismo. Así, al menos en estos tiempos, el Pro hace decir que Macri será el pretendiente presidencial y en la Capital Federal irá su socio, Ricardo López Murphy que puede exhibir encuestas alentadoras y juegan el nombre de Juan Carlos Blumberg como candidato a gobernar la provincia de Buenos Aires.

Es un dibujo atrayente. Blumberg que irrumpió en la política tras el cruel asesinato de su hijo Axel, prepara para el 31 próximo una concentración frente a la Casa Rosada para clamar por medidas contra la inseguridad. Precipitadamente los referentes del Pro anticiparon su presencia pero ni radicales ni «lavagnistas» quieren sumarse a ese coro.

Para el kirchnerismo, esta operación Blumberg cabalgando sobre los miedos frente al delito, tiende a imponerle un sesgo derechista a reformas al Código Penal que preparó una operación ad hoc y que Kirchner congeló. Y pretende, Blumberg y sus aliados, que incluyen a partidarios de la dictadura, desplegar un espacio de masas a la estrategia electoral de Macri.

Pero sin una oposición abroquelada y que no le haga asco cualquier compañía, un modelo difícil de armar, ni política ni electoralmente estos movimientos ponen en peligro al oficialismo. Ni, ahora; juntos tampoco. *

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