Los inmigrantes latinos no pudieron golpear la economía de los EEUU
Las asociaciones empresariales no pudieron estimar en cifras exactas las pérdidas o dar un porcentaje a nivel nacional del impacto que tuvo el boicot total o parcial que realizaron el pasado 1º de Mayo los hispanos. Son un 15% de la fuerza laboral y tienen un poder de compra por encima de los 735 millones de dólares anuales, un 8,1% del total en Estados Unidos. Pese al impacto mediático y político de la movilización a favor de los indocumentados, los analistas coinciden en que la principal economía del mundo siguió funcionando y casi no sintió el impacto del denominado día sin inmigrantes.
Particularmente sectores como el textil, agrícola o la construcción fueron los que sufrieron pérdidas por la anunciada ausencia de sus trabajadores, sobre todo en las grandes ciudades de la costa de Estados Unidos, donde vive la mayor parte de la inmigración hispana, la primera minoría, adelante de los afroamericanos y los asiáticos. Algo que ya preocupa a los restantes grupos étnicos, afirman los expertos.
Vernon Briggs, profesor en la Universidad de Cornell en Nueva York y coautor en 2004 de un libro sobre las consecuencias de la inmigración reciente en la comunidad negra estadounidense, cree que la tesis de que los indocumentados latinoamericanos le quitan el trabajo es completamente válida. «Los indocumentados están en competencia directa con los negros, tanto en el plano geográfico como en el mercado laboral», explicó Briggs.
Un negro pide 20 dólares por hora, un latinoamericano 8 dólares la hora
«El índice de desempleo de los negros, es de 9,3% contra menos de 6% para los hispanos», destacó el profesor universitario. «Mientras un obrero negro pide 20 dólares por hora, un obrero latinoamericano está dispuesto a recibir 8 dólares la hora», sostiene Briggs.
Lo cierto es que en Los Angeles, más del 45% de la población es de origen hispano y se movilizaron unas 600.000 personas. El jefe del Consejo de Desarrollo Económico del condado, Jack Kyser, dijo que aún sin terminar de contar las pérdidas, «el impacto económico del boicot se cifraba en 52 millones de dólares».
«Las pérdidas podrían llegar hasta 100 millones», una cifra alta pero sin gran significado en los 1.200 millones de dólares de ganancias diarias que promedia ese condado de California.
En el puerto de esa ciudad, unos de los tres más importantes del país, los camioneros se sumaron al boicot parando así más del 70% de la actividad de entrega de mercancías.
En la mayor fábrica textil de Estados Unidos, American Apparel, cuya casa matriz está también en Los Angeles, su dueño, Dov Charney decidió cerrar y darle el día libre a sus 3.300 empleados para que protestaran, lo que se tradujo en unos 400.000 dólares de pérdidas, según comentó a Los Angeles Times.
Charney, quien ha hecho de la promoción de esta cadena de ropa joven de algodón un estandarte de la defensa de los derechos laborales, por lo cual sus piezas en serie y sencillas cuestan más que en cualquier otra tienda, le dio a sus empleados camisetas blancas con un mensaje pro migración para que marcharan.
Empresas procesadoras de alimentos como Tyson Foods y Cargill pararon decenas de sus plantas. En los campos de California y Florida más de la mitad de los trabajadores agrícolas -una gran mayoría centroamericanos e ilegales- faltó, y en la construcción varias obras se paralizaron por falta de obreros.
Pero «el efecto económico es apenas contable, incluso mínimo. Los pequeños negocios fueron los que cerraron», sostuvo David Wyss, jefe económico de la consultora Standard and Poor’s, agregando que es «muy duro cuantificar el impacto en dólares, cuando ni siquiera se sabe con exactitud la participación en las marchas».
En los barrios latinos de Nueva York y Nueva Jersey fue donde más impactó el cierre de pequeños comercios, según algunos reportes. Horacio Aldrete-Sanchez, economista de Standard and Poor’s, autor del estudio «El Costo de la Inmigración Ilegal», admitiendo que una medida como el boicot es difícil de que golpee la economía estadounidense, «sí hay ciudades que dependen en gran parte del aporte del impuesto estatal, algo viene de las compras de todos, incluso los indocumentados».
«Por lo tanto a la cadena de consumo y recaudaciones de Texas, Arizona, California, Nueva York o Florida, no le son indiferentes los indocumentados, no sólo por la mano de obra barata», señaló. De acuerdo a Aldrete-Sánchez «el impacto del consumo de los inmigrantes indocumentados se calcula en 200.000 millones de dólares anuales, y dentro de los inmigrantes ilegales, unos 12 millones, alrededor del 75% son hispanos».
El poder adquisitivo de este grupo étnico ha crecido a una tasa anual de 7.5 %, mientras que el poder adquisitivo del resto de la población estadounidense se ha elevado a un ritmo anual de sólo 4.9 %, según datos recopilados por la Asociación Hispana de Agencias de Publicidad (AHAA).
Pero los hispanos no sólo consumen lo que el mundo corporativo anglosajón le ofrece. También ha nacido una comunidad empresarial latina poderosísima, que en gran medida está dedicada a satisfacer las necesidades de consumo de los hispanos. Datos de la Oficina del Censo del Departamento de Comercio de Estados Unidos, revelan que en todo el país había en 2004 dos millones de compañías hispanas con un volumen de negocios de 273.800 millones de dólares, un aumento del 82% desde 1997.
Se estima que para el año 2010 habrá en Estados Unidos 3.2 millones de empresas hispanas.
«Cerca de dos millones de niños son indocumentados en Estados Unidos y reciben educación pública, lo cual cuesta unos 7.500 dólares por cada uno por año, cerca de 11.200 millones para todos», lo cual financian los distritos, municipios o estados locales. Al comparar la ecuación entre los costos de la inmigración ilegal y su aporte a la economía, el experto de S&P señaló que sólo al proveer números de Seguro Social falsos, el Estado federal percibe unos 7.000 millones de dólares al año por los cuales no tienen que proveer ningún servicio a cambio, por tratarse de contribuyentes fantasmas.
Por otra parte, la comunidad hispana de Estados Unidos se ha convertido en un pilar fundamental de las frágiles economías latinoamericanas, al enviar anualmente miles de millones de dólares a sus familiares en sus respectivos países. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las remesas enviadas a América Latina en 2004 ascendieron a 45.800 millones de dólares, a pesar de que la mayoría de los emigrantes que envía dinero a sus países de origen gana menos de 22 mil dólares al año.Según el BID, cada emigrante latinoamericano hace un promedio de 12.6 envíos de remesas al año, desde Estados Unidos.
«La economía estadounidense necesita, absolutamente, de los inmigrantes», opinó Andrew Sum, director del Centro para Estudios del Mercado Laboral. «A algunos trabajadores (estadounidenses) esto les perjudica, y algunas personas se enojarán porque diga esto, pero nuestra economía se ha vuelto más dependiente ahora de la mano de obra inmigrante que en cualquier otra época en los últimos 100 años», sostuvo. *
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