El ejército cercó diez favelas en Rio de Janeiro en busca de armas
«Si los soldados entran, esto será peor que Irak», dice un hombre de unos 40 años tras ser revisado por una patrulla ante el «Complejo del Alemán», una de las favelas más grandes de Rio y, como todas, controlada a sangre y fuego por el crimen organizado.
En la vecina favela de Manguinhos, un soldado no consigue disimular su furia al escuchar los insultos y burlas que le destina un puñado de adolescentes desde el fondo de una oscura callejuela. «Esos bandidos…», murmura y, rojo de rabia, les lanza una maldición. La salida del Ejército a las calles fue ordenada el viernes luego que una banda de siete hombres asaltó un cuartel y se llevó nueve fusiles FAL y una pistola 9 mm.
El robo fue considerado una afrenta para la fuerza, que movilizó a unos 1.500 soldados con apoyo de helicópteros y carros blindados para recuperar las armas. El número de efectivos es superior a los 1.200 que integran la fuerza de Estabilización de la ONU en Haití. El Comando del Ejército reveló que entre los hombres desplegados en Rio hay un centenar de veteranos de Haití, donde habían participado en tareas de vigilancia y patrullaje de Cité Soleil, un suburbio de Puerto Príncipe tanto o más pobre y violento que algunas favelas cariocas. Cuando se desplegó el operativo en Rio de Janeiro, los narcotraficantes, dueños de la ley en las favelas, recibieron a balazos a los soldados. Luego los tiroteos fueron esporádicos y hasta ayer sólo causaron la muerte de un adolescente que presenciaba un enfrentamiento, cerca del puerto. Los uniformados, amparados en una orden de la Justicia Militar y con el apoyo del gobierno del estado de Rio, dejaron claro que su única misión era hallar las armas, pero que no se irían hasta cumplirla. «Recuperamos las armas y nos vamos», dijo el coronel Fernando Lemos, portavoz del comando de la operación. Las operaciones se extendieron ayer a las principales rutas que salen de Rio y al gigantesco puente que une a la ciudad con la vecina Niteroi.
Los habitantes de las favelas ni le hablan a los soldados que los paran para pedirles que se identifiquen y revisarles sus bolsos y paquetes. Tampoco se impresionan por las armas de los soldados. Los «bandidos», como llaman a los narcotraficantes, usan armas tanto o más poderosas. *
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