Los asesinatos impunes de las tropas de ocupación
Voici le temps des assassins
RIMBAUD
DOS SERIES de hechos, íntimamente conectados, están provocando una oleada de indignación en el mundo y en los propios Estados Unidos. Por un lado, la magnitud de las masacres cometidas por las tropas yankis de ocupación en Irak y Afganistán, la bestialidad de las torturas en las cárceles de Abu Ghraib, de Guantánamo, en las prisiones secretas en Europa, todo lo cual fue ocultado por el gobierno de EEUU hasta que estallaron a la luz pública. Por otra parte, el hecho de que los responsables de estos crímenes abominables siguen gozando de la más absoluta impunidad.
Haditha e Ishaqi, como My Lai
Desde diversas fuentes se ha reconstruido íntegramente la masacre perpetrada el 19 de noviembre 2005 en Haditha, sobre el Eufrates, 260 kilómetros al oeste de Bagdad. El Pentágono divulgó una versión falsa, justificando el accionar de las tropas, que mataron a los habitantes de tres casas, incluso mujeres y niños, y a 5 jóvenes que descendieron de un taxi, 24 personas en total. No hubo enfrentamiento armado, como se alegó, sino asesinato a sangre fría de gente inerme. Todo se conoció por una investigación in situ que efectuó Time, incluido el relato de una niña que escapó a la matanza junto a su hermano menor Abdul Rahman. Vimos el testimonio por TV del cabo Ryan Briones, que filmó a los muertos y ayudó a sacarlos de las casas (entre ellos, una niña decapitada), y de su madre desde EEUU, reclamando el cese de la guerra y el retorno de los soldados. Un cartel colocado ahora frente a una de las casas dice que fue asesinada la familia que vivía allí.
El pasado 15 de marzo sobrevino la masacre en Ishaqi, al norte de Bagdad, inicialmente revelado por un video de la BBC de Londres, que muestra a algunos de los 11 civiles, entre ellos niños y mujeres, que fueron rodeados y deliberadamente asesinados por tropas norteamericanas. Son los mismos métodos de los ocupantes nazis contra las poblaciones civiles. O de los yankis en el My Lai vietnamita. Algo similar sucedió en Kabul, donde tras un accidente vehicular desde blindados de USA se mató a mansalva a cuatro civiles afganos, lo que desencadenó manifestaciones que desembocaron frente a la embajada norteamericana con reclamo de retiro de las tropas al grito de Muera EEUU y Muera Karzai. Los asesinatos de civiles se extienden como una mancha de aceite en todos los países que sufren la ocupación de tropas yankis, y se suman a los bombardeos a las poblaciones desde el inicio de la invasión, las torturas en las prisiones, el asesinato del agente italiano Nicola Calipari en el atentado contra la periodista Giuliana Sgrena, el ajusticiamiento de iraquíes que se desangraban en una mezquita, entre tantos otros hechos.
Impunidad para los asesinos
La indignación crece porque los asesinos tienen la impunidad asegurada, y el mundo lo sabe. En penosas declaraciones Rumsfeld asegura que el 99,9% de los soldados tiene una conducta ejemplar. El comandante de las tropas en Irak, general Donald Campbell, como un loro se refiere al «coraje, capacidad y espíritu de sacrificio del 99,9% de los soldados estadounidenses» y ensaya justificaciones para las matanzas. Bush y la Condoleezza aseguran que todas las denuncias serán investigadas sin falta.
Pero cuando llega la hora de los hechos, resulta: que sobre Haditha no se investigó nada; y sobre Ishaqi se informa que «una investigación militar estadounidense exoneró el sábado a los soldados implicados en la matanza de 13 civiles», y el comandante en el terreno, general William Caldwell admitió que «existía la posibilidad de que hasta 9 personas pudieran haber muerto en daños colaterales». Reapareció la palabreja. Los soldados han sido condenados a concurrir a una clase de cuatro horas sobre ética y reglas de combate. Nunca es acusado un oficial; sólo los soldados, porque en caso contrario la investigación llevaría a los mandos superiores, y esto es lo que se quiere evitar a toda costa.
Impunidad para los mandos
Es del caso preguntarse qué y quiénes les van a enseñar. Porque a esta altura es evidente que las prácticas aberrantes de la tortura y los métodos terroristas de la «lucha antiterrorista» son inculcadas desde los mandos superiores, de Rumsfeld para abajo, los que tienen la impunidad asegurada de por vida. En un debate televisivo reciente varios legisladores hicieron notar que ningún alto responsable fue llevado ante la justicia, ni siquiera después del escándalo de Abu Ghraib. Y el senador demócrata Jack Reed manifestó que la clave consiste en ver si el gobierno intenta atribuir toda la responsabilidad sólo a algunos marines o soldados, o procura determinar «si esto se inscribe dentro de un problema sistemático». Esa es la cuestión. *
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