Lula por la reelección
«SOY OTRA VEZ candidato dijo- , no por ambición, sino porque el proyecto de cambio de Brasil debe continuar; porque Brasil está hoy mejor que el que encontré tres años y medio atrás, pero puede y necesita mejorar mucho más; y para que los pobres sean menos pobres y puedan seguir mejorando su vida».
La emoción y la esperanza
Dice una crónica de Carta Maior: «La emoción surgió cuando Lula improvisó y mostró que conoce muy bien el sufrimiento y los anhelos del pueblo más pobre. Al hablar de programas sociales como Luz para Todos y Bolsa Familia, su voz se quebró cuando explicaba que esas iniciativas tienen un valor inmenso para las familias más humildes. Así sea para la madre que queda encantada al poder ver al hijo que duerme cuando se instala en su casa un pico de luz, o la familia que consigue alejar el problema del hambre con el aporte mensual de 60 ó 90 reales que percibe. ‘Para millones de brasileños que a veces pasan un año sin ver un billete de 5 reales, eso significa la certeza de que su criatura no va a morirse de hambre o quedar desnutrido. Quienes crean que esto es asistencialismo no saben lo que es una madre levantándose por la mañana sin tener un vaso de leche o un bocado de feijâo con agua para darle a los niños’, advirtió el presidente, recordando posiblemente su propia infancia».
Dijo más adelante: «Hoy estoy aquí para decirles que el sueño no terminó y la esperanza no murió. No hicimos todo lo que queríamos, pero hicimos mucho más de lo que cierta gente imaginaba». Para Lula dos tipos de personas hoy están frustradas: los que pensaban que el gobierno sería un caos, e hinchaban (torciam) para eso; y los que, con pasión e ingenuidad, imaginaban que todos los problemas del Brasil podrían resolverse en apenas cuatro años.
Comparaciones, antes y ahora
Más adelante introdujo una serie de comparaciones entre los índices del anterior y del actual gobierno. «Todos recuerdan el final del gobierno de ellos señaló- cuando la economía se encogía, el empleo disminuía y la pobreza aumentaba. Era el tiempo de la inestabilidad y de la vulnerabilidad económica, de la insensibilidad social, del malbaratamiento de la infraestructura, de los grandes apagones, de la saña privatizadora que dilapidó el patrimonio público, de la desesperanza y la baja estima» Ahora la situación ha cambiado. «Hoy muchos brasileños pobres están comiendo mejor, porque ganan más y tienen alimento más barato; pueden construir o reformar su casa, porque bajamos los impuestos y los precios de los materiales; pueden comprar su heladera, su cocina y su televisor, porque los ingresos mejoraron y el crédito se ha vuelto más accesible. Hoy vivimos una feliz combinación de inflación baja, mejor poder adquisitivo de las clases más pobres y mejor acceso al crédito», dijo el presidente, citando en su apoyo las estadísticas del IBGE según las cuales entre 2003 y 2004 salieron de la línea de pobreza 3,2 millones de personas (una reducción de 8%). «Es como si un ejército entero de pobres hubiese levantado cabeza y echado a andar en busca de un mejor destino», señaló, agregando que Brasil posee uno de los mayores programas de transferencia de ingresos del mundo, en alusión al programa Hambre Cero y la Bolsa Familia.
En referencia a la oposición, expresó: «Ellos piensan que el pueblo olvidó el tamaño del abismo que ellos cavaron, y que no engulló al Brasil porque éste es mucho mayor que el abismo cavado por ellos. En los hogares y en las plazas, en las fábricas y los campos, el pueblo está diciendo que no quiere que vuelvan».
Siete testimonios
A continuación Lula introdujo el testimonio de siete personas beneficiadas en aspectos vitales por las realizaciones del gobierno: un poblador del Vale de Jequitinhonha (Sâo Paulo) atendido por el programa Luz para Todos, que llevó energía eléctrica a 3,3 millones de personas; una señora de Formosa (Goiás) incluida en la Bolsa Familia, al igual que más de 11 millones de familias; una joven de Río de Janeiro, que ingresó a cursos superiores gracias al ProUni, que ofrece 250 mil becas a alumnos de enseñanza media; un pequeño productor rural de Cruceiro do Sul (Río Grande do Sul) con acceso al plan de ayuda a la agricultura familiar (Pronaf), que alcanzó 7,5 mil millones de reales en la última zafra; un pequeño empresario de Fortaleza (Ceará) que expandió su casa de comidas gracias a un microcrédito, que ya contabiliza 17 millones de operaciones con un volumen de 3 mil millones de reales; una ciudadana de Cidade Occidental (Goiás) que puede construir su casa gracias al crédito solidario de la Caja Económica Federal, que financia cerca de 350 mil unidades por año; y un señor de Santa María, en el Distrito Federal, que salvó su vida gracias al servicio de emergencia de ambulancias (SAMU), que funciona en 647 municipios.
Educación y otras prioridades
Lula señala las siguientes prioridades para un eventual segundo mandato: el equilibrio de las cuentas públicas, que incluye una nueva reforma de la seguridad social; una reforma política inmediata; la continuidad de la reforma agraria, que debe hacerse conforme a las normas legales; la reforma urbana y la seguridad pública. Menciona los avances logrados en esas áreas, así como en los aspectos ambientales, de la salud y la infraestructura, especialmente «en el esfuerzo por alcanzar la independencia energética, que estaría colocando al país en la vanguardia mundial». En resumen: «La línea maestra de nuestro modelo de desarrollo es el crecimiento sustentable, con distribución de ingreso, generación de empleo y reducción de las desigualdades sociales».
La prioridad absoluta es asignada a la educación. «Si tuviera que destacar una sola área de prioridad máxima para el próximo gobierno, citaría la educación. Si soy reelecto, procuraré intensificar el esfuerzo que ya estamos haciendo para revolucionar la calidad de la educación», fue el compromiso del presidente, considerando que solamente a través del conocimiento será posible concretar la auténtica revolución que necesita el Brasil. *
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