El cometa SW3 se va a pulverizar cerca de la Tierra
El SW3 se situará a tan sólo treinta veces de la distancia que separa nuestro planeta de la Luna, es decir, a unos diez millones de kilómetros.
Los dos mayores fragmentos del cometa ya pueden observarse estos días no sólo con telescopios o prismáticos, sino incluso a simple vista.
En plena noche, hay que dirigir los ojos hacia el zénit y «buscar un punto que se desplaza lentamente», señala a la AFP Jacques Crovisier, del Observatorio de París-Meudon.
«Durante varios días, las observaciones podrán hacerse sin ningún instrumento y en las semanas siguientes, con la ayuda de unos prismáticos», precisa.
«Sin embargo, la contaminación lumínica de las ciudades impide la observación, por lo que hay que ir al campo o bien pedirle al alcalde que apague las farolas», añade Crovisier.
La historia del SW3 arranca en 1932, cuando dos astrónomos alemanes del observatorio de Hamburgo, Arnold Schwassmann y Arno Arthur Wachmann, lo descubrieron entre las imágenes tomadas para un estudio de planetas.
Hasta el momento, el cometa gira alrededor del Sol en 5,4 años, en una órbita alargada que le llevaba al interior terrestre de Júpiter. Poco brillante, no volvió a ser detectado hasta 1979.
En 1995, el radiotelescopio francés de Nançay (centro de Francia) permitió observar un resplandor totalmente inesperado y justificado un año después por los telescopios del Observatorio Europeo Austral (ESO) de La Silla, en Chile: el SW3 se había despedazado en tres trozos (llamados A, B y C).
Dos fragmentos suplementarios fueron detectados un poco después, por la fractura del A. Desde entonces, los astrónomos observaron cómo el cometa entraba en una espiral de desfragmentación.
Con la ayuda del telescopio espacial Hubble, el estadounidense Hal Weaver y su colega francés Philippe Lamy obtuvieron imágenes espectaculares de la desintegración del cometa.
En estos momentos, existen más de cincuenta fragmentos suficientemente grandes para ser distinguidos, aunque el proceso de desfragmentación continúa.
Gracias al SW3, los astrónomos pueden asistir al proceso natural de un fenómeno que el año pasado provocaron artificialmente, al proyectar la sonda estadounidense Deep Impact contra el cometa Tempel 1 con el fin de averiguar su composición.
Paradójicamente, el experimento originó más preguntas que respuestas acerca de la formación del sistema solar. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad