Control total en EEUU y el mundo
Desde hace más de cuatro años, millones de llamadas telefónicas y correos electrónicos recibidos en Estados Unidos o emitidos desde este país a cualquier parte del mundo han sido interceptados por el gobierno de George W. Bush, en clara violación a las leyes de su propio país.
Bajo el argumento de la lucha contra el terrorismo, el presidente estadunidense ha creado una «sociedad orwelliana»: espía sin mandato judicial a estadunidenses y extranjeros, al más puro estilo del Big Brother. Lo hace a través de una alianza secreta con las multinacionales de telefonía e internet que operan desde Estados Unidos.
El espionaje masivo desarrollado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), dirigida por John Negroponte, se llama El Programa. Una visión aproximada fue llevada al cine en la cinta «Enemigo público», protagonizada por Will Smith y Gene Hackman.
Sin embargo, la realidad ha superado a la ficción, según cuenta el periodista James Risen en su nuevo libro «Estado de guerra. La historia secreta de la CIA y la administración Bush».
Las revelaciones de Risen -que, como reportero del periódico The New York Times, las publicó primero en dicho diario- han provocado un intenso debate sobre el deterioro de las libertades civiles en Estados Unidos. Ello provocó que el fiscal general de Estados Unidos, Alberto González, compareciera el pasado 6 de febrero ante el Congreso para explicar el espionaje doméstico e internacional.
El funcionario de origen mexicano -quien ha defendido la legalidad del uso de la tortura en las cárceles de Abu Grhaib y Guantánamo desde que era asesor jurídico de la Casa Blanca -justificó El Programa en nombre de la lucha contra el terrorismo, pese a la oposición de los demócratas y de una parte de los republicanos.
«Nuestras leyes prohíben cualquier vigilancia electrónica sin mandamiento judicial. Ni siquiera el presidente puede tener un cheque en blanco», le dijo el senador republicano Alen Specter.
Pero Bush defendió El Programa a finales de enero en un discurso pronunciado en la Universidad de Kansas. Dijo que contra los terroristas, «el Congreso me autorizó a usar la fuerza (…), pero no especificó las tácticas», apuntó.
EL pasado 17 de enero, el Centro de Derechos Constitucionales y la Unión Americana de Libertades Civiles interpusieron sendas demandas contra el presidente por el espionaje masivo, que consideran inconstitucional.
Espionaje patriótico
La NSA es la mayor organización de Inteligencia de Estados Unidos y del mundo.
Cuenta con el mayor servicio electrónico de espionaje y su personal e infraestructura constituyen el doble que los de la CIA.
Fue creada por el presidente Harry Truman en 1952. Al principio, su existencia era secreta. Sus operaciones clandestinas, en ocasiones por encima de la ley, provocaron que en los setenta fuera investigada, igual que la CIA y el FBI, por comités del Congreso dirigidos por el senador de Idaho, Frank Church, y el congresista de Nueva York, Otis Pike. Estos comités descubrieron que la NSA y el FBI estuvieron involucrados en el espionaje a activistas estadunidenses de derechos civiles y de movimientos contrarios a la guerra de Vietnam.
En el segundo capítulo de su libro, James Risen cuenta que, después de esos excesos, el Congreso decidió aprobar en 1978 la Ley de Vigilancia de la Inteligencia en el Extranjero (FISA, por sus siglas en inglés).
«Después de que esas reglas fueron creadas, el FBI -pero no la NSA- se convirtió en la primera agencia responsable de buscar la aprobación del tribunal especial secreto de la ley FISA para asuntos de seguridad nacional que incluyera interferencias telefónicas dentro de Estados Unidos. El papel doméstico de la NSA fue entonces limitado y se especializó en actividades de inteligencia a embajadas extranjeras y misiones diplomáticas en Washington, Nueva York y otras ciudades. Pero incluso esas operaciones requerían de garantías de investigación exigidas por la FISA», señala Risen.
Explica que fue entonces cuando la NSA se dedicó al espionaje en el extranjero. Por ejemplo, en 1990, esa agencia y la CIA robaron todas las máquinas de códigos y sus manuales utilizadas por la Unión Soviética. Las encontraron en Praga y se las llevaron a Fort Meade. Maryland, donde la NSA tiene su sede.
Pero después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, la NSA volvió a ocuparse de asuntos internos estadunidenses por orden del presidente Bush. «Por primera vez desde la era del Wattergate, la NS está espiando nuevamente a los estadunidenses, y además a gran escala», escribe el periodista de The New York Times.
Según sus fuentes -muchas de las cuales pidieron el anonimato porque forman parte de la actual administración- la NSA está vigilando a 500 personas dentro de Estados Unidos y los correos electrónicos de aproximadamente 7 mil personas en todo el mundo, aunque -debido a su tecnología y a su alianza con las multinacionales de teléfonos e internet- tiene acceso potencial a las llamadas telefónicas y correos electrónicos de «millones de ciudadanos». «Lo hace sin mandamiento judicial y sin ninguna supervisión independiente», señala.
¿Cómo inició El Programa? El periodista precisa: «En una orden presidencial secreta firmada a principios de 2002, cuatro meses después de los atentados del 11 de setiembre de 2001, el presidente George Bush le dio a la NSA la capacidad de realizar vigilancias e interceptar comunicaciones en Estados Unidos», particularmente las realizadas por personas de origen árabe o de aquellas que regularmente hacen o reciben llamadas y mensajes del extranjero.
Afirma que algunos funcionarios del gobierno piensan que esa orden del presidente Bush viola la Cuarta Enmienda de la Constitución, la cual prohíbe «vigilancias no razonables». Más aún: «Algunos creen que una investigación debería descubrir la forma en la que la administración Bush está volteando el poder de la comunidad de inteligencia en contra de los propios estadunidenses».
El periodista señala que antes de emitir su orden secreta, Bush pidió a algunos abogados de su gobierno que le dieran por escrito sus «opiniones legales». Ellos señalaron que la autorización otorgada al presidente por el Congreso para llevar a cabo la guerra total contra el terrorismo justifica y otorga suficiente base legal para apoyar las operaciones de la NSA sobre ciudadanos estadunidenses. Además, dichas «opiniones legales» establecieron que las normas en vigor sobre la CIA y la NSA impiden a Estados Unidos detectar y prevenir ataques terroristas.
Sin embargo, los expertos en seguridad nacional dentro del gobierno consideran que se quedó en «una broma» el debate público sobre el Acta Patriótica aprobada en enero de 2003 y renovada, el 22 de diciembre, sólo por seis meses como consecuencia del escándalo por el espionaje.
El Acta Patriótica autoriza a las agencias estadunidenses de inteligencia a vigilar conversaciones y el tráfico de internet para detectar a sospechosos de terrorismo, siempre y cuando los agentes obtuvieran la aprobación del tribunal secreto de la FISA. «Pero el FBI necesita obtener en cada caso una orden del juez secreto para pinchar un teléfono, interceptar un mensaje de correo electrónico u otras formas de comunicación en Estados Unidos. Para obtener esta orden del tribunal especial de la FISA, el FBI tiene que presentar evidencias que demuestren, caso por caso, que se trata de personas vinculadas a organizaciones terroristas, a organizaciones o gobiernos extranjeros», dice Risen, y señala que actualmente el espionaje masivo se realiza por encima de la ley.
El autor de Estado de Guerra…asegura que la NSA tiene el mayor banco de computadoras del mundo, inst
alado en Fort Meade.
Pero advierte: «El Acta Patriótica no le ha dado nuevos poderes a la NSA. El gobierno de Bush ni siquiera intentó incluir en el Acta Patriótica una previsión para que la NSA pudiera realizar escuchas telefónicas sin mandato judicial, porque estaba casi convencido de que esa propuesta sería rechazada».
Una de las fuentes no identificadas de Risen aclara: «No hay nada explícitamente en la Acta Patriótica sobre la NSA, porque se supone que su vigilancia está dirigida hacia fuera de Estados Unidos».
El periodista relata que, durante su investigación, oficiales del gobierno le aseguraron que las intercepciones de llamadas telefónicas y de mensajes electrónicos que realiza la NSA son de tal volúmen, que «hubiera sido imposible conseguir suficientes y rápidas aprobaciones del tribunal» especial de la FISA.
Alianza electrónica
«Actualmente, expertos industriales estiman que cada año son enviados aproximadamente 9 billones de correos electrónicos hacia o desde Estados Unidos. Y diariamente los estadunidenses realizan casi mil millones de llamadas telefónicas celulares y más de mil millones de llamadas desde teléfonos fijos», dice Risen para dar una idea del espionaje masivo a través de El Programa.
¿Cómo pueden tener acceso a las telecomunicaciones realizadas en otros países? Risen da la clave: la mayor parte de llamadas telefónicas y los correos electrónicos de todo el mundo transitan por territorio de Estados Unidos gracias a que en este país están ubicadas las multinacionales más importantes de teléfonos e internet. Así, es mucho más fácil para la NSA ejercer el control.
Los sistemas telefónicos mundiales están computarizados y son digitales, pero las llamadas todavía son transmitidas de una terminal a otra.
Eso permite, por ejemplo, que las llamadas al continente asiático desde Medio Oriente transiten en algún momento por territorio estadunidense, aunque «eso significa que la ley las considere como llamadas telefónicas parcialmente locales, por lo que la NSA no debería interceptarlas».
Algo similar ocurre con la intercepción de correos electrónicos. «Uno de los secretos de internet es que su infraestructura está dominada por Estados Unidos. Por eso la mayor parte del tráfico de mensajes electrónicos fluye, en un momento u otro, a través de redes de telecomunicaciones que físicamente están en Estados Unidos.
Correos electrónicos entre Alemania e Italia, por ejemplo, o Pakistán y Yemen, comúnmente son transmitidos desde Estados Unidos. La orden secreta presidencial ha dado a la NSA la libertad de espiar este tráfico internacional junto con los e-mails enviados o recibidos por millones de estadunidenses», señala el periodista.
Un experto externo que previamente había trabajada para la NSA, consultado por Risen, dijo que el gobierno de George W. Bush pidió recientemente a las empresas de telecomunicaciones que intercepten los números de comunicaciones internacionales que transitan por territorio estadunidense.
El problema, explica el autor del libro, es que no hay manera de comprobar quién está controlando lo que hace esta agencia.
De acuerdo con la orden secreta de Bush, la NSA no necesita el permiso de la Casa Blanca ni del Departamento de Justicia o de ninguna otra agencia para «pinchar» una línea telefónica. *
*Tomado por LA REPUBLCA en acuerdo con la revista mexicana Proceso.
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