Tailandia: Disuelven el Parlamento y llaman a elecciones anticipadas
Su decisión fue motivada por las crecientes críticas por parte de la oposición sobre manejos irregulares y corrupción.
La más reciente denuncia incluya la venta de la empresa de comunicaciones de propiedad familiar a un consorcio de Singapur en 1.900 millones de dólares a través de un mecanismo que le permitió eludir el pago de impuestos.
Cierto es que no violó ley alguna, dicen sus defensores, pero también es cierto que si no violó la ley fue porque la mayoría parlamentaria con la que cuenta el primer ministro votó una interpretación suficientemente retorcida de la legislación para permitirle salir airoso.
Muchos lo comparan con Silvio Berlusconi, que ha ido resolviendo cada intento de proceso o investigación con leyes votadas a su medida.
Nadie duda de que Thaksin, máximo dirigente del partido Thai Rak Thai (los tais quieren a los tais) saldrá victorioso de las próximas elecciones, aunque tal vez la cómoda mayoría parlamentaria (375 en 500) con la que cuenta actualmente pueda verse un poco reducida.
El verdadero motivo
En realidad la decisión de Thaksin de convocar a elecciones anticipadas no obedece a la presión de la oposición, que él ha demostrado ser capaz de soportar, sino a la distancia que el Rey ha tomado de su gobierno.
En un país donde el Rey es venerado y respetado por su incansable trabajo en diferentes proyectos sociales y de desarrollo, el apoyo que Thaksin tiene entre las clases populares puede esfumarse en un instante ante un simple gesto de Rey.
Cierto es que el rey no se mezcla en actividades de gobierno ni de política partidaria, pero a medida que la ausencia del Rey o de miembros de la familia real comenzó ser notoria en los actos protocolares, los dolores de cabeza de Thaksin aumentaron.
Thaksin ha aplicado una política nacionalista sin descuidar las recetas del Fondo Monetario y ha sabido conjugar intereses colectivos, fondomonetaristas y personales de forma que le han granjeado la admiración de sus conciudadanos.
Muchos ven en él un modelo a seguir, más que a criticar.
Quien es Thaksin
Su familia es de origen chino. Su carrera comenzó como policía de frontera aquí en el norte de Tailandia, donde hoy son partidarios son legión.
Como Coronel de policía decidió entrar en la política con buen éxito y finalmente fundo su propio partido Thai Tuck Thai, que se fortaleció con la debacle monetaria de hace una década.
Una vez en el poder aplicó a rajatabla las políticas de privatización reclamadas por el Fondo Monetario. Todo lo que era del estado fue privatizado y pasó a ser de su familia.
Siempre fue prolijo en temas impositivos y así hace tres a–os la prensa publicó la lista de las 10 personas más ricas de Tailandia, entre las que se encontraban el propio Thaksin, su mujer, sus hijos, entonces menores de edad, su chofer y su ama de llaves.
Es práctica habitual aquí «alquilar» nombres para evadir impuestos, la ley no lo prohíbe y Thaksin siguió su camino.
Su ajustada mayoría se convirtió en arrolladora en las últimas elecciones.
Al mismo tiempo que gestionaba exitosamente su imperio económico y la mayoría de las decisiones del estado en materia de comunicaciones, satélites, telefonía, favorecían a su empresa, Thaksin construyó una compleja red de apoyo a través de los jefes de villas y pueblos.
Un programa estatal de préstamos para el desarrollo fue puesto en marcha, cada jefe de aldea es responsable personalmente por el pago de esos préstamos (normalmente el cargo es tradicional y no electivo). Una oficina en Bangkok controlada por supuesto por Thai Ruk Thai decide a quién refinanciar y a quién no. Y nadie duda que la decisión de refinanciar pase por el apoyo del jefe del pueblo a Thaksin y en la cantidad de votos que Thai Ruk Thai obtenga en ese pueblo.
Los problemas de la tierra
Muchas perlas se suman a estas anécdotas, como por ejemplo la ley autorizando a que los templos budistas puedan vender sus tierras. Durante siglos la venta estuvo prohibida a fin de evitar malos manejos y para defender el uso colectivo de la tierra.
Mucha gente fue donando tierras a los templos, tierras que las aldeas alrededor de los templos empleaban para la agricultura colectiva.
No hay en la estructura religiosa budista una autoridad central, los monjes van y vienen, ser monje es una etapa de la vida, como el servicio civil. La gente puede ser monje varios meses o años, en cualquier momento de su vida que lo decida y luego retornar a su actividad habitual. En el caso de la tierra la forma segura de evitar problemas fue prohibir la venta.
Thaksin se ingenió para votar un período de excepción, durante el cual importantes y valiosas extensiones de tierra fueron vendidas a grupos inmobiliarios con los cuales estaba vinculado. Allí se construyeron exclusivos hoteles, campos de golf, complejos de viviendas.
Eso fue duramente denunciado por la Asamblea de los Pobres, asociación campesina que descendió de las montañas a Bangkok para oponerse hace años al gobierno militar y que ha permanecido instalada en la capital como grupo de defensa de los derechos de los campesinos. Jamás han sido recibidos por el gobierno de Thaksin, a pesar del drama que significa que sus dirigentes mueran periódicamente de formas misteriosas y nunca aclaradas.
También ellos denuncian intereses poderosos y leyes «ecologistas» salidas del parlamento de Thaksin donde se declaran enormes zonas como parques nacionales o área protegidas. Esto ya se ha repetido varias veces, los campesinos que habitan allí por generaciones pero sin títulos ni papeles son obligados a irse por parte de la guardia forestal. Al poco tiempo esas zonas protegidas cuentan con regios hoteles cinco estrellas propiedad de amigos de Thaksin o son parte de proyectos de plantación de eucaliptos a gran escala, lo que implica la tala de los bosques nativos (más de 200.000 hectáreas al día de hoy).
Todo esto es el mundo de desarrollo de Thaksin, del cual la intelectualidad ha comenzado a tomar distancia y la familia real también, pero que las clases más humildes apoyan porque han encontrado en él la respuesta a la debacle producida por la ruptura de la tablita tailandesa y el hundimiento de la economía.
Aún con su holgada mayoría parlamentaria Thaksin debe revalidar su apoyo, lo cual sin duda logrará en abril.
Ayer en ese centro comercial donde Thaksin apareció hablando por todas las pantallas de televisión, no vi ningún gesto de festejo, alegría o enojo. Todo era indiferencia o preocupación.
El rey, que con su ausencia y su silencio ha acorralado a Thaksin, no puede hacer más.
La oposición desunida, que también tiene en su seno casos de corrupción y que no tiene políticas ni planes diferentes, no cuenta con un liderazgo de alternativa.
Llamando a elecciones anticipadas Thaksin reconoce su debilidad ante el rey a la vez que se asegura -de ganar, como está previsto- una nueva legitimidad. El pueblo decidirá en las urnas. *
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