Morales designó a Ortiz Mercado, un cuadro del MAS, como embajador en Argentina

Bolivia respalda a sus ciudadanos en Argentina

No es el único asunto urgente de abordar para ver como se encamina la relación bilateral que al menos en los gestos oficiales, debe ser una de las prioridades de Néstor Kirchner desde que asumió Evo Morales. La cuestión del precio del gas, parecía que iba a dominar los vínculos que el incendio de un «taller» textil ilegal, donde murieron seis personas, cuatro niños, colocó en el primer plano lo que popularmente se conoce como el trabajo «esclavo», y la red de confección de prendas textiles que forman parte de la oferta de las más importantes marcas que se ufanan de ofrecer productos de gran calidad.

Es nuevo embajador de Bolivia en la Argentina, Roger Ortiz Mercado un cercano colaborador de Evo Morales que ya transmitió a la Casa Rosada que dispondrá la destitución del cónsul boliviano en Buenos Aires, Alvaro González Quint muy cuestionado entre otras cosas porque se lo vincula con los dueños de talleres que mantenían a sus trabajadores en un régimen servil.

Gustavo Vera, uno de los referentes de la comunidad boliviana y líder de La Alameda, un comedor comunitario y agrupamiento de trabajadores textiles, contó que cuando ciudadanos bolivianos intentaron denunciar su situación en la comisaría 40, les rechazaron la denuncia y les dijeron que debían hacerla en el Consulado boliviano, donde las cosas terminaban empantanándose. A esto se debe agregar la denuncia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre que se presentó a la Justicia para señalar que el cónsul está relacionado «con la red que actúa internacionalmente trayendo inmigrantes bolivianos para trabajar en condiciones infrahumanas».

Ortiz Mercado vivió años en este país y sus vínculos políticos e intelectuales le favorecerán la difícil misión. Su prioridad es producir una masiva legalización de los bolivianos en la Argentina habida cuenta de las dificultades laborales en la Bolivia heredada por Morales. Se calcula que hay dos millones de bolivianos viviendo en Argentina y que no tienen derecho a voto en su país una situación que Morales quiere revertir. Hay cálculos que sostienen que ese número es de 700 mil, pero como el número de ilegales es enrome, las apreciaciones numéricas son inciertas. Hubo varias reuniones con funcionarios argentinos que están asesorando a los bolivianos sobre los métodos y la redacción de leyes para que se instrumente el voto de los bolivianos que viven en el exterior.

Ayer comenzó sus negociaciones con el gobierno porteño y nacional una delegación de alto nivel del gobierno de La Paz, encabezada por el vicecanciller Mauricio Dorfler e integrada por varios viceministros.

 

Un cuadro desolador

El Gobierno boliviano manifestó su «preocupación» por la situación de los ciudadanos de ese país que residen en la Argentina, luego de las irregularidades evidenciadas por el incendio de un taller textil, en el que murieron seis personas.

La situación de este sector de trabajadores bolivianos desnudó otras falencias, como el trabajo en negro de la mitad de los argentinos o que se estiman en dos millones los niños obligados a trabajador para ayudar a la subsistencia de sus familias. Una pastor luterana boliviana, Ana María Vargas, dijo con «somos parte de la economía argentina, pero no como seres humanos. No tenemos lugar en esta sociedad. Nos discriminan hasta con la mirada, silenciosamente, y nos empujan hacia la marginalidad. Por eso tantos bolivianos no tienen otro recurso que permanecer encerrados en los talleres textiles con sus paisanos.

El de la discriminación es el problema mayor, y el desconocimiento de nuestra cultura. Si no se comprende esto, no se comprende qué ocurre con los bolivianos.»

Nadie debería ser ajeno a semejante cuadro. Varias prendas de extendido uso están confeccionadas con el sufrimiento de esa gente. Lo llevan en el orillo, junto con la marca. «Las costuras de la ropa que usamos esconden los sueños de mis paisanos», resume Lilian Camacho, periodista boliviana que vive aquí desde hace unos años.

Talleres en estas condiciones suman unos 1600 solo en la Capital Federal con unos 15 mil operarios, «protegidos» por una red de corrupción amplia pero que tiene a la Policía Federal en una primera línea, escribe «La Nación».

Este diario constató que «tanto proliferaron los tallercitos legales e ilegales que emplean a bolivianos, que la puja entre talleristas coreanos, bolivianos y argentinos para obtener trabajo de los fabricantes (dueños de las marcas y de la tela, que entregan ya cortada a los talleres) ha empujado hacia abajo los precios en los talleres y los sueldos de sus obreros, en su mayoría, bolivianos quechuas y aymaras indocumentados».

Más explotados son los paisanos que trabajan en la construcción. Ganan poquísimo y no tienen casa ni comida. «En cambio, nosotros vivimos y comemos en el talle.», dijo una testigo al periódico,

Tema complejo además. Veamos esto: sin defender la precariedad o los casos extremos, algunas mujeres rechazan los términos de «promiscuidad» y «hacinamiento».

«En nuestros cantones de Bolivia vivimos en comunidad. No somos como ustedes, que mandan a los ancianos al geriátrico. Los viejos y los niños viven con nosotros. Los niños aprenden acompañando a sus padres al campo y trabajando allí. Aquí se repite eso. Además, aquí nuestros hijos de dos y tres años son discriminados en los jardines de infantes por sus compañeros», dice una mujer al diario citado. *

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