Un enviado de LA REPUBLICA en el país de los ayatolás

Una moderna Torre de Babel en Teherán

La República Islámica de Irán, enclavada entre Afganistán, Irak, Turquía, Armenia, Azerbiján, Turkmenistán, y Pakistán y con costas marítimas en el Golfo Pérsico, el Golfo de Omán y el Mar Caspio, tiene el porcentaje de jóvenes más alto del mundo que establece un promedio de 25 a 26 años de edad en su población.

Me encuentro alojado en el Azadi Hotel de Teherán, un 5 estrellas  versión iraní del Conrad puntaesteño  donde desde mi ventana del 17º piso se aprecia un impresionante paisaje de montañas con nieves eternas aún en plena primavera.

En el viaje de unos 20 minutos aproximadamente desde el aeropuerto internacional de Teherán hasta el hotel, pude observar una ciudad en obra, con complejos habitacionales e industriales y autopistas en plena construcción.

La primera instancia de interés periodístico de este viaje es la recordación del ayatolá imán Jomeini, en celebración del 17 aniversario de la desaparición física del líder de la revolución islámica de Irán, evento para el cual LA REPUBLICA ha sido invitada por el organismo central a cargo del mismo.

El lobby del Gran Hotel Azadi es una especie de Babel pintoresca. Los invitados, 267 en total provienen de 19 países de Asia y Oceanía, 12 de Europa, 10 de Africa y recorren las instalaciones y los pasillos del hotel hablando docenas de idiomas y dialectos. Apenas se ingresa al hall central del hotel, se ve instalado un gran cuadro del ayatolá Jomeini, frente a la casa de Neuphle-le-Chateau de París donde vivió los últimos días de su largo exilio, a fines de la década del 70, previo a su regreso definitivo a Irán. Custodiando su imagen están las banderas de todos los países de donde provienen las delegaciones invitadas y entre ellas una sola bandera latinoamericana, la uruguaya, con que los organizadores saludaron a este periodista, único latinoamericano invitado a los actos oficiales.

Teherán es una ciudad con 10 millones de habitantes aproximadamente y por lo que se observa en sus calles y autopistas, pareciera que también hay una cantidad igual de automóviles, ómnibus y camiones, etc, lo que presenta al tránsito en esta capital como uno de los más anárquicos, intensos y desafiantes que hayamos visto en el mundo. Por supuesto, los iraníes entre otras cosas son excelentes choferes y ágiles peatones, sólo eso explica que el porcentaje de accidentes y víctimas fatales a consecuencia de ello sea inferior a los registros de nuestra pequeña y tranquila Montevideo.

A simple vista no aparece Irán ante los ojos del recién llegado como un país bajo condena, ubicado en el centro del blanco adonde apuntan las amenazas irracionales del imperio Bush y sus asociados. Se muestra sí, como una especie de hormiguero gigante donde cada uno de sus miembros cumple su función, disciplinadamente o no, pero la cumple. Hombres y mujeres compartiendo responsabilidades y en su mayoría, ya lo dijimos antes, muy jóvenes.

Por supuesto estos son simples apuntes tomados apresuradamente mientras preparo mi primer mate amargo en la madrugada de Teherán, por la diferencia horaria, casi simultáneamente con los apuros del cierre de nuestro diario en Uruguay.

Y ya que de diarios hablamos, aquí se editan varios en idioma persa y otros tantos en inglés. Muchos son de circulación nacional y otros regionales, pero sus tirajes son impresionantes y se venden al público a 1.500 riales que al cambio del día es algo así como unos tres pesos de nuestra moneda uruguaya. Otro aspecto interesante es que con lo que cuesta un diario, se pueden pagar cuatro o cinco pasajes de transporte colectivo en Teherán, por lo que es fácil suponer que trasladarse en ómnibus o en subterráneo, es prácticamente gratis.

Al llegar fuimos recibidos en la terminal aérea de Teherán por delegados del gobierno iraní y del comité organizador del evento, así como por el embajador uruguayo acreditado en este país, José Luis Remedi, quien se puso en un todo a nuestra disposición. Desde ahora en más, luego de algunos retrasos imprevistos en el viaje desde Uruguay, nos espera una intensa agenda de actividades que intentaremos reflejar en sucesivas crónicas en las páginas de LA REPUBLICA.

Representantes del Ministerio de Cultura, de Relaciones Internacionales y del Parlamento iraní nos han preparado una serie de entrevistas y notas que nosotros complementaremos con todo aquello o todas aquellas situaciones que consideremos de interés desde este otro lado de la civilización.

Y ya que de civilización hablamos, no deja de impresionarle a este cronista, llegado desde un país con no más de 250 años de historia conocida, el hecho de estar en una región donde aún se conservan testimonios de más de 2.500 años de civilización y cultura. Porque entre otras cosas, la República Islámica de Irán es parte fundamental del ombligo cultural que la antigua Persia significó  y significa  para la humanidad.

Finalmente, como cierre de esta primera aproximación, quiero trasmitir el fragmento de un poema de Omar Jayyam, uno de los mitos de la cultura de este país, que creemos refleja el espíritu de disfrute y goce de la vida que según los propios iraníes los caracteriza:

«Si pasa un momento de tu vida no lo dejes pasar sin felicidad, observa que el principal afán del mundo la vida es, y tan bien como la pases, pasará». *

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