Las elecciones en Italia y en Perú y el retiro del CPE en Francia

Tres espléndidas victorias

EN ITALIA, la victoria de todas las fuerzas de izquierda unidas en L’Unione que tuvo como abanderado a Romano Prodi podría significar una reversión de la tendencia que llevó a la victoria de la derecha en las recientes elecciones alemanas.

 

La izquierda unida pone fin al ciclo Berlusconi

Ello es así en la medida en que el triunfo de Prodi implica el fin de la era Berlusconi. El primer ministro, que perdió la reelección, posee la mayor fortuna de Italia y una de las diez mayores fortunas del mundo. Aplicó crudamente la política neoliberal, que se tradujo en desempleo, crecimiento cero, y en lo internacional la alianza con Bush en la guerra de Irak. En la campaña electoral se condujo como si Italia fuera una de sus múltiples empresas, en particular las de los medios de comunicación, gracias a las cuales se mantuvo cinco años en el gobierno. Insultó soezmente a sus adversarios y al propio Prodi. Sus aliados principales fueron: por una parte, los neofascistas de la Alianza Nacional de Gianfranco Fini; y por otra, los separatistas y xenófobos de la Liga del Norte, de Bossi, que en la campaña se desataron en improperios de carácter típicamente racista, contra todos los inmigrantes en suelo italiano, según el método practicado por las fuerzas de extrema derecha en Europa.

El pueblo italiano le dijo ¡Basta!, haciendo suyo el lema esgrimido por Prodi en el tramo final de la campaña.

El desenlace tuvo emoción, suspenso y al final, cifras categóricas. Con esta particularidad: se votó bajo una nueva ley electoral, diseñada por el ex ministro de las Reformas, Roberto Calderoli, un ejemplar impresentable de la Liga del Norte que colmó de insultos a los italianos y debió ser expulsado del cargo. Esa reforma estaba expresamente diseñada para favorecer a Berlusconi. Pero la tortilla se dio vuelta. La votación finalmente le otorgó a L’Unione de centro izquierda 342 bancas en la Cámara de Diputados, contra 281 de la derecha, faltando 7 por designar del total de 630. En el Senado se mantuvo la fluctuación hasta último momento. Berlusconi alegó que si allí no triunfaba la coalición de Prodi, este no podría formar gobierno. Pero también se chasqueó. En última instancia ganó la izquierda por 158 a 156 bancas.

Para este resultado fueron decisivos los votos de los italianos residentes en el extranjero, que eligieron 6 senadores, 4 de ellos para la izquierda. Alrededor de 4 millones de italianos dispersos por el mundo estaban autorizados a votar, un antecedente digno de tomarse en cuenta.

Párrafo aparte merece la actitud soberbia de Berlusconi al negarse a reconocer los resultados de la votación después que estos fueran oficialmente proclamados por el Ministerio del Interior. Un periodista le preguntó a Prodi si había recibido felicitaciones de Berlusconi, y respondió que en los países civilizados el perdedor felicita al ganador…

Además, Berlusconi ha hecho circular por sus voceros  porque él se borró de la escena, ni siquiera aparece en sus propios medios de prensa- la propuesta de formar un gobierno de «gran coalición» al estilo del estructurado en Alemania en torno a la canciller Angela Merkel. Es una forma desembozada de pretender seguir estando en el gobierno. Ello fue rechazado de plano. En el programa Porta a Porta, de la RAI, oimos a Mássimo D’Alema (representante de los Democráticos de Izquierda, el mayor partido de la coalición) responderle al ministro de Economia Giulio Tremonti que la idea es inaceptable, ya que las respectivas propuestas de gobierno son incompatibles.

Apenas conocidos los resultados, en la celebración popular del triunfo, Prodi dijo: «Ha sido una hermosa victoria, desgarradora e incontestable. A partir de ahora damos vuelta la página. Hemos estado mucho tiempo en el filo, pero al final ha llegado la victoria. Gobernaremos. Deberemos gobernar de manera serena para reconciliar al país. El gobierno de Berlusconi había hecho una ley electoral para hacernos perder y a pesar de todo hemos ganado. Tenemos que empezar a trabajar juntos para aplicar nuestro programas y para cambiar Italia.»

Y culminó con la advocación: «Unite!» (uníos), lanzado a todos los que conformaron el frente unido para poner fin al ciclo Berlusconi, en la concepción de que la unión es más que la suma de los partidos.

 

Lourdes Flores quedaría fuera de la troya

Que Ollanta Humala llegaría a la cabeza en el primer turno de las elecciones peruanas del domingo 9 no era mayor novedad. Lo que sí se discutía era con quién disputaría la segunda vuelta: si con la derechista Lourdes Flores o con el socialdemócrata Alan García.

Al parecer Lourdes Flores, con su rancio discurso de derecha, quedará fuera de la controversia. La definición estaría entre el ex militar nacionalista y el ex presidente aprista. Las cifras conocidas hasta ahora dan a Unión por el Perú de Humala 43 bancas, frente a 25 del APRA en el Congreso unicameral de 120 escaños.

En las últimas semanas, Ollanta Humala fue blanco de una intensísima campaña de ataques, análoga a la que se practica a diario contra el presidente Chávez de Venezuela. Pero ello no gravitó de manera decisiva en el electorado peruano, y sobre todo en el pueblo pobre y de matriz indígena que reconoce en Humala a uno de los suyos. Aunque redujo su porcentaje de aceptación, que quedó en el umbral del 31 por ciento (con 5 puntos de ventaja sobre Alan García), desde el cual deberá enfrentar la segunda vuelta. La principal conclusión de la elección peruana es el rechazo popular a las fuerzas de la derecha y del neoliberalismo. Una conclusión que se va afirmando a lo extenso de toda América Latina.

Después de semanas de intensísimas movilizaciones, paros obreros, ocupaciones de liceos y centros de estudio, marchas que superaron los 3 millones de participantes en alrededor de 200 ciudades de toda Francia, jaqueado por una opinión pública que apoyaba la justicia de los reclamos de los jóvenes trabajadores, el gobierno francés se vio obligado finalmente a retirar la ley de contrato de primer empleo (CPE), que el presidente Chirac había promulgado la semana anterior, aunque solicitando la postergación en su aplicación. Es un triunfo verdaderamente resonante en un tema que mantuvo en vilo a toda Francia.

El gobierno de Chirac y del primer ministro Dominique de Villepin pretendió enfrentar la oleada indetenible de las movilizaciones estudiantiles, obreras y populares, a las que se sumó un conglomerado de partidos de izquierda, mediante la maniobra de modificar dos artículos de la ley repudiada, la cual implicaba la retrogradación de la legislación social conquistada por los trabajadores franceses, transformaba en parias a los trabajadores jóvenes y por añadidura afectaba a la clase obrera en su conjunto.

Esta maniobra abortó. Los involucrados no se dejaron engañar. Tampoco aceptaron discutir las modificaciones. Plantearon como exigencia previa e irrenunciable retirar el CPE, abrogarlo. Y recién después empezar a conversar sobre reales medidas para abatir la desocupación y reemplazarla, no por trabajo chatarra sino por trabajo digno.

Esta táctica triunfó. Se demostró una vez más que la movilización y la unión de las fuerzas obreras, estudiantiles, sociales y de los partidos de izquierda es garantía de victoria. Al igual que la batalla, también exitosa, contra la Constitución Europea, este episodio significativo se proyecta a las próximas definiciones políticas en el país galo. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje