El annus horribilis de un presidente
Más impopular y criticado que nunca, Chirac, viejo lobo de la política, se prepara para vivir un último año en el poder que se adivina «interminable», caótico, estéril, sembrado de embustes e intrigas, según los analistas políticos de este país.
«La perspectiva de las elecciones agita los espíritus», pero todavía «falta un año» para esta fecha crucial, recordó el jefe de Estado esta semana, quien todavía no ha informado de sus intenciones de cara a 2007, aunque un tercer mandato parece totalmente descartado.
Debilitado física y políticamente, Chirac, de 73 años, vuelve a ser primera página de todos los diarios. Con un gesto serio y envejecido que se opone a su vitalidad legendaria, el mandatario intenta salir ileso de un escándalo que amenaza con enturbiar definitivamente su «fin de reinado».
Según las informaciones publicadas por la prensa, que tienen como fuente elementos confidenciales de una investigación judicial, Chirac podría haber dado instrucciones en 2004 a Dominique de Villepin, hoy primer ministro y en la época titular de Relaciones Exteriores, para que investigara a algunos políticos.
Los nombres de estas personalidades públicas se incluían en una lista falsa de supuestos titulares de cuentas bancarias en Luxemburgo, abiertas vía la sociedad francesa Clearstream y nutridas gracias a comisiones ilegales.
Entre ellos se encontraba el titular de Interior, Nicolas Sarkozy, enemigo personal de Chirac y Villepin y convencido de que «alguien» intentó perjudicarle políticamente. La República francesa «no es la dictadura del rumor ni de la calumnia», recalcó Chirac el miércoles, que se ha obligado a desmentir estas acusaciones.
Por si los problemas eran pocos, el semanario satírico Le Canard Enchainé publicó esta semana que el mandatario posee una cuenta bancaria en Japón con 58 millones de dólares de misterioso origen, información que no estaría vinculada al caso Clearstream pero que la Presidencia desmintió tajantemente. «Si la situación continúa así, la derecha no llegará a la segunda vuelta de las presidenciales», vaticinó el sociólogo Emmanuel Todd.
Hombre imprevisible, pragmático y lleno de misterios, Chirac que antes que presidente fue diputado, ministro, dos veces primer ministro y ex alcalde de París, parece haber perdido sus ganas de posar para los fotógrafos como un actor de cine, de pasear su sonrisa interminable y de repartir apretones de manos entre todos los ciudadanos que se cruzan en su camino. La situación no es para menos. Hace exactamente un año, Chirac sufría el primero de una serie de reveses fatales: la victoria del ‘no’ en el referéndum sobre la Constitución europea. El presidente, que se había involucrado personalmente en la campaña por el ‘sí’, vio cómo la posibilidad de un tercer mandato se eclipsaba.
Por ello, decide elegir a un heredero político. Chirac ve en Villepin el hombre perfecto para poner freno a las ambiciones de Sarkozy y le nombra primer ministro.
Meses después, en septiembre, el presidente sufre un ataque cerebral tras el cual no vuelve a ser el mismo.
Tal vez por causa de su debilidad física, el jefe de Estado fue prácticamente invisible en la ola de violencia que estalló en octubre en los suburbios de París.
Tras estos disturbios quedó claro que el modelo social francés, del que tanto presume Chirac, estaba en crisis pero que las reformas impulsadas por este ejecutivo de derecha son mal recibidas.
«El jefe de Estado ya no merece la confianza de los franceses», declaró recientemente el politólogo Jerome Jaffré.
Efectivamente, en febrero, las calles de Francia se llenaron de manifestantes que se oponen a un contrato juvenil lanzado por el gobierno y presionado por estas protestas multitudinarias y las huelgas masivas, la medida laboral es retirada. *
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