Alfonsín sueña que con Lavagna se llegará al balotaje

Néstor Kirchner acumula poder institucional y apoyos políticos

¿Victoria a lo Pirro? Es lo que suponen sus opositores, que los hay por derecha y por izquierda. En el oficialismo hay conciencia de que algún costo habrán de pagar. La oposición está convencida que ha sacado ventajas «morales» de la disputa en torno a la facultad que tendrá el jefe de Gabinete en reasignar los recursos sin recurrir al Parlamento y que Kirchner tendrá más plafond que antes en dictar decretos de necesidad y urgencia porque la ley que los reglamenta le da esa chance. Supone que golpeando en «defensa de la calidad institucional» puede ir creando las condiciones para polarizar las presidenciales.

Las grandes batallas de los partidos opositores no se libran por el rumbo de la economía, porque los datos abruman, ni tampoco por la distribución del ingreso. Les importa que Kirchner los vaya dejando sin perspectivas de ir por el poder. Así lo cree Raúl Alfonsín que se ha puesto sobre sus hombros imponer la candidatura del ex ministro de Economía Roberto Lavagna. En la actitud radical hay bastante de «defensismo». Es que Kirchner le coopta gobernadores, alcaldes, concejales y hasta algunos diputados nacionales y deja correr la voz que un radical podría ser el candidato a vicepresidente. El fin de semana, medio millar de alcaldes, concejales y dirigentes radicales se sumaron a la cruzada de respaldo al Presidente.

Así la «identidad radical» se esfuma. En semanas debe realizarse la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical que deberá definir si da libertad de acción a sus afiliados a votar en 2007 como les plazca (es decir por Kirchner) o impone una candidatura y trata de abroquelar el desbande tras ella. Es la de Lavagna, claro.

 

Lavagna, ¿será candidato?

Pero el ex ministro no ha dicho categóricamente que es pretendiente, pese a las señales permanentes sobre su proyecto «de centro democrático y progresista» y con un discurso cada vez más fuerte contra el gobierno del que fue parte. No son escasos los analistas que creen que Lavagna no se presentará como candidato con solo el respaldo de Alfonsín y de los amigos que le quedan al ex caudillo peronista, Eduardo Duhalde. ¿Tiene, acaso, espacio para otros soportes o aliados?

Alfonsín abrió el paraguas y descartó cualquier acuerdo con Mauricio Macri, que es de alguna manera la expresión del menemismo para esta década. Pero dentro de la UCR, hay algunas voces que sugieren llegar a algún convenio de conveniencia mutua. Para peor, Carlos Menem dijo que le gusta el ex ministro, aunque él quiere ser el candidato opositor, un sueño que sólo es funcional al oficialismo. Macri cree que él puede ir a un balotaje con Kirchner ya que Lavagna, supone, le restará votos al oficialismo, pero tercero en la porfía.

El áspero debate que se dio en el Parlamento por los «superpoderes», neologismo que el oficialismo rechaza, exhibió una oposición fragmentada, que le teme tanto al avance de Kirchner como la de mostrarse junta. Ahora es difícil suponer que Elisa Carrió, por caso, resigne a ir como candidata para facilitar la polarización, a pesar de que abandonó la conducción del ARI para «tener manos libres para actuar». En el plenario de su partido acaba de advertir sin embargo que será candidata presidencial sólo si se respeta su negativa a «acuerdos partidocráticos» o a «alianzas para conseguir cargos». En el ARI hay tendencias (pequeñas) a favor de Kirchner pero sobre todo para acordar con el socialismo sobre todo en Santa Fe.

Se especula que Macri resignará a sus ínfulas y se dedicará a priorizar la posibilidad de ganar la jefatura del gobierno porteño, una meta que ya en dos ocasiones no logró. Eso sería posible con algún acuerdo tácito con Lavagna.

 

El peso del discurso presidencial contra impunidad

Alfonsín quiere agregarle a su proyecto al socialismo, pero en este partido no hay interés en poner más en tensión que las que tiene con el Presidente. Saben que pueden ganar la provincia de Santa Fe con su carta mayor, el ex alcalde de Rosario, Hermes Binner y no desean dejar el precedente de torpedearle a Kirchner su proyecto electoral sea con él o con Cristina, su esposa. Los socialistas ya verán que hacen con las presidenciales. En Santa Fe se vota antes.

Pese a que el oficialismo prefiere la atomización opositora el Presidente con su discurso de confrontación permanente hace lo imposible para polarizar. Aún así especula que ese estilo no aglutinará a los no kirchneristas en torno a un candidato. En el kirchnerismo suponen que su numen no tiene techo electoral. ¿Es así? Quien históricamente arrasó fue Juan Perón en 1973 con el 62 %. Ese porcentaje no figura en los planes oficiales pero si Kirchner mantiene su popularidad podría rondar el 50% de los votos y los sueños de forzar un balotaje se derrumbarán. Además con el 45% le alcanza.

Sí, si todo fuera estático. Por lo pronto, su mayor problema es la oposición de los ganaderos que lo chucean con nuevos paros que tienen eco en las capas medias. Pero hay otros afluentes que le favorecen. Un tribunal en fallo histórico condenó a 25 años de cárcel a un torturador de los años del terror. La importancia esta dada porque es el primero tras la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida impuestas en los 80. La arrojaron al basural de la historia la larga lucha de las organizaciones de Derechos Humanos, pero el peso político que puso Kirchner para que ello tuviera aprobación legal no debería ser subestimado.

Quedó abierto el camino para condenar a los violadores a los derechos humanos, un crimen que no prescribe como dictaminó la Suprema Corte, la garante de las instituciones que el discurso opositor parece no tener en cuenta. *

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