De La Rúa sale de gira con angustias
Por Isidoro Gilbert
El presidente Fernando de la Rúa parte hoy en gira de diez días que abarcará México, las Naciones Unidas, Canadá y sobre todo China Popular, dejando sin definición la más grave crisis política de los últimos 17 años, a raíz de los posibles sobornos en el Senado Nacional, para que se votara como quería el gobierno la llamada Ley Laboral.
Ya hay ocho senadores con pedido de desafuero por los supuestos sobornos. Pero nadie piensa que con esto alcanza. El vicepresidente Carlos «Chacho» Alvarez cree que lo principal, por ahora es que se «empieza a demostrarse que hay avances. Porque había que luchar contra la desconfianza de la gente en un país en el que siempre se puso poca voluntad para investigar casos de corrupción». Con todo, no se le pasa al vicepresidente que si hubo coimas, alguien pagó. Por eso enfatizó al diario Clarín que «si hubo sobornos habrá que seguir la pista del dinero en los patrimonios, en los gastos, en todas las investigaciones sobre el entorno de los senadores. El Presidente fue muy claro. Si alguien transgredió las normas éticas será sancionado políticamente y será enviado a la Justicia. Para que sea un disparador de la transformación política en la Argentina, este hecho tiene que ser esclarecido. Por más voluntad que pongamos no nace lo nuevo si este hecho tan grave no tiene dilucidación», dice con fuerza.
Cohesión
Alvarez desmiente que existan encontronazos con el Presidente por la forma de encarar, de frente a la opinión pública, este escándalo. «Todo lo que hice fue consultado con el Presidente. La diferente actitud no es que él hubiera pensado una cosa y yo otra, sino que mi lugar obligaba a pilotear el tema porque el hecho central ocurría en el Senado», le comentó a Clarín.
En rigor, Alvarez nunca dudó que podría haber soborno; el Presidente pasó de decir que «eran versiones absurdas» a anticipar que no dudará en castigar a los altos funcionarios que pudieran estar implicados. Pero volará al exterior sin dar señales en esa dirección como se le reclamó casi públicamente el gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf, todavía el más firme aliado de De la Rúa dentro del peronismo. Estas vacilaciones presidenciales permiten conjeturar que la crisis no saldrá por ahora ni de los estratos institucionales ni de las primeras planas de los diarios. Los consejeros presidenciales temen que algunas renuncias puedan ser entendidas como un reconocimiento de que el gobierno avaló la inmundicia y abra un camino similar al del Watergate en los EEUU. Alvarez queda hoy al frente del Poder Ejecutivo con una pésima relación con el Senado Nacional, donde dejó enemigos, además, en el bloque radical. «Tenemos percepciones distintas de la gravedad de este conflicto», se disculpa para no decir que hirió de muerte a un sistema de favores que involucra a los dos grandes partidos.
Lo mismo ocurre con los peronistas. «Mostramos una actitud distinta a la que había tenido el gobierno anterior respecto a hechos que podían rozar el propio poder. Esos hechos en general se disimulaban, se ocultaban. Yo siempre pensé que nosotros teníamos que responder de manera distinta. En este caso es un golpe al plexo del Senado, pero que toca también indirectamente al Poder Ejecutivo», reconoce.
El senado debe cambiar
En la Cámara alta, según su titular nato, «se viene de rutinas que lo han colocado de espaldas a la sociedad. Ahí se manejaba mucho la idea de una cultura opaca, del secreto. Se verifica cuando el Senado termina votando, dos meses después de la denuncia, una comisión investigadora repudiada por la sociedad por no creíble. Y lo hace después de que el bloque del Partido Justicialista dice que esto es una conspiración, un golpe institucional que el vicepresidente le da al Presidente. Eso demuestra el grado de divorcio del Senado respecto de la sociedad».
Sin embargo el vicepresidente no cree que todos los senadores puedan ser imputados como deshonestos. «Decir que renuncien todos es huir hacia adelante; no resuelve el tema de los sobornos», comenta.
¿Cuál es entonces la solución? Alvarez da la suya: «cambios políticos en las principales posiciones del Senado. Y seguir defendiendo la legalidad del cuerpo. Hay que tratar los temas fundamentales del país; es la manera de que la crisis no impacte en la economía». De otro modo, anticipó De la Rúa, la parálisis obligará al gobierno a aplicar decretos de necesidad y urgencia. Los analistas sostienen que en el ámbito de gobierno debería haber algún cambio: «Eso lo debe definir el Presidente de la Nación. Son sus empleados». Y no habla más sobre este aspecto de la crisis.
Lo que pasó en estas semanas «es un costo para todos. Por eso –dice– hay que transformar esta crisis en una oportunidad, que signifique reflexionar y cambiar las prácticas políticas de los que usan las instituciones para el intercambio de favores, que vienen desde los inicios de la democracia».
«Es bueno que se cambie ahora, que no nos pase lo de otros países en que aparecen los mesiánicos para venir a plantearnos un modelo de poder autoritario». Para reflexionar.
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