¿Quién ganó este capítulo del conflicto de Medio Oriente?
Israel es el vencedor sobre el papel. La resolución 1701 de Naciones Unidas exige la evacuación de la milicia armada de Hezbolá del sur del Líbano, retomando la incumplida resolución 1559. Se exige el desarme de la milicia chií para dejar a las Fuerzas Armadas libanesas con el monopolio del poder de fuego. Si la resolución es cumplida, Israel conseguiría su objetivo de lograr un cordón de seguridad entre su frontera y el poder de fuego de las milicias pro iraníes que estarían al norte del río Litani.
En Israel sospechan, y con razón, que su victoria sobre en la mesa de negociaciones no se traducirá en hechos. Las milicias de Hassan Nasralá anunciaron que esconderán sus armas. Muchos ya se aventuran a pronosticar que ni el gobierno libanés ni los cascos azules de la ONU podrán hacer cumplir la resolución del Consejo de Seguridad. No conseguirán desmantelar al Estado chií que funciona dentro del Estado libanés. Nasralá incluso podría quedarse en un futuro cercano con los ministerios de Defensa e Interior, y al frente de un Ejército libanés mayoritariamente chií. Además de erigirse como el gran benefactor del destruido Líbano con el dinero iraní.
Para el español Florentino Portero, profesor de Historia Contemporánea de la Uned y secretario del Grupo de Estudios Estratégicos, la aprobada resolución 1701 deja sin resolver el núcleo del conflicto, al dejar en manos libanesas el desarme de Hezbolá, sumándose así a una opinión generalizada.
El profesor Portero piensa que este desarme es decisivo para evitar un nuevo capítulo bélico y pone en duda que el ejército libanés sea capaz de cumplir esta misión. Si el gobierno presidido por Fuad Siniora no ejecuta el mandato de la resolución, nos encontraremos ante un mero alto el fuego que sólo puede favorecer a Hezbolá, afirma.
El Consejo de Seguridad ha dado satisfacción a los principales actores, pero su solución dista de ser un instrumento adecuado para resolver este contencioso, explica el experto en Medio Oriente.
En el campo de batalla, el desenlace no está claro. Israel no consiguió aún la devolución de los dos soldados secuestrados, el detonante de este conflicto, y no pudo impedir la lluvia de cohetes que cayeron sobre las ciudades del norte israelí pese a sus modernas Fuerzas Armadas. El último día del conflicto, antes del cese de hostilidades, los milicianos de Hezbolá lanzaron más de 250 cohetes, el mayor número de toda la guerra. Inclusive, nadie se atreve a hacer un balance de cómo quedaron las fuerzas efectivos e infraestructura- de Hezbolá luego de finalizar la escalada.
Hezbolá disparó en un mes de guerra 4.000 cohetes contra Israel desde el sur del Líbano, mostrando una aceitada máquina militar oculta en medio de la población civil, utilizada al mismo tiempo como escudos humanos. Este Ejército reservó además, para una futura confrontación, los misiles iraníes de largo alcance que pueden llegar a Tel Aviv.
«Nadie ganó»
Pero Miguel Angel Bastenier, subdirector del diario español El País, piensa que nadie ganó la guerra, aunque reconoce que Ehud Olmert podrá salvar su prestigio si las milicias se vieran desplazadas al norte del río Litani. Hezbolá es hoy un referente para la opinión árabe, porque ha sido capaz de hacerle frente a Israel y de lograr un alto el fuego, opina el especialista en Medio Oriente. Agrega que la resolución de la ONU no garantizará el desarme de Hezbolá y estamos -explica- ante la primera fase de un largo enfrentamiento de palestinos y chiís libaneses contra el Estado de Israel.
En el campo político y propagandístico, la victoria fue para los milicianos chiís, que consiguieron la adhesión de numerosos libaneses -que los apoyan entre los escombros- y de la denominada calle árabe. Tanto Irán como Siria, sus aliados más estrechos, exaltan el heroísmo de sus combatientes y desafían con sus discursos a Occidente.
La mayoría de los Estados islámicos aplaude con profunda satisfacción lo que perciben como un claro revés para Israel y Estados Unidos. Hezbolá ha generado un sentimiento de orgullo en el mundo musulmán después de que el mundo árabe sufriera muchas derrotas a lo largo de su historia. La foto Nasralá y las banderas amarillas de Hezbolá se alzan en los reductos fundamentalistas chiís y también sunís, algo que parecía muy difícil de ver en el dividido mundo islámico, con el consiguiente debilitamiento de los gobiernos de Egipto, Jordania y Arabia Saudí, tradicionales socios de Occidente.
Assad y Ahmadinejad festejan
El presidente de Siria, Bashar al-Assad, calificó de victoria la resistencia árabe en Medio Oriente, declarado el alto al fuego. Esa resistencia la simboliza en este caso la milicia islámica Hezbolá. «Les decimos que luego de saborear la humillación en los últimos combates, sus armas no los protegerán, ni los aviones, ni los misiles, ni siquiera sus bombas atómicas… Las futuras generaciones del mundo árabe encontrarán una manera de derrotar a Israel», señaló el presidente sirio en uno de sus discursos.
Siguiendo la misma línea, el Presidente iraní Mahmud Ahmadinejad declaró que Hezbolá «había izado la bandera de la victoria» sobre Israel y frustró las intenciones estadounidenses en el Medio Oriente. «Las promesas de Dios se han cumplido», dijo Ahmadinejad ante una multitud. «Por un lado estaban los corruptos y criminales de Estados Unidos y Gran Bretaña y los sionistas… con bombas y aviones modernos. Y por el otro están los jóvenes piadosos fieles a Dios», afirmó el mandatario del régimen confesional.
En Teherán, que celebra la «victoria de Hezbolá», un importante religioso conservador iraní afirmó que los misiles de Hezbolá han «transformado a Israel en un país fantasma». Advirtió de paso a Estados Unidos e Israel de que, «si quieren agredir a Irán», deben temer «el día que nuestros misiles Shahab-3 de 2.000 Km de alcance golpeen el corazón de Tel Aviv».
El representante del libanés Nasralá en Irán, Abdullah Safieddin, afirmó que la milicia chií «no se desarmará» y seguirá «importando armas». El secretario general de Hezbolá, Nasralá, apareció en la televisión libanesa para jactarse de la «victoria histórica» de su movimiento, y dejó bien claro que no es ahora momento de discutir el desarme de sus milicias, en un claro desafío a Naciones Unidas y a los acuerdos logrados.
Barry Rubin, director del Global Research in International Affairs Center, sostiene que Siria e Irán son los grandes vencedores de la guerra, y afirma que hay que leer la actual situación en términos de una pérdida de la capacidad de disuasión israelí.
En este sentido, la capacidad defensiva ha sido atacada en dos flancos: en primer lugar, tanto el régimen iraní como el sirio han podido patrocinar una de las mayores operaciones terroristas de la historia y segundo, Israel ha sido atacado desde otro país, algo inusual en su historia. Lo más grave es que Assad y Ahmadinejad salen reforzados interna y externamente, y podrían intentar repetir esta operación con los palestinos. En este contexto, la comunidad internacional debería haber actuado con una mayor firmeza, condenando a Damasco y Teherán en lugar de a Tel Aviv, afirma el experto. La tibieza Occidental constituye un serio revés para los estados árabes moderados y para los que apoyan un Líbano plenamente democrático, argumentó Rubin.
Sever Plocker, columnista del diario israelí Yediot Ahronot, piensa que la resolución 1701 es un éxito sin precedentes para el Estado de Israel y para la defensa de un Líbano democrático.
Esta resolución es un hito al reconocer el derecho israelí a la autodefensa y en situar a Hezbolá como el agresor e iniciador del conflicto.
Además, esta iniciativa internacional acaba con las críticas al unilateralismo israelí, al ser avalada por el gobierno libanés y la Liga Arabe. Sin esta guerra la posición de Hezbolá se hubiera reforzado y Nasralá llevaba camino de convertirse en el guardián de Oriente Medio, tras el secuestro de los dos soldados. Es cierto que se han cometido algunos errores y que es difícil vencer a las milicias chiís en el terreno militar -precisa-, pero esta resolución es un gran triunfo político, dijo Sever Plocker en su análisis.
«Podemos definitivamente decir que la guerra concluyó con una victoria israelí; en base a los resultados conseguidos fue un triunfo por puntos y no por knock out. En otras palabras, destruimos la infraestructura de Hezbolá», señaló por su parte el jefe de Estado Mayor del Ejército israelí, Dan Halutz, durante una reunión del gobierno en donde se realizó un primer balance. El general, está siendo cuestionado por los israelíes ya que cuando Hezbolá secuestraba a sus soldados estaba vendiendo unas acciones que poseía.
Muchos israelíes discrepan con el primer ministro Olmert y sus generales. Critican la conducción de la guerra. Según encuestas periodísticas, la mayoría de los consultados creen que el conflicto les fue adverso, pese a que lo apoyaron. Ello, en parte, porque han tendido a subvalorar a sus enemigos y sobre valorar sus propias capacidades. Un 63% piensa que Olmert debería renunciar, 29% opina lo contrario y el resto no se pronuncia. Un 74% juzga que el Ministro de Defensa debe dimitir, al igual -según un 50%- que el jefe del Estado Mayor del Ejército.
Debate democrático por la guerra
Un general israelí demostrando el funcionamiento de la avanzada democracia de Israel- reconoció que la comandancia había dado pruebas de «arrogancia» durante la guerra contra el Hezbolá en momentos en que cada vez más reservistas denuncian la conducción de las operaciones.
«Pecamos en uno u otro momento de arrogancia, incluyéndome yo mismo» frente a enemigos que «se mejoraron, reforzaron y se hicieron profesionales», declaró el general Yossi Hyman.
«A pesar del heroísmo de que dieron prueba en el terreno los combatientes y sus jefes, todos experimentamos un sentimiento de fracaso y de frustración», agregó el general, citado por la prensa israelí.
La ola de críticas contra los dirigentes israelíes, acusados de los fracasos de la ofensiva contra Hezbolá, se extiende y estremece al gobierno. Estas protestas, de las que se hacen eco los medios de comunicación israelíes, no ponen en duda el fundamento de la guerra que tuvo el apoyo de halcones y palomas, sino la forma en que fue emprendida. Centenares de soldados y de oficiales de reserva del regimiento de infantería «Punta de Lanza» dirigieron una carta abierta al ministro de Defensa, el laborista Amir Peretz, y al jefe del Estado Mayor, Halutz, para denunciar la «falta de determinación» de la comandancia militar y de la dirección política.
En el texto, publicado por la prensa, los reservistas afirman que estas carencias les «privaron de la victoria» y exigen una «investigación exhaustiva».
«Queríamos luchar pero no pudimos hacerlo de tan confusas que eran las órdenes». Los oficiales del regimiento de infantería «Alexandoni» transmitieron el descontento de sus hombres, debido principalmente a la falta de equipos y de logística, durante un encuentro que mantuvieron con el general Halutz en medio de una gran tensión, según la prensa.
«Mis soldados no confían más en sus oficiales», afirmó uno de ellos. El jefe del Estado Mayor, por su parte, garantizó que el ejército sacará conclusiones de los errores cometidos.
Frente a estas críticas, el ministro de defensa Peretz aseguró al gobierno que los errores serán examinados de cara a una posible «segunda vuelta» contra el Hezbolá.
Israel debería haber priorizado los combates terrestres en lugar de los bombardeos masivos, opinan algunos expertos militares. Esto hubiera dejado menos civiles libaneses muertos y menos condenas internacionales. Sin embargo, otros afirman que ese despliegue habría ocasionado demasiadas bajas entre los soldados israelíes.
En 34 días de combates contra Hezbolá, del 12 de julio hasta la instauración de la tregua el 14 de agosto, 119 militares israelíes resultaron muertos, además de 41 civiles. Unos 4.000 cohetes cayeron sobre territorio israelí. Mientras, los bombardeos del ejército israelí en el Líbano dejaron unos 1.000 muertos, en su mayoría civil.
Este alto el fuego no durará. Sólo es una tregua en la interminable guerra en la última frontera de Occidente. No hay una solución militar al conflicto del Medio Oriente. Quizás, sea la hora de volver a las mesa de negociaciones, antes que el espiral de violencia sea definitivamente incontrolable, explican los expertos. *
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