"Mi Lucha" marcó el camino del odio antisemita
Por Guillermo Israel
«Alemania debe ser más grande, los judíos deben ser eliminados, la guerra debe ser ganada…» eran el hilo rojo de una Biblioteca para la Juventud Alemana, que más tarde halló en «Mi Lucha» plena expresión fascista. Hitler marcó el camino, enre 1924 y 1945 envenó con su mente afiebrada a la opinión pública alemana y de otros países: «Si vence el judío con ayuda del credo marxista sobre los pueblos del mundo, eso sería la muerte de la humanidad; entonces este planeta se ha de vaciar de gente, como hace millones de años».
Hace poco pudimos leer en una publicación alemana, que el antisemitismo de los Nazis no llamó la atención en la Alemania de la República de Weimar, cuando se predicaba abiertamente la muerte de los judíos y la expansión hacia el este, alegando la necesidad de «espacio vital». Los nazis apelaron a usar la espada contra los ciudadanos de origen semita, espada que se llamó más tarde Gas Zyklon B, fabricado por la IG Farben, un gas letal para matar ratas, que se usó para eliminar judíos en los campos de exterminio.
Todo eso había sido anunciado por Hitler en su libelo cuando afirmó que si a tiempo se hubieran eliminados 12.000 canallas judíos, se hubiera podido salvar la vida de un millón de valiosos alemanes. La euforia chauvinista no tuvo límites, había que someter al comunismo y a la Unión Soviética y no faltaron académicos, caso del presidente de la Academia de la Poesía alemana, Hans Jost, que consideró que en Mi Lucha estaba expresado la voluntad y el credo de los alemanes, que los hace «peligrosos e irresistibles». Eso fue dicho a fines de 1941 cuando la ofensiva alemana en Moscú había sido frenada y la Blitzkrieg había encontrado por primera vez una resistencia que anunciaba la derrota de los invasores.
Recordamos a nuestros lectores estas terribles evocaciones que llevaron a la muerte a millones de personas, judíos, rusos y polacos, para que no sean minimizadas las andanzas de los neonazis, que matan a extranjeros, mendigos y amenazan a judíos. Los jóvenes que siguen a la prédica neonazi, vienen de familias normales, pero siguen bajo el influjo del trauma que dejó la guerra, se sienten perdedores y oyen decir a sus padres que los alemanes han sido traicionados por quienes suscribieron condiciones de paz. Los jóvenes observan lo que sucede con Polonia, que pronto ingresará a la Unión Europea, y trabajadores polacos ocuparán o ya ocupan puestos de trabajo en ciudades alemanas, simplemente por ser más baratos. Un pastor que vive en la isla de Usedom informa que un tercio de los jóvenes que viven allí son de extrema derecha, otro tercio está con la derecha y el resto es indiferente o adhiere a la izquierda.
En los liceos predomina la derecha y se persigue a quienes no se someten. El pastor afirma que es justo condenar duramente a los maleantes que atacan a ciudadanos extranjeros y alemanes, pero se impone una labor de auténtica prevención y de lucha seria e inteligente contra el extremismo, con la juventud. Eso, desgraciadamente, no se ha hecho. A los cabezas rapadas -«Skinheads»- hay que trasmitirles otros valores morales y éticos. Lo tiene que hacer la sociedad toda, dice el Pastor, con un programa que les abra a los jóvenes perspectivas para conseguir trabajo después de finalizar sus estudios o su ciclo de aprendizaje. Eso cuesta dinero, claro, dice el sacerdote, pero es dinero bien invertido.
La batalla para ganar la juventud no fue iniciada todavía. Sin influir sobre su conciencia no habrá cambios. Es necio pensar que con el tiempo cambiarán las cosas. No puede ser la derecha la que trabaje con los jóvenes. Ya una vez en el siglo pasado se pagó muy caro no haber hecho frente al fascismo. Los abuelos y padres de estos muchachos que atacan, matan, queman casas, fueron ganados por los nefastos conceptos de Mi Lucha.
La sociedad toda, en Alemania y en cualquier lugar donde asome su nefasta jeta, no debe capitular ante el malón. La sociedad tiene las posibilidades para enfrentarlo.
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