Sigue la tensión en los subterráneos porteños

Pulseada entre corrientes obreras

Vayamos por partes. El metropolitano está concesionado a la empresa Metrovías, en manos especialmente de un poderoso empresario de la construcción, Benito Roggio. Ya desde hace rato, los trabajadores de ese medio vital de comunicación para los porteños han venido reclamando con éxito incrementos salariales importantes, pero como la empresa «terceriza» algunas de las faenas del servicio, lo que están en esas condiciones quiere equiparar sus ingresos al del plantel fijo del «subte», lo que supone encuadrarse en la Unión Trabajadores Automotor (UTA) que tiene el mejor convenio.

El tema no termina aquí, los operarios y empleados del «subte» se orientan por la comisión de base, de tendencia clasista con impronta trosquista, comunistas o peronistas combativos en otras, enfrentada con el sindicato UTA, que es uno de los puntales de la CGT que lidera el camionero Hugo Moyano.

Quien dirige UTA es Juan Manuel Palacios, un kirchnerista de nueva horneada pero fogueado en lides contra el menemismo. Para el sindicato el engrosamiento para el comité de base de cerca de 700 afiliados, que hoy revisten en unas 7 empresas tercerizadas, es darle de comer a sus rivales y hacen muy poco por resolver el diferendo en apariencias menor.

No lo es tanto, Son numerosas las empresas, las de los servicios públicos en especial, que recurren a terceros para recortar salarios y responsabilidades, todo ante la vista gorda de las autoridades nacionales y de la CGT.

Durante dos días, el martes y el miércoles, el «subte» quedó paralizado lo que generó en la gran urbe porteña un verdadero pandemonium. En una de las cabeceras de la línea «A», la policía, con orden judicial, desalojó con algo más de disuasión a los operarios que impedían que se pusieran en marcha las formaciones, incluso arrojándose sobre las electrificadas vías o colocando sobre ellas, dicen, obstáculos difíciles de remover.

Como la firmeza del personal parecía que todo iba a desembocar en una represión policial en escala, los trabajadores recurrieron al Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, para que hiciera de gestor de buenos oficios ante el gobierno nacional, donde no le faltan oídos que quieran escucharlo. Pérez Esquivel, por teléfono, ya que está fuera del país, obtuvo una tregua con lo que las Pascuas tuvieran al subterráneo funcionando. Igual el fin de semana pero luego, ¿quién sabe?

 

La CGT debe decidir y duda

Es que quien tiene la llave para resolver este tema del «encuadramiento» es un comité de la CGT. Y Moyano, aliado de Palacios, no tiene muchas ganas de hacerlo. Los operarios sostienen que Metrovías podría per se, colocarlos en el listado de su plantel y listo. Pero no lo hace, sea porque quiere mantener el sistema de tercerización, sea como una manera de presionar al gobierno, siempre en busca de subsidios para sostener el bajo precio del cospel, 0,70 pesos, unos 0,25 centavos de dólar cada viaje por debajo de tierra y sus combinaciones.

El gobierno, o sea el ministerio de Trabajo, trata de eludir su presencia, pero no podrá, aunque eso de los encuadramientos haya sido dado a la CGT como juez. Que este caso, podría ser juez y parte.

El antecedente es lo que preocupa. Por lo pronto, fueron a las cabeceras de las líneas trabajadores telefónicos también de empresas tercerizadas, una de las formas de flexibilización laboral de los ´90, a pedir lo mismo que sus compañeros de trabajo debajo de la superficie, una faena insalubre. Partidos de izquierda lucieron militantes y banderas en señal de solidaridad y propaganda.

No son los únicos en conflicto, así que para el ministerio de Trabajo que acaba de sacudirse con éxito de varias convenciones colectivas de trabajo con incrementos dentro de las pautas oficiales, sabe que allí donde el clasismo ha sentado sus reales, la cosa es más complicada.

En cierto modo el conflicto en el subterráneo, desatado desde hace rato pero exacerbado ahora, es la respuesta de las fuerzas de izquierda a los acuerdos Néstor Kirchner   Hugo Moyano, y hay bolsones sensibles donde pueden repetirse las luchas que, en última instancia, deben ser leídas dentro de esa pulseada.

Pero la huelga ha sido impopular. Viajan por el subte, diariamente, unas 900.000 personas, que volcadas a usar otros medios de transporte, hicieron que cada simple movimiento por el centro y no solo en este lugar privilegiado, un via vía.

Veremos qué pasa. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje