El movimiento piquetero pasa por un momento crítico

El presidente Kirchner logra contener los aumentos salariales

El lunes, las organizaciones piqueteras que confrontan con el gobierno de Néstor Kirchner, y que en general están orientadas por pequeños partidos de izquierda, no pudieron reunir una multitud capaz de exhibir poder y garra movilizadora. Apenas un par de millares que no pudieron pasar de la Plaza de la República, donde está erguido el Obelisco, e ir hacia Plaza de Mayo, no por la presencia policial, que no ha sido escasa, sino por falta de manifestantes.

Hacía meses que los piqueteros no caminaban el centro porteño como ayer, más allá del caos que provoca su presencia en el tránsito normal. Desde octubre pasado cuando los referentes más notorios de ese espacio jugaron sin suerte la lid electoral, no se los vio por las calles porteñas, a pesar que siempre hay bloqueos temporales de rutas o calles por demandas específicas.

Hay un error en asimilar los métodos del bloqueo de caminos, que desde hace semanas concretan los asambleístas de Gualeguaychú, especialmente, por el diferendo argentino-uruguayo por la construcción de dos pasteras en Fray Bentos con los que renovaron esa práctica desde fines de los ´90 los desocupados, como manera de llamar la atención. Los de Entre Ríos son ciudadanos en general de buen pasar o con trabajo que llevan a cabo una demanda que confunde el justo reclamo de un ambiente sano, que no debería ser perjudicado por ningún emprendimiento, con la idea de ser quienes imponen la política externa de este país, como viene sucediendo en la práctica.

El piquete, que es una herramienta histórica del movimiento obrero para impedir a los esquiroles durante huelgas, devino en instrumento de los desocupados para llamar la atención.

Después de la graves crisis de fines de 2001, fueron los piqueteros quienes contuvieron a millones de desamparados por la cesantía y la marginalidad ahondada y si bien más tarde ese movimiento fue politizándose, o más bien, fragmentándose según el color político de sus organizadores o líderes, el rol que cumplieron a principios de siglo, ha sido notable para impedir estallidos sociales sin objetivos claros. Hablar despectivamente de los «piqueteros» es una injusticia.

 

Cambios

Del espacio piquetero original, Kirchner cooptó a las organizaciones más grandes e incluso algunos de los dirigentes de esta prosapia son hoy funcionarios en lugares sociales sensibles. Los opositores al Presidente, parecen diluirse: dicen que no, que no es así y que el Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, harán una demostración clasista de envergadura en Plaza de Mayo.

Por ahora las cosas están así y la movilización piquetera auténtica del lunes perdió espacio frente a la detención del líder del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), Raúl Castells.

La semana pasada Castells zafó del juicio que por coacción le incoaron las autoridades de la provincia del Chaco, donde el barbado dirigente había ocupado un Casino para pedir ayuda alimentaria y dineraria. Los presuntos afectados dijeron que dieron ese auxilio de gusto nomás, y la acusación de cayó.

Con bríos, Castells, que se corta solo del espacio que si bien no lo tuvo como referente, perteneció, abrió un comedor en el aristocrático barrio de Puerto Madero, apoyado por un empresario en conflicto con el ente que dirige ese complejo moderno. Ahora le piden que se vaya del barrio que nació sobre las ruinas del viejo puerto porteño, ya que «afea» el paisaje. «Argentina no es Sudáfrica, aquí no hay apartheid», tronó Castells. Y ahí está aún.

Ayer seguía detenido porque el lunes trató de inaugurar un comedero en el viejo Mercado de Pulgas en el barrio de la Chacarita. Los puesteros de ese lugar le dieron refugio porque están amenazados de ser desalojados de un vetusto edificio que, según la Comuna, corre peligro de derrumbarse.

La policía intervino por pedido de un juez, chocó con militantes del MIDJ y se llevó a Castells a una comisaría.

De hecho, Castells reemplaza con su presencia mediática y audaz, las movilizaciones de masas del resto de las entidades piqueteras, que siempre le han desconfiando incluso cuando coqueteó con el trosquista Partido Obrero.

 

Castells, un solitario que crece

Es, el barbado, un desafío para algunos partidos de izquierda. Pero sería bueno no confundir debilidad manifiesta entre los desocupados, en parte porque no pocos de aquellos que recibían beneficios (módicos subsidios) tienen hoy trabajo, informal en la mayoría de los casos, pero remunerados al fin.. La izquierda clásica primero ha cambiado sus demandas por subsidios más importantes por reclamos de trabajo genuino, proponiendo incluso la formación de brigadas para los planes de obras públicos, millonarios, que están en marcha o en papeles. Y que esas brigadas, las controlen la izquierda.

Pero además, el clasismo se ha hecho fuerte en algunas comisiones internas donde pone en jaque a los sindicatos en general orientados por peronistas, algunos devenidos en kirchneirstas. Está latente un conflicto en los subterráneos donde la semana pasada un paro para demandar que se termine con el estilo de tercerizar algunas tareas (para bajar costos o subir la tasa de beneficio), paralizó ese vital servicio.

El ejemplo es pertinente porque estas semanas están llenas de reuniones dentro de las comisiones paritarias por nuevos convenios. Kirchner en persona se ocupa de que la firma de incrementos no supere una pauta del 19% y acaba de conseguir que se sumara a esa prédica el sindicato de empleados de comercio con su casi 1,5 millón de personas en ese oficio, lo que no significa que este adheridos al gremio.

Este acuerdo como los empleados de comercio, sindicato clave en el sector de los «gordos» (viene del número de afiliados de cada gremio que lo integra), ha generado especulaciones sobre un trato entre Kirchner y ese espacio que fue menemista en su tiempo. Trato cuyas claves no se conocen pero, pareciera, que tiende a equilibrar la influencia del camionero Hugo Moyano, al frente de la CGT, pero fiel, por ahora, al Presidente.

Hay varios conflictos latentes, como el de los trabajadores de la Alimentación, del ex secretario de la CGT, Rodolfo Daer. Y que está durísimo con el gobierno. Pero casi todo el sindicalismo le demanda al gobierno que convoque al Consejo del Salario para poder hacer subir el mínimo. Nada es eterno. *

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