El reto formidable de gobernar un Perú
García quien recibe una segunda oportunidad tras haber dejado en la ruina a su país tras su primer gobierno, entre 1985 y 1990 ganó la segunda vuelta con 53,5% contra 46,5% de su rival, con 91% de los votos computados.
Estigmatizado por ese primer gobierno, García accederá a la presidencia sin un verdadero respaldo popular, sobre todo por el rechazo que generó en gran parte de la población Humala, un militar retirado sin experiencia política percibido como un aliado incondicional del presidente venezolano Hugo Chávez.
A pesar de su derrota, Humala demostró una gran arrastre al ganar en 15 de los 24 departamentos peruanos, y haber instalado -como él mismo destacó- un «cambio en el mapa político» y una agenda de demandas sociales que García estará obligado a satisfacer.
A la neta división del país se suma para el presidente electo el problema de sólo tener 36 de los 120 escaños del Congreso unicameral, lo que le obligará a buscar alianzas, en particular con el fujimorismo (13) y la derechista Unidad Nacional (17) para formar mayoría y contrarrestar las 45 curules del humalismo.
«¿Como será la oposición de Humala?», se pregunta el politólogo Aldo Panfichi, consultado por la AFP.
«El gran reto para Humala será mantener una estructura partidaria y la gran incógnita es saber hasta qué punto va a poder controlar a esos congresistas golondrinos», dice. «García va a tener que trabajar bastante para lograr una base de legitimidad pues su apoyo espontáneo en la primera vuelta fue de 20%. Buena parte de sus electores en segunda vuelta fueron persuadidos más por una campaña de miedo que por sus méritos propios», opina el analista Nelson Manrique.
Manrique plantea también el temor que se generó de que Perú se convirtiera en un feudo de Venezuela, dada la injerencia permanente de Chávez, con un discurso tan radical que prometió romper relaciones con Perú si es que Alan García ganaba.
De hecho, en su mensaje de victoria García expresó que se había neutralizado «el esfuerzo del señor Hugo Chávez de incorporarnos a su estrategia de expansión del modelo militarista y retrógrado que ha pretendido implantar en Sudamérica».
El resultado de la elección fue «una gran bofetada para Chávez», dijo a la AFP el analista Hugo Neira, una percepción que tuvo también el subsecretario de Estado norteamericano, Bob Zoellick, quien señaló que el triunfo de García fue «la mejor respuesta» a Chávez. «Chávez no se imaginó el daño que le hizo a la campaña de Humala», dijo a la AFP Manrique, mientras que el politólogo Mirko Lauer señaló que el triunfo de García «le quita un eslabón clave a la cadena andina que quería forjar Chávez».
«Creo que Chávez es el gran derrotado y a partir de ahora empieza el momento de la contención a la ofensiva venezolana sobre la subregión andina y el resto de América del Sur», dijo a la AFP el internacionalista Alejandro Déustua. Para el catedrático Farid Kahatt, consultado por la AFP, la teoría del dominó de Chávez (cae uno, caen todos) registró una derrota «porque una ficha (Perú) se resistió a caer».
Los analistas coinciden en que el fracaso de un eje Caracas-La Paz-Lima significara un fortalecimiento de un eje Lima-Brasilia e incluso Lima-Santiago, ya esbozados por el presidente electo.
Pero si García llega con un panorama político difícil, se beneficia, en cambio, de una economía en expansión, con crecimiento superior al 5% en los últimos tres años y que sigue gozando de los altos precios de la minería en el mundo. Su gran reto será, entonces, hacer que esa riqueza se distribuya mejor entre la población. *
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