Irregularidades en la elección mexicana
Niko Schvarz
SIN DUDA una multitud se concentrará esta tarde en el Zócalo para escuchar los fundamentos de la impugnación que presentará Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Por el Bien de Todos, contra el dictamen del Instituto Federal Electoral (IFE) que proclamó ganador a Felipe Calderón con 35,88% de votos sobre López Obrador con 35,31%. Lo menos que puede decirse es que el recuento de los votos (y el proceso electoral anterior) estuvieron viciados de gruesas irregularidades.
La impugnación se efectuará ante el Tribunal Federal Electoral (Trife), reclamando el recuento voto por voto y casilla por casilla. El PAN lo rechazó de plano. En realidad, las irregularidades flagrantes se produjeron no sólo en el recuento, sino en la campaña electoral, marcada por la intervención del gobierno a favor de su candidato, y rubricada por la alocución en cadena del presidente Fox el domingo de noche, que fue un calco de lo dicho unos minutos antes por el presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde. Todo parecía concertado.
Hemos seguido paso a paso las alternativas del recuento, a través de Televisa y canales internacionales. El miércoles de tarde, con más de dos tercios de las actas computadas, AMLO se mantenía con una ventaja de 2,35%, que fue bajando sistemáticamente, sin ningún quiebre. Al llegarse, el jueves de mañana, al 97,44% de las actas, la ventaja quedó reducida a 0,05% y se invirtió la tendencia: con 97,84% de las actas ese porcentaje mínimo de ventaja pasó a Calderón, que alcanzó finalmente 0,57%.
Se ha mencionado al respecto el «factor Hildebrando», la manipulación de un algoritmo en el sistema cibernético del IFE, cuyo software fue instalado por la empresa Hildebrando SA de CV, que pertenece al denominado «cuñado incómodo» de Calderón, Diego Zavala. Dice una crónica desde México: «Según los expertos, se trataría de un algoritmo que habría servido para inhibir la ventaja de López Obrador y significa todo un reto matemático. La confianza y serenidad de Calderón y la dirigencia panista el miércoles y jueves, cuando López Obrador mantenía la delantera, permite conjeturar que el IFE estaba administrando las cifras y que ellos ya sabían el resultado».
Además, el mismo domingo de noche apareció otro hecho muy significativo: la desaparición de 3 millones de votos. Eso se lo oímos plantear al propio López Obrador.
Haciendo un cálculo sencillo del porcentaje de votos señalado por el propio IFE cuando estaba en marcha el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), señaló que en las cifras dadas a conocer faltaban 3 millones de votos. Un buen rato después el presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, dijo que esos votos los habían mandado al «archivo de inconsistencias» porque las actas eran «ilegibles». Pero ante la protesta las hicieron aparecer. Adviértase que se trataba nada menos que de 3 millones de votos y 11.184 actas. Pregunta La Jornada: «¿En qué momento dejaron de ser ilegibles? ¿Cuándo se volvieron confiables? ¿Por qué antes no lo eran y ahora sí?» La respuesta puede radicar en que, cuando se desató el paquete, los votos para López Obrador eran 888.971 y para Calderón 743.795. Pero hay más: para explicar el desaguisado, Ugalde dijo que cosas de ese tipo pasaban en todas partes y puso como ejemplo… la elección norteamericana que consagró a Bush por primera vez. Es mentar la soga en casa del ahorcado. Porque ése es el mejor ejemplo de una elección perdida en las urnas frente a Gore y ganada por maniobras escandalosas en el recuento, particularmente en la Florida con su hermano Jeb.
Hay montones de otras irregularidades. Por ejemplo: errores en la transcripción de las actas, casualmente siempre contra el PRD (en una casilla obtuvo 188 votos y le anotaron 88; es lo que se llamó la falsificación hormiga); sumas imposibles en 18.646 casillas, en las que la participación es superior al 100% de los inscritos; material electoral encontrado en un basurero de Ciudad Netzahualcóyotl, etc., etc.
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