Análisis internacional

Las elecciones colombianas

Parece difícil evitar la reelección de Alvaro Uribe en los comicios colombianos, cuyo primer (y quizá único) turno tendrá lugar el domingo 28. Sin embargo, el hecho más notable del último tramo de la campaña es el franco ascenso del candidato del Polo Democrático Alternativo, el ex magistrado y legislador Carlos Gaviria. Las últimas encuestas lo acercan al 25%, mientras se ha desplomado la candidatura del liberal Horacio Serpa, aspirante por tercera vez, que araña apenas el 10%.

En una América Latina que va girando hacia la izquierda, el gobierno de Uribe aparece como el más afín a EEUU, jugado ostensiblemente a la carta reeleccionista. El rasgo fundamental de estas «relaciones carnales» es el Plan Colombia, que con el socorrido pretexto de la «lucha antiterrorista» ha inundado el país con asesores militares norteamericanos, con efectivos y mercenarios de la misma procedencia que desde la base militar de Tres Esquinas intervienen en el conflicto interno y han urdido provocaciones contra los países vecinos, con penetración en el territorio de Venezuela e incidentes con Ecuador. De paso sea dicho, Colombia firmó un TLC con EEUU, mientras que el gobierno ecuatoriano de transición tomó medidas con la Occidental Petroleum (Oxy) norteamericana, por lo que el gobierno de ese país rompió las negociaciones sobre el TLC en ciernes. El pasado 16 de marzo Bush expuso su Estrategia de Seguridad Nacional, que incluye amenazas directas a Venezuela y el reforzamiento de la «ayuda» militar a Colombia, que este año es de 483 millones de dólares, más 250 millones adicionales dentro de la Iniciativa Regional Andina (IRA) y otros 26 millones para la Armada. En 5 años EEUU entregó 4.729 millones de dólares al Plan Colombia, que sumados a los vertidos dentro de la IRA sobrepasan los 7 mil millones de dólares para la guerra, estando prevista la extensión del Plan hasta 2009.

En este cuadro se inscribe la propuesta de EEUU de incluir a Colombia como aliado extra de la OTAN, tal cual lo hizo Argentina en 1997 y luego El Salvador, único país latinoamericano que mantiene tropas en Irak. Ello fue revelado por el diario bogotano El Tiempo el 15 de mayo. La canciller Carolina Barco confirmó la existencia de esta propuesta, consustancial a los planes intervencionistas contra Venezuela.

No es por cierto el único hecho. Desde Condoleezza Rice a Rumsfeld, pasando por Negroponte y el jefe del Comando Sur, Brantz J. Craddock (en el cargo desde noviembre 2004, notorio halcón y ex asistente del secretario de Defensa), han reiterado que el gobierno bolivariano constituye «un peligro para la región», instando al gobierno colombiano a participar en la cruzada antichavista. Aquí entran a jugar las bandas armadas de los paramilitares. Digamos de paso que cuando Uribe fue gobernador de Antioquia, a mediados de los 90, auspició la formación de grupos de autodefensa para luchar contra la guerrilla, que después se transformaron en las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia). Está probada la incursión de casi un centenar de paramilitares colombianos en el golpe de Estado contra Chávez de abril 2002, y la complicidad de agentes del organismo de seguridad colombiano DAS, que está penetrado por agentes de los paramilitares, en el asesinato del fiscal venezolano Anderson, que investigaba precisamente a los responsables del golpe. Es lo que se denominó la «paramilitarización del DAS», la vinculación de las bandas paramilitares con los organismos de inteligencia en el complot contra Venezuela (véase mi nota del 19 de abril, La telaraña mafiosa de los paramilitares y el DAS).

El presunto desarme de las AUC fue una maniobra propagandística de Uribe. Estas han venido actuando como un destacamento del ejército en las operaciones antiguerrilla, dominan zonas enteras y ahora les entregan nuevas tierras, tienen estrechísimos vínculos con los capos de la droga, reprimen y chantajean, se jactan de elegir a sus propios parlamentarios. Las conversaciones con el ELN fueron sólo «pour la galerie». Uribe rechazó de plano la propuesta de intercambio humanitario de las FARC, apoyada por un gran movimiento en Francia por la liberación de Ingrid Betancourt.

Es la forma plasmada de unión de la izquierda, que lleva como candidatos a Carlos Gaviria y la periodista Patricia Lara. En las legislativas del 12 de marzo obtuvo más de un millón de votos, 15% del total y representación en ambas Cámaras. Según un balance del PCC, «resultados positivos que son el efecto de la unidad. Lo que antes se destacaba como una fuerza en Bogotá se ha ampliado nacionalmente. Es el resultado de la unión, pero también del atractivo de la lucha en una perspectiva que va más allá de lo electoral». *

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