La mujer en el mundo musulmán, según el Dr. Litvak de la Universidad de Tel Aviv

Los fundamentalistas islámicos se enfrentan al feminismo

En una reunión con periodistas extranjeros el especialista dijo que «la decisiva postura anti-feminista de los movimientos islámicos está relacionada con otras dos actitudes básicas: el antimodernismo y la oposición a la democracia. Pero a pesar de ello estos movimientos saben cómo reclutar a las mujeres para sus fines políticos y cómo adaptar la ideología a las circunstancias».

«Los fundamentalistas islámicos  explicó el experto- describen al feminismo y al movimiento de liberación de la mujer como la raíz de todos los males de las sociedades islámicas ya que significan una amenaza contra el bastión de su cultura: la familia.

Los islamitas consideran la liberación de la mujer como una desviación social que conduce al adulterio, produce niños ilegítimos y sida, y sostienen que las mujeres aspiran a imitar a las mujeres occidentales y a desligarse de la cultura islámica.

En consecuencia, el control de las mujeres y el aliento a las familias fuertemente patriarcales, se ha convertido en un componente clave del estado islámico ideal».

Según del Dr. Litvak «esta idea fija sobre el comportamiento de la mujer tiene su origen en la ley religiosa y la tradición musulmana, que constituye la infraestructura legal y organizativa del estado islámico y que siempre ha mostrado más preocupación por la ética pública y la moral colectiva que por la administración del estado.

Durante siglos el creyente musulmán fue privado de la opción de expresarse o de autodefenderse en las esferas políticas; en lugar de ello fue persuadido a considerar todo problema civil o social como una cuestión moral».

Sostuvo que «los conflictos derivados de la industrialización, la urbanización y otros aspectos de la modernización fueron atribuidos a la erosión de valores morales».

«Otra posible razón del antifeminismo  opinó el conferencista de la Universidad de Tel Aviv- es que la población considera la ideología islámica como un medio efectivo para proteger los derechos tradicionales.

La idea de otorgarle a las mujeres el derecho al voto en Irán en 1963 fue uno de los principales factores que incitaron la oposición del Ayatolá Khomeini al Shah.

Años más tarde, los cambios propuestos en relación al status de la mujer, incluyendo el derecho al voto en Kuwait, el derecho a contraer matrimonio o trabajar sin obtener autorización de un guardián masculino en Marruecos y la reducción de la discriminación en los trámites de divorcio en Marruecos y Jordania, fueron impedidos por los islamitas que sostienen que dichas medidas contradicen la Ley de Dios».

«Existe, sin embargo, una evidente discrepancia entre las ideas fundamentalistas con respecto a las mujeres y las actitudes cuando deben enfrentar a millones de mujeres musulmanas que ya han obtenido acceso a la fuerza laboral y a las actividades públicas.

Ante la imposibilidad de detener este proceso social, los movimientos islámicos no han tenido otra opción que otorgarle legitimidad religiosa», expresó el Dr. Litvak.

«Más aun, han aprendido a utilizar el avance de las mujeres para sus propios intereses ideológicos y políticos», sentenció el analista israelí ante los periodistas extranjeros.

«En Egipto, los hermanos islámicos determinaron que las mujeres no solo tienen el derecho a trabajar fuera de sus casas sino que están obligadas a participar en el esfuerzo nacional para reforzar al país. El mismo movimiento en Jordania se ajustó a la realidad de la integración de las mujeres al mundo masculino, principalmente en las universidades, y hasta alienta dicha tendencia como medio para incrementar su influencia», explicó el experto.

Comentó que «las organizaciones terroristas islámicas han politizado el rol de la mujer en su continua guerra santa, el Jihad.

La organización Hamas, se negaba en el pasado a admitir la participación de mujeres en ataques suicidas. Pero el entusiasmo producido por la primera terrorista suicida palestina convenció a los radicales islámicos a modificar su postura».

«Al Qaeda estableció una brigada femenina de terroristas suicidas en la región de la frontera entre Afganistán y Pakistán», agregó el académico.

«Paradójicamente, las mujeres en Irán son más activas y libres en el ámbito político, controlado por líderes religiosos, que en otras sociedades menos fundamentalistas. Esto es debido, probablemente, al intenso proceso de politización de la población iraní desde la revolución de 1979, así como a la naturaleza populista del régimen», añadió.

«El hecho de que el ingreso de las mujeres a la fuerza laboral y a la política sea utilizado como medio para difundir mensajes islámicos, no debe ser considerado como un giro conceptual del Islam hacia la mujer.

Los islamitas continúan adhiriéndose a un ideal femenino puro de modestia y obediencia, y las mujeres aún no tienen acceso a los círculos directivos. Pero la modificación de la actitud pone de evidencia el pragmatismo de los movimientos islámicos.

Sin dicha flexibilidad no podrían mantener su posición como fuerza social dominante en el mundo árabe», opinó el Dr. Litvak. *

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