López Obrador denuncia fraude y encabeza masiva resistencia civil

Hubo medio millón en el Zócalo y desde el miércoles trescientas «Marchas por la Democracia» provenientes de todo México se dirigirán hacia la capital azteca para defender el voto del 2 de julio. Ayer se presentó la impugnación ante el Tribunal Electoral. Exigen contar otra vez todas las hojas de votación. Prueban que gobernadores del PRI traspasaron sufragios al candidato de la derecha Felipe Calderón. El próximo domingo habría otra concentración gigante. El PAN se niega a la apertura de los «paquetes electorales» para la revisión voto por voto.

Para que no volviera a ocurrir lo que nos pasó en el acto de clausura de la campaña de la coalición de izquierda «Por el bien de todos», de que no pudimos entrar al atiborrado Zócalo, esta vez nos hicimos presentes en el lugar con dos horas de anticipación, y aún así apenas pudimos acceder a la principal plaza de la capital azteca. El acto estaba convocado para las cinco de la tarde, pero una hora antes ya no cabía un alfiler en el Zócalo, que tiene una superficie de casi seis manzanas, de modo que la gran cantidad de gente que seguía llegando a la convocatoria hecha 48 horas por Andrés Manuel López Obrador tuvo que conformarse con apiñarse en las calles de acceso. En tanto que la policía informó de una participación de 280 mil personas, el matutino La Jornada señaló que había asistido medio millón. Arrancó así la resistencia civil a los resultados del escrutinio de los comicios presidenciales del 2 de julio proclamados por el Instituto Federal Electoral (IFE) que otorgan a Felipe Calderón una ventaja de 0,58 por ciento sobre el candidato de la coalición de izquierda. Los medios de prensa fueron unánimes en afirmar que la concentración de este sábado fue mucho más grande que la del fin de campaña.

 

López Obrador: «Fue fraude»

Señalamos en anterior crónica que hasta ese día López Obrador se había limitado a señalar que el escrutinio primario dado a conocer por el IFE (Instituto Federal Electoral) estaba plagado de «irregularidades», «inconsistencias» e «incongruencias», pero que no había utilizado la palabra «fraude», a pesar de que la gente en la calle desplegaba todo tipo de carteles en los que se denunciaba una indudable maniobra fraudulenta orquestada por el Partido Acción Nacional, el IFE y el gobierno encabezado por Vicente Fox.

En su intervención de cuarenta minutos, López Obrador fue directo: señaló que se estaba ante un fraude. Refiriéndose a Felipe Calderón dijo que quienes han impuesto una política económica tendiente «a mantener y acrecentar sus privilegios»… «ahora quieren imponer en la Presidencia a un empleado incondicional, a un pelele que les garantice perpetuar la corrupción, que les garantice la corrupción, el influyentismo y la impunidad».

«Ese grupo -agregó- ve amenazados sus intereses cuando postulamos y defendemos un proyecto alternativo de nación, capaz de crear una nueva legalidad, que necesita, que urge en nuestro país; una nueva economía; una nueva forma de hacer política más digna; una nueva convivencia social; con menos desigualdad y con más justicia».

«Ese es nuestro proyecto, el que vamos a defender en cualquier circunstancia. Este pueblo necesita un cambio verdadero… Es importante la Presidencia, pero lo fundamental es que podamos transformar a nuestro país, y por eso estamos aquí y vamos a seguir estando el tiempo que sea necesario…».

En su intervención, interrumpida continuamente por aplausos y gritos del público que repetía «casilla por casilla; voto por voto» y «no al fraude».

López Obrador fue tajante: «Vicente Fox, sin recato alguno y sin cuidar la investidura presidencial, se dedicó a atacarnos y ha terminado por ser todo un traidor a la democracia».

Por si fuera poco -agregó- el Instituto Federal Electoral, que debió actuar con imparcialidad, se convirtió en ariete del partido de la derecha y se entregó por entero a señalar -y esto, les digo, me duele-: el miércoles, al igual que como hicieron el domingo, manipularon el sistema de cómputo e información. Y aunque ellos ya sabían de antemano el resultado, durante todo el día utilizaron la televisión para dar a conocer los supuestos cómputos electorales, jugando, ultrajando, pisoteando la dignidad, los sentimientos, la esperanza de millones de mexicanos…

 

«Estamos seguros que triunfamos»

«Estamos seguros -continuó López Obrador- de que a pesar de todas las prácticas antidemocráticas nosotros triunfamos el 2 de julio… Si contamos voto por voto se puede revertir el resultado del IFE. No es posible que quieran imponerse cuando ellos mismos han reconocido que ganamos tres de las cinco circunscripciones electorales del país. Que ganamos 16 estados, incluidos los de mayor población…».

«Quiero aprovechar esta oportunidad -dijo más adelante- para hacer una convocatoria respetuosa a los miembros del IFE y a los de la Suprema Corte de Justicia a valorar detenidamente la trascendencia histórica de la decisión que habrían de tomar. Llamo también al Ejército, institución fundamental y garante de nuestra soberanía, para que no permita ninguna intromisión en las sedes distritales donde se encuentran los paquetes electorales».

 

300 marchas desde todo México

En la parte final de su intervención ante la multitud congregada en el Zócalo y adyacencias, que no se movió a pesar de la insistente llovizna que hizo aparecer un verdadero techo de paraguas, López Obrador puso a votación cuatro propuestas concretas de movilización para la defensa del voto.

La primera fue llevar a cabo una «Marcha Nacional por la Democracia», a partir del miércoles próximo, desde los 300 distritos electorales, todos, en que está dividido el país, y que habrá de converger en Ciudad de México.

La segunda propuesta fue hacer una nueva concentración el próximo domingo 16 de julio, otra vez en el Zócalo, con una marcha previa desde el Museo Nacional de Antropología, para llevar a cabo lo que denominó la Segunda Asamblea Informativa.

La tercera propuesta consistió en formar en todos los lugares del país mexicano una red de comités de difusión para contrarrestar la presión que el gobierno viene haciendo sobre los medios; «para que constantemente se esté informando a la gente. De modo que si llegara el caso de que nos bloquearan los medios de comunicación, tendríamos una comunicación directa».

Por último «algo simbólico pero muy trascendente, que volvamos a portar, como en el desafuero, el moño tricolor (con los colores de la bandera de México) como distintivo de la lucha por la democracia en México».

La multitud aprobó ruidosamente e infinitos brazos se alzaron en el Zócalo. *

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