Kirchner, rumbo a la reelección
Vale la pena repasar cómo comenzó el breve discurso. «Y hoy volvimos a la Plaza», recordando la asunción de Héctor J. Cámpora el 25 de Mayo de 1973, la expresión de la izquierda peronista que poco después, Juan Perón desplazó y un año más tarde la Juventud Peronista y los Montoneros, abandonaron ese mismo paseo político cuando hablaba el viejo general, con palabras nada amables para la que llamó «juventud maravillosa».
Fue una reivindicación implícita de la juventud peronista y una reconquista de la Plaza «par los trabajadores y las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo», una forma de recordarle a las organizaciones piqueteras y de izquierda que desde la crisis de 2001, lograron ser los únicos capaces de cubrir de militantes el lugar. Precisamente este sector dijo una y otra vez estos días, que «la Plaza es solo para los que luchan».
Kirchner ni siquiera mencionó su posible reelección el año próximo por otros cuatro años. Pero el asunto estuvo toda la jornada, en estribillos (borombombón, borombombón, queremos todos la reelección) de un sector acotado de la multitud que los organizadores del mitin estimaron en 350 mil personas pero los medios de prensa rebajan a 150 o 200 mil. Es un dato pocas veces equiparable en el pasado y similar a aquellas concurrencias que seguían al fundador del justicialismo, Juan Domingo Perón, o a su esposa, Eva Duarte. Un gran cartel casi al frente de la multitud, que rezaba «Kirchner, 2007″ y la figura de un pingüino gigante en los techos de la Casa Rosada con un cartel «2007», dijeron bastante en este tema. El acto, tanto por su color y cómo se motorizó con el apoyo de un formidable aparato difícil también de igualar, que fogonearon gobernadores, intendentes y movimientos sociales, rememora al peronismo de los ´50. Pero Kirchner, que cuida de los valores simbólicos, puso a su lado a las grandes referentes de las organizaciones de Derechos Humanos, Hebe de Bonafini, de un sector de Madres de Plaza de Mayo, y a Estela de Carlotto, la mítica líder de Abuelas de Plaza de Mayo. A las dos, viejas rivales, las une el Presidente al que le regalaron los pañuelos blancos que las identifican.
Formas del peronismo histórico con un discurso diferente
Además, al grupo de artistas que preparó el clima para su disertación, todos ellos del universo de la intelectualidad progresista, como Víctor Heredia, Teresa Parodi o Mercedes Sosa. Otro dato más: un eslogan muy coreado (y alentado) fue aquel setentista de alcance latinoamericano: «El Pueblo unido, jamás será vencido». Formas parecidas que vienen del pasado, y otro contenido en el discurso.
De la muy comentada presencia de gobernadores e intendentes de la Unión Cívica Radical, se vio poco, aunque hubo algunos alcaldes de ese color.
El Presidente también reivindicó la política económica de su gestión recordando al «país en llamas» que recibió y comparando el bajo nivel de votos que lo llevó a la primera magistratura en 2003, con su triunfo electoral de octubre último y la muchedumbre que lo acompañó en la víspera. Eso le permitió darle duro a Carlos Menem por haber desistido de la segunda vuelta tras las elecciones de 2003 y también a los mandos militares de la última dictadura, cuando reivindicó la derogación de las leyes que impedían procesar (como está ocurriendo) a los violadores a los derechos humanos.
También remarcó logros como la refinanciación de la deuda en default, el pago al Fondo Monetario Internacional que, dijo, le permite aplicar una política sin mentores, y la «recuperación de la industria, del campo y de sectores de la producción». «Mi sueño es ayudar a construir una Argentina cada vez más plural. Levantando la bandera que nos contenga a todos. Vamos a profundizar el proceso de cambio en el país. Levantemos la diversidad, levantemos la pluralidad», fueron los párrafos más salientes de su flamante discurso con un llamado a la concertación.
En los otros pasajes del discurso presidencial hubo menciones a la liturgia peronista que no solían aparecer en sus palabras. Por un lado, definió al balcón de la Casa Rosada como un lugar que «ya tiene dueño» y mencionó a Juan Domingo Perón y a Evita.
Una homilía dura
Acaso porque el discurso apenas superó los 12 minutos, fueron escasas sus reflexiones sobre política externa, salvo la apelación a la Patria Grande y a la defensa del espacio de América Latina. Ni rozó el problema con Uruguay sobre las pasteras de Fray Bentos,
No todas fueron glorias, en una jornada que Kirchner esperó hace tiempo y con un balance, seguramente, que lo deja satisfecho. Por la mañana, en la Catedral Metropolitana, durante el Te Deum por el día Patrio, el cardenal Jorge Bergoglio leyó una homilía con dardos duros, que bien pudieron ser dirigidos a aspectos de la acción del gobierno como para todos los actores políticos, sociales o gremiales. Bergoglio pidió «cultivar la amistad social» y enumeró una serie de principios éticos para una sana convivencia. Criticó «el internismo y la calumnia» y sostuvo que el poder «nace de la confianza, no de la manipulación y la prepotencia». Además, convocó a «saber pedir y ofrecer perdón, renunciando al odio y a la violencia».
Es sabido que las relaciones entre el Presidente y la Iglesia no son cordiales, pero Kirchner al aceptar ir al acto religioso, pagó un costo que, pareciera, tiende a abrir nuevos puentes con los religiosos.
Kirchner habló además de amenazas contra su vida proferidas el miércoles en un acto de reivindicación de la dictadura terrorista, con miles de personas en Plaza San Martín, entre ellas, altos jefes militares retirados y algunos en actividad y con uniforme.
El Ministerio de Defensa analiza sancionarlos.
La oposición protestó por usar un día como el de ayer para un acto oficialista. Veremos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad